El lugar especial que fabricó Marlenis

Por Felix Martínez Valdivia
Fotos: Felix
Marlenis le ha dado mucho a la fábrica durante todo el tiempo en el que ha estado ahí y ha recibido recompensas

En la Unidad Empresarial de Base (UEB) Productiva Fábrica Florencia se escucha el nombre de Marlenis Pérez Pérez cada pocos instantes. Opinando tras una pregunta, supervisando alguna tarea o pensando en la próxima producción, casi siempre, está ella.

Su experiencia avala ese protagonismo. Hija de campesinos y nacida en una pequeña comunidad rural nombrada La Vega, la graduada de Ingeniería Química en la Universidad de Camagüey nunca ha trabajado en algo diferente a lo que hace hoy en día.

Era el año 1991 cuando recibió su título e inició el periodo de servicio social, primero en Ciego de Ávila, en la Empresa de Conservas de Vegetales, luego en la fábrica de ese tipo en Majagua, hasta que, en enero de 1992, llegó definitivamente al que continúa siendo su centro laboral 34 años después.

“Transité por diferentes puestos desde la base; técnico en adiestramiento, jefa de turno, jefa de producción y ahora soy especialista en procesos tecnológicos. Hemos pasado etapas difíciles y otras en las que hemos logrado diversificar producciones”.

Su mano ha estado en la creación de nuevos productos y en el rescate de otros que antes se hacían. “He presentado trabajos en diferentes espacios y foros, algunos con reconocimiento a nivel de grupo empresarial”, dice con satisfacción.

Desde su puesto de tecnóloga, es la persona encargada de idear las formulaciones. “Yo digo ‘vamos a echarle tanto, a cambiarle eso, a sustituir este proyecto, a hacer una salsa porque en estos tiempos no hay tal cosa y vamos a echar esa otra, vamos a adaptar esta línea’ y así, todo lo que es el proceso tecnológico”.

“Ese es mi fuerte, la especialidad que estudié es muy afín con toda la norma de procesos y esa preparación teórica me ha sido muy útil. Por aquí han pasado estudiantes de ingeniería que han hecho sus prácticas y me han ayudado también a refrescar los conocimientos, porque, realmente, sí se usan.

“Tengo mucho que ver, igualmente, con la parte de economía, elaboro las fichas de costo, y, junto con personal, diseñamos cuánta gente tiene que haber en cada proceso, cuánto cuesta más y cuánto cuesta menos a la hora de elaborar el producto”.

En tiempos como el actual, su tarea se dificulta aún más, aunque las complejidades le han acompañado desde el principio. “En el Periodo Especial logramos mantenernos con condiciones que no son las de ahora. En aquella época había pomos de cristal que se trabajaban fácilmente en baño María usando leña”.

“Hoy es otro tipo de envase al que también tienes que adaptarte, que es el de plástico. A ese no le puedes dar baño María, pero sí puedes buscar alternativas para conjugar el proceso que lleva con la realidad que tenemos.

“Con esta situación de la electricidad hay que organizar la fuerza para que venga a la hora necesaria, combinando el trabajo manual con el mecánico. Cuando no hay corriente, las mujeres preparan la materia prima. Luego, cuando viene, se procesa, así no se desaprovecha ningún momento. Son retos.

“En el 2024 molimos mucho tomate adaptando los horarios de las personas y evitando el horario pico. El año pasado fue difícil con la contingencia energética, pero logramos 800 toneladas con el sacrificio de muchos trabajadores”.

Esas condiciones no han sido impedimento para innovar. “Tenemos producciones de zanahoria, de remolacha… eso antes no se hacía aquí, sino que se trabajaba mucho puré, mermelada o fruta bomba, que siempre ha sido nuestra base, pero en los vegetales nos hemos expandido”.

“También retomamos los frijoles que hacíamos hace muchos años y adaptamos las líneas de tamales a formas que no eran las mismas de antes. Hemos logrado sortear las dificultades”.

La labor puertas adentro no es la única en la que la fábrica ha tenido que adaptarse a nuevas condiciones. Marlenis explica que la búsqueda de nuevos mercados es otro desafío, pues no se trata solo de vender las producciones, sino de adaptarlas a las necesidades en cada caso.

“Pasamos desde las tiendas y bodegas, donde tú llegabas y ahí estaba el puré en latica, a otros escenarios. Nos introdujimos al turismo, para el que los envases eran más grandes, pero ese sector ha decaído, así que hay que pensar en que ahora los clientes son otros, incluyendo ventas en tiendas online con consumidores que prefieren el envase chiquito.

“Tratamos de adaptarnos a estas nuevas condiciones, sin tener una tecnología buena, porque no se ha desarrollado mucho. Casi todos nuestros equipos son los mismos desde que se fundó la fábrica, y ahí están, a fuerza de martillo y de innovación.

“Entró una rebanadora que nos ha permitido lograr nuevos formatos y presentaciones de los productos, pero todo lo otro ha sido adaptado. Por ejemplo, el envase de medio kilogramo que usamos ahora no es el que se usaba normalmente antes, la lata era más estrecha y alta.

“Tenemos que seguir superando las dificultades, buscando materias primas y, con lo que tenemos, tratar de crear nuevos productos y buscar nuevos mercados y horizontes”.

Marlenis le ha dado mucho a la fábrica durante todo el tiempo en el que ha estado ahí y ha recibido recompensas. “Aquí me casé, desde que llegué conocí a Jorge, mi actual esposo y padre de mis hijas”.

 marleniAlgunos de los productos que Marlenis ha ayudado a elaborar

El aprecio que ella recibe de los demás trabajadores no se queda atrás, sin dudarlo dice que siente que tiene un lugar especial. “Me lo han hecho creer mis compañeros, yo me siento aquí con un lugar importante”.

“Tuve la oportunidad de participar en muchos cursos de preparación de cuadros, dirigentes, postgrados y eso me ha permitido utilizar los conocimientos en la fábrica y vincularlos con los trabajadores.

“Ahora hay que ver que las condiciones no son fáciles, ellos tienen que aprovechar su jornada laboral, pero también resolver sus problemas de la vida cotidiana, que son muchos”.

Y aún con esa realidad, es difícil ver a Marlenis sin una sonrisa o con mal ánimo. Aunque ella no se vea a sí misma en un lugar diferente a donde está, insiste en que es su responsabilidad compartir sus conocimientos y preparar al relevo.

“Son muchos años. La experiencia y mi preparación teórica me han permitido acercarme a la fábrica, a su tecnología y a sus trabajadores, teniendo en cuenta también que vine desde abajo, junto con ellos, y todavía voy para ahí, a pesar de que a veces me duelan los pies, y trabajo a su lado”.


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