Sulema, la bibliotecaria que no se rinde

Por Felix Martínez Valdivia
Su labor va más allá de catalogar y clasificar, convencida de que la biblioteca debe “sacar el libro de aquí y llevarlo afuera”
Foto: Felix

En el salón se esperaba una actividad como cualquier otra, pero la expectativa cambió cuando apareció alguien que, acompañada de un muy joven guitarrista, cautivó con una presentación llena de vínculo, sentimiento y entusiasmo. 

Saludó uno por uno a cada presente, al tiempo que recitaba un poema, luego declamó otros versos y, de alguna forma, todos en el público lucían conectados como niños. Eran gestos simples, pero se percibían como más; no era el qué, era el cómo. 

De un amigo aprendí que nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión y Sulema Castro Fernández no defraudó en aquel homenaje a los bibliotecarios cubanos en su día, justamente la profesión a la que se ha dedicado durante casi la mitad de su vida. 

Era evidente que el arte le apasionaba, no podía ser algo nuevo para ella y lo confirmó después, en otro ambiente, cuando recordó sus dramatizaciones de Abdala y otras obras de Martí, a quien afirma amar. 

La medicina no le convenció cuando empezó a estudiarla, “elegí mal”, dice, pero dejar la carrera fue el giro que, sin saberlo, le abrió el camino a dedicarse a su vocación. El entonces director de la biblioteca de su natal Florencia conocía su gusto por la literatura y le propuso cubrir por un año a una trabajadora que salía por licencia de maternidad. Aceptó. 

Cuando cumplió el tiempo, la invitación fue a estudiar Técnico Medio en Bibliotecología y Ciencias de la Información. “Era en Morón, estudié, me gradué, abrió una plaza fija aquí y empecé en el año 2005. Nunca me he ido de la biblioteca, me encanta mi trabajo, ayudar a los usuarios, meterme en los libros, saber de lo que tratan, estudiar sobre todo, ayudar a los estudiantes que vienen a hacer sus tareas, esa parte es la que realmente me apasiona”. 

“Debemos conocer las áreas de la biblioteca, cómo ubicar en los estantes los libros, cómo catalogarlos, cómo clasificarlos según su materia, autor, título, pero creo que todos tomamos nuestra afinidad y, en la actualiodad, lo que atiendo es la programación de actividades. 

“Nuestro objeto social, como institución, es promover la lectura, pero las presentaciones que damos en nuestros espacios son variadas. A veces combinamos la literatura con la música, con la pintura, con otras manifestaciones del arte. Es sacar el libro de aquí y llevarlo afuera, a los adultos mayores, a los discapacitados, a las escuelas y a los niños. 

“Mi familia por parte de padre siempre fue artística. Tocaban guitarra, mi abuelo cantaba en cumpleaños, en cualquier tipo de fiesta, incluso en los velorios que se hacían en el pueblo o en parrandas campesinas. 

“Desde niña chiquita yo cantaba, igual que en la primaria. Cuando se hacía algún coro en la casa de cultura, yo estaba en él. Soy cristiana y voy a la iglesia, de ahí también viene el tocar los instrumentos musicales, el cantar y el aprender”. 

Esa versatilidad va más allá de amenizar cada encuentro, es una forma de lograr una conexión con un público diverso. Sulema se describe como una lectora empedernida, pero es palpable que ella va más allá de eso. 

“Cuando voy al círculo infantil, además de llevar alguna historia narrada, siempre llevo la guitarra y cantamos con los niños las canciones que ellos conocen y las actividades se complementan, quedan más completas, más atractivas, más sugerentes para ellos. 

“A lo largo de los años he ido aprendiendo algo, porque lo viví muchas veces junto a otras técnicas de la biblioteca al visitar algún centro de trabajo. Notábamos, por la expresión en la cara de los trabajadores, que a veces les resultaba monótono y desde entonces he dicho que uno tiene que conocer un poco para quién va a servir, dónde va a trabajar. 

“Es ver un poco sus gustos, preferencias y decir ‘voy a tratar de integrar lo que les pueda motivar, lo que les pueda gustar’. Por ejemplo a la casa de abuelos llevo literatura, siempre algo variado, algo de poesía, que a ellos les gusta mucho, sobre todo décima humorística, pero llevo la guitarra, porque sé que les gusta. 

“¿Les gusta cantar? pues cantamos, y siempre también hablamos de quién escribió la canción, en qué momento de su vida estaba, cómo se llama, por qué le puso así. Si hay algo que agregar, también se vuelve como una historia contada, una historia narrada. 

“Cuando doy actividades con adultos a veces las personas me dicen ‘Sule, es que das las actividades como si fueran para niños’ y les digo que esa es la idea. Me gusta combinar, por ejemplo, el tocar una mano el saludar a alguien, el poder hacer una ronda y cantar, porque yo digo que son cosas que están muy en falta. 

“A veces, la gente se indispone un poco y eso me ha ayudado a buscar que lo que hago sea algo que cuente, algo diferente, donde todos podamos participar, alegrarnos, siempre con la intención de que la persona pueda aprender algo y que le quede. 

“Por eso mezclo poesía, historias narradas, algo cómico, algo de aplaudir, algún tipo de dinámica donde de alguna manera haya compañerismo. Eso es lo que siempre hago y lo hago para adultos, para niños, para discapacitados o para actividades de barrio a las que las personas van buscando qué será o qué les esperará”.

 

Desde su lugar de bibliotecaria, a Sulema nunca se le olvida lo que aprendió en la universidad cuando estudió su Licenciatura en Estudios Socioculturales, y es que, cuando se ataca a un país, lo primero que se ataca es su cultura. 

 

 

 

Eso no hizo más que hacerle pensar en el inestimable valor de las tradiciones e identidad de un pueblo, su idiosincrasia y su historia. Por eso considera que, en situaciones difíciles, como la actual, luchar contra la angustia de la gente y sacar lo mejor de ellas con arte es su forma de ayudar a los demás. 

Nada le conmueve más que alegrar a alguien, y cuando se trata de niños el sentimiento es mayor. Para Sulema era común visitar el círculo infantil, pero no había tenido encuentros con el aula de preescolar, hasta que un día tuvo la oportunidad de hacerlo y un gesto le impactó. 

“Terminando la actividad un niño empezó a aplaudir eufóricamente y me dijo ‘¡me gustó, me encantó!’. Le pregunté ‘¿es verdad mi amor?’ y me respondió ‘¡sí, vuelve!’. Fue impresionante porque cumplí el propósito”. Después de eso fue difícil para ella contener las lágrimas de emoción. 

A otros infantes los involucra como protagonistas de sus presentaciones, en especial, a los de la iglesia a la que va. “Los traigo porque les enseño guitarra y busco que también se integren y vean que podemos participar en otros espacios, que también podemos ser útiles, edificar y servir”. 

Quizás lo que más le preocupa como bibliotecaria es lo que denomina como la enfermedad del siglo XXI. La adicción a la tecnología podría ser una de las causas por las cuales la biblioteca es hoy menos frecuentada que antes, pero se aferra a la realidad que ve. 

 

 

“Todavía vienen, hay usuarios que quieren el libro. Por muchas plataformas y aplicaciones que haya, estoy convencida de que hay cosas que no las encuentras en ellas, las encuentras aquí, en las enciclopedias, en los tan buenísimos diccionarios existentes. Nuestra labor es seguir promocionando la lectura, seguir sembrando esa semillita”. 

Sulema no quiere rendirse, aún cuando la mayoría de los libros de la biblioteca son de ediciones de hace varios años, con desgaste, o cuando ve que su salario no alcanza para cubrir sus necesidades y en el cual, ni siquiera recibe remuneración de licenciada, sino de técnico medio. 

Ante todo eso ella hace y apoya, como desde su inicio 21 años atrás, impulsada por su amor a la literatura y un arraigo que la ata al sitio donde está, sin grades ambiciones personales, pero con el objetivo de servir a los demás. 

“A veces digo que no hubiese sido tan buena directora, hubiese hecho menos de lo que he hecho aquí en mi posición, como un poema que se llama Sé lo mejor, cuya primera estrofa dice: Si no puedes ser pino alto y robusto que en la cumbre se baña de esplendor, no te aflijas por ello, sé un arbusto, pero, entre los arbustos, sé lo mejor”.

 


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