Nosotros, los Pinos Nuevos

A 65 años de Palabras a los Intelectuales, el espíritu de lucha y rebeldía sigue vivo entre quienes ya comenzamos a teñir canas

Aunque no me arrogo la vocería de mi generación, me atrevo a hablar como esa parte de ella, que todavía defiende la libertad creativa, el respeto por la Patria y otros asuntos conceptuales que tanto motivan a escritores y artistas.  

Nací en 1976, quince años después de aquel 30 de junio en la Biblioteca Nacional. No estuve allí. No pude estar. Sin embargo, cuando leo y releo ese discurso, siento que quienes sí estaban —Guillén, Retamar, Lezama, Piñera, Barnet, algunos tan jóvenes entonces— me representaban a mí, a uno que aún no había nacido.

Faltaban apenas cincuenta y tres días para la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y veinticinco años para que existiera la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Yo no había llegado ni a aquel discurso ni a esas organizaciones, y aun así, son mías, son mi casa, son lo que respondo cuando alguien me pregunta de dónde vengo como creador.  

Esas instituciones fueron la materialización de las palabras de Fidel en aquella oportunidad y, de algún modo, sentaron las bases de la política cultural cubana, siempre volcada hacia el pueblo como destinatario del arte y hacia el artista como gestor de mensajes universales.  

Lo digo sin medias tintas: estoy de acuerdo con lo que Fidel planteó esa noche. No con reservas, no “en general”, no con la pose tibia de quien aplaude a distancia. Estoy de acuerdo de verdad, con la convicción de quien lo ha vivido en carne propia siendo miembro de honor de la AHS y miembro de la Uneac en Ciego de Ávila.

La frase que sintetiza todo aquello sigue siendo, para mí, brújula y no reliquia: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. No la repito por costumbre, la repito porque la sostengo.  

Así me sentí las veces que representé a mi Patria en eventos internacionales como escritor, ante las cámaras o las grabadoras de periodistas que lanzaban la pregunta de rigor: ¿qué se siente ser un joven escritor en la Cuba socialista? Y lo que se siente es tan grande que a veces no me cabe en el pecho.

Yo, que he practicado la libertad creativa en toda su expresión, puedo dar fe de que lo dicho por Fidel aquel 30 de junio de 1961 aún sigue vigente. Escribo lo que quiero escribir, nadie me manda, nadie me gobierna.  

Entré a la AHS con un cuento de frikis y música rock —ganador de un taller literario— y un cuaderno de poesía. Nadie me pidió que lo suavizara, nadie me exigió consigna a cambio de publicarlo.

Eso que a mí me parece tan natural —escribir lo que duele sin que el dolor sea delito— es exactamente lo que Fidel defendió cuando dijo que la Revolución debía ofrecer campo de creación, incluso a quien no fuera revolucionario militante, siempre que no se alzara contra ella.

Yo sí soy revolucionario, y por eso entiendo mejor que nadie el tamaño de ese gesto: no le pidió pureza ideológica al arte, le pidió lealtad a la Patria.  

Cada vez que entro a la sede de la Uneac en Ciego de Ávila, o me siento en una asamblea de la AHS con muchachos de veinte años que tienen la misma urgencia de decir que tuve yo a esa edad, pienso que esto —esta sala, este carnet, esta posibilidad de discutir sin miedo— es la continuidad directa de lo que se decidió en 1961.

No hay distancia entre aquella biblioteca y esta provincia. Hay una línea recta, sostenida durante sesenta y cinco años por personas que decidieron, generación tras generación, que valía la pena seguir construyendo lo que ahí se fundó.  

Por eso esta crónica no es un ejercicio de nostalgia ni una tarea de aniversario. Es mi manera de decir, en primera persona y sin rodeos, que soy hijo de ese discurso aunque no estuviera en esa sala. Sé que hay muchos que sienten casi como yo, y con ellos, y por ellos, también hablo.

La Uneac y la AHS no son membresías que cargo por trámite, sino el lugar donde sigo cumpliendo, todos los días, la misma promesa que se hizo esa noche de junio: que el arte y la Revolución cubana son, y seguirán siendo, la misma causa.


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