Sábado, 15 de diciembre de 2018 9:03 PM

Honorato del Castillo: Su última campaña

Médico y maestro, exalumno del notable educador José de la Luz y Caballero, quien influyó en su formación ideológica y cultural. Orador brillante, hablaba inglés, francés y alemán, jefe de la conspiración independentista en Sancti Spíritus, su ciudad natal, diputado a la Asamblea de Guáimaro, General del Ejército Libertador, realizó su última campaña militar en la región avileña.

Honorato CastilloTomada de: http://www.manioc.org José Martí lo calificó de “austero e impetuoso, bello por dentro, corto de figura, de alma clara y sobria” e Ignacio Agramonte afirmó: “no lo hemos llorado bastante”.

Honorato del Castillo Cancio (1838-1869), estaba llamado a ocupar cargos relevantes en la lucha insurreccional. Pero la muerte, en Los Naranjos, territorio del actual municipio de Ciro Redondo, le cerró el camino. Al finalizar la Asamblea de Guáimaro, renunció al cargo de Diputado y con grados de General de División marchó como primer jefe de distrito de Sancti Spíritus. Escogió el entonces vasto territorio de Morón para dirigir las operaciones.

“[…] Cada vez que supo de una fuerza española, le salió al paso. A la salida de Morón, estuvo peleando contra el coronel Lamela cinco días sin parar. Nadie hubiera creído a aquel hombre de constitución débil, a aquel hombre que había pasado los mejores años de su vida aprendiendo y enseñando, arrancando a los libros sus secretos, capaz de hacer aquella vida, de vivir a caballo y casi desnudo, perseguido o persiguiendo, entre breñas y yerbazales […]”, así escribía, emocionado, el historiador y periodista Néstor Carbonell.

Honorato obtuvo el éxito en los combates de Coloradas, La Yana, Judas Grande, Santa Gertrudis, y El Jobo, entre otros. Incendió ingenios. Hostilizó a las columnas. Serafín Sánchez Valdivia, compañero de luchas, participante en la campaña, rememoró el siguiente pasaje: “(…) a caballo en medio de su gente, que toda estaba a pie y envuelta en un fuego horroroso que salía de sus filas y de las del enemigo, estaba con la camisa hecha girones (sic), con su cara rubia encendida por el sol y brotando sangre, sus ojos grandes y saltones se salían de sus órbitas, su cuerpo de la cintura para arriba estaba lleno de picaduras de mosquitos; estaba en su elemento, que era la guerra; él creía, en su entusiasmo patriótico y fervoroso, que aquella guerra era una guerra santa (…).”

¿Murió por amor?

Mañana del 20 de julio de 1869. Las aguas mansas del arroyo apenas eran un susurro. El jinete avanzaba desprevenido, sin escolta. La descarga fue fulminante. Cuentan que un traidor había delatado su relación con una campesina. El periódico La Revolución (Nueva York, 6 de enero de 1870) sostuvo tal relato, igual hizo el historiador de Sancti Spíritus Luis F. del Moral Nogueiras en su libro Serafín Sánchez, un carácter al servicio de Cuba (México, 1955). También divulgó esa hipótesis el investigador y periodista Jorge Quintana, en su muy leída sección Así se forjó la patria (revista Bohemia, 18 de julio de 1954); sin embargo, considera más probable que realizaba una misión combativa.

Manuel de Quesada, General en Jefe del Ejército Libertador (en Boletín de la Guerra, impreso en los campos insurrectos, el 26 de julio de 1869), señaló que, después de vencer a una columna enemiga, salió, acompañado solo del pequeño grupo encargado de velar por su seguridad. Al separarse, para investigar el itinerario de los colonialistas, cinco disparos lo derribaron del caballo.

Carbonell aportó más detalles: “[…] una pareja de exploradores cubanos trajo a su presencia, en calidad de prisionero, a un cubano, espía del gobierno español. Siendo tarde para juzgar al prisionero, dispuso que se le entregase al oficial de guardia para que lo asegurase hasta el día siguiente. Pero la fatalidad hizo que el prisionero se escapase. En conocimiento […] de lo sucedido, y deduciendo, lógicamente que, avisado el enemigo del corto número de su gente, acudiría a atacarlo, concibió el plan de ir en busca de refuerzos. En esta operación, llega al campamento de los comandantes cubanos Carranza y Silva, situado en Naranjo, a más de cuatro leguas de Morón. Estando junto a los referidos subalternos, fueron atacados por tropas contrarias, en número muy superior, por lo que se vieron obligados a retirarse. Un día después de este encuentro, dispuesto ya para marchar nuevamente hacia el antiguo campamento, donde era esperado, impaciente por la tardanza de Silva y Carranza que lo habían de acompañar, echa su caballo a galope por el camino que aquellos debían traer, sin permitir que sus ayudantes lo acompañaran. Trescientos metros apenas pudo andar. La tropa española, la misma que lo había batido anteriormente, se enfrentó con él y le hizo a boca de jarro una descarga. Acribillado por las balas, cae al suelo sin vida.”

En el Archivo de Sancti Spíritus, el investigador moronense Héctor Izquierdo Acuña encontró el testimonio de Serafín Sánchez. Este relato reprodujo lo narrado por Antonio del Castillo (hermano de Honorato) y Lucas Marín, ambos integrantes del Estado Mayor del caído en combate. La versión coincide en que estaba explorando, y “(…) al bajar al arroyo vio venir la vanguardia de una fuerza en marcha, y que creyéndola la suya que esperaba con impaciencia, se metió dentro de ella, resultando ser la misma que había batido el día antes y la que le dio muerte disparándole algunos tiros que el Estado Mayor oyó, pero que creyeron a mucha mayor distancia, seguramente porque aquellos fueron disparados desde el fondo del arroyo”.

El cadáver presentaba 11 heridas “de bala y bayoneta”; el enemigo, dirigido por el teniente coronel Ramón Portal, actuó con saña. Al mes siguiente este último cayó prisionero, cerca del puerto de Júcaro, por la tropa de Ángel del Castillo. En el mismo lugar de la acción lo ejecutaron.

Fuentes consultadas:
Quintana, Jorge: “Honorato del Castillo”, revista Bohemia, 18 de julio de 1954, pp.133-137.
Carbonell, Néstor: Próceres, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1909.
Héctor Izquierdo: La Guerra de los Diez Años en la provincia de Ciego de Ávila, Centro de Investigación Juan Marinello, La Habana, 2003.


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar