Jueves, 18 de julio de 2019 2:52 AM

El maestro venezolano de Lezama Lima

lezama limaArchivo En La Habana vivió exiliado casi una década el intelectual bolivariano Francisco Laguado Jayme (1898-1929), escritor y periodista, fundador y director de la revista Venezuela Libre, publicación latinoamericanista y antimperialista donde colaboraron Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, José Zacarías Tallet, Agustín Acosta, Alejo Carpentier y Jorge Mañach, entre otras relevantes personalidades de las letras y política cubanas.

Vinculado a los marxistas de la Isla y lector asiduo de textos socialistas, Laguado comprendió, al igual que la vanguardia de su generación, que los pueblos latinoamericanos solo obtendrían su definitiva emancipación si se liberaban del dominio de los monopolios yanquis.

En la capital cubana demostró ser un luchador formidable en el campo de las ideas y también se enroló en una expedición para derrocar al tirano que hollaba con su bota de caudillo a la patria del Libertador. Leal a sus principios, no cejó en la lucha cuando amigos le advirtieron del peligro mortal que se cernía sobre sí. Tampoco abandonó el ya incómodo exilio. Acerca de sus vicisitudes, narró el periodista José Heriberto López, coterráneo suyo:

“Meses después de su llegada a La Habana, Laguado Jayme se encontró frente a la vida, no a la vida ordinaria y cómoda que llevamos en la tierra en que nacemos, sino a esa otra vida completamente desconocida para aquellos que no saben lo que es vivir en el destierro; vida dura, penosa, de aislamiento y, a veces, de abandono completo, con hambre y desnudez (...) Quiso continuar en la Universidad de La Habana los estudios que la dictadura le hizo romper; pero ¡cómo sacar la matrícula si no tenía dinero! (...) Buscó trabajo y, al cabo de muchos meses, y de muchos ruegos, tropiezos y de padecer la humillación que cuesta alcanzar alguna modesta posición, consiguió en un colegio un empleo que, aunque de remuneración miserable, le permitía defenderse de la hosquedad del hambre. En esta humilde posición, sin poder realizar el más grande de sus anhelos: el de hacer sus estudios en el Alma Mater, permaneció algún tiempo, hasta que comenzó la campaña nacionalista a desplazar a extranjeros (...) y Laguado Jayme quedó sin trabajo (1).

¿A qué colegio se refiere el testimoniante?, pues al San Francisco de Paula, situado en Concordia 18, dirigido por Pablo Mimó. La profesora y ensayista Ana Cairo devela detalles sobre el tema, hasta hoy poco conocido:

“El maestro habla ahora de los primeros pobladores de la Isla. Ya lo había hecho de Colón y de sus tres carabelas. Un niño lo sigue fascinado, aunque le cause mucha gracia la suave voz cantada del maestro. Piensa ―y con razón― que no es cubano, porque cuando dijo ‘Santa María‘, creyó oírle decir otra cosa. ‘María sí dijo‘, pero ‘Santa no‘.

“El maestro proviene de Venezuela y lleva apenas unos meses en Cuba. Se trata de un joven de 22 años, nacido en San Antonio del Táchira, que llegó a La Habana huyendo de la dictadura de su primo Juan Vicente Gómez. No perdió tiempo y desde su arribo a la Isla inició una campaña contra la tiranía venezolana, mediante la publicación de revistas y artículos de prensa que ya alcanzan difusión continental, y que habrán de depararle pronto la honrosa admiración de Vargas Vila. Para sobrevivir, se ha incorporado como maestro de segundo grado en este prestigioso colegio habanero de varones, donde lo hemos encontrado hoy, 1 de octubre de 1921.

“El niño sigue oyendo a su maestro y se imagina un hermoso reino de taínos y siboneyes. Hace un dibujo en el cuaderno, pinta de violeta el mar, y mezcla esas imágenes con las de un país desconocido, de donde dicen que ha llegado su maestro. En su casa dirán: ‘Venezuela, eso quedará allá, en Jacksonville’, como si aludiesen a la Atlántida o a una comarca muy lejana.

“Después de varias horas, el niño saldrá del colegio con su tiza de costumbre, para rayar las paredes en alegre ruta hacia su casa. Se detendrá en un portón y allí dibujará un barquito y escribirá debajo: ‘Janta María‘, como lo oyó en la clase.”

El niño de esta historia es José María Andrés Fernando, conocido más tarde como José Lezama Lima (2).

LA OBRA LITERARIA

Ciertamente, la vida le era muy dura en Cuba. “(…) dormía en ocasiones en los parques públicos ―rememoró el escritor Diego Córdoba—, y en sus quebrantos y enfermedades nunca recurrió a la ayuda de sus compatriotas. Mantuvo siempre Francisco Laguado Jayme su dignidad de hombre, hasta que pudo ganarse el sustento diario dando clases en una escuela primaria y corrigiendo pruebas en una revista universitaria (3). Sin embargo, no dejó de escribir."

Sus trabajos literarios están dispersos en numerosos periódicos y revistas, pues colaboró con Bohemia, Repertorio Americano, El Fígaro, La Noche, El Diario de Panamá, Tierra Nativa, El Sol, Claridad, entre otros.

Estos escritos, afirma Ramón Armando Rodríguez en sus Memorias íntimas, lo dieron a conocer en el continente americano y despertaron la admiración de personalidades como Vargas Vila (4).

Fue un periodista, abordó fundamentalmente la crítica literaria y el artículo de opinión sobre personalidades de la política y la cultura. A la prensa le concedía importancia como ente liberador:

“El periódico es el arma más poderosa que puede haber en las manos de un hombre, con la cual conquista para las multitudes bienes milagrosos o terribles desgracias. Un periódico en las manos de un hombre óptimo es como una antorcha, en alto, a la vanguardia de una nacionalidad ingente y recia o en nacimiento crítico para guiarla por derroteros de seguridad y de triunfos.” (5)

Por órdenes del dictador Machado, quien complacía así a Juan Vicente Gómez, su homólogo venezolano, sicarios de la Policía Secreta lo encarcelaron, golpearon y arrojaron a los tiburones frente al castillo de El Morro, en el mes de marzo de 1929.

Antes de ser asesinado había publicado los panfletos Venezuela ante el mundo, Asesinos; dejó inéditos los libros: Sermones de Deucalión, Evangelio santánicos, El imperialismo yankee y la América Latina, La bancarrota de la democracia en Indo-América. Revolución social, la novela Ostracismo, Aforismos laicos y Cuba por un exiliado.

Dejó en sus contemporáneos una impronta perdurable. Raúl Roa, pasadas unas décadas, lo recordaba: “Era (...) un temperamento volcánico, de cara a todo riesgo, antiimperialista visceral y apercibido siempre a empuñar el fusil. Escribía en prosa tronante, desmelenada y agresiva (…), se ganó, por sus virtudes políticas y humanas, el aprecio de las esferas intelectuales y progresistas.” (6)

Y Juan Marinello escribió un artículo en el que recordaba al compañero de ideales:

“(…) se destacaba Francisco Laguado Jayme por su fervorosa y tajante combatividad. Pequeño, erecto, terminante, de agresiva intransigencia y valor sin medida, la palabra cortante, rotunda, transparente e invasora como el agua de las cataratas infatigables, no se distinguía por la meditación teórica ni la preocupación táctica. Fue, a tamaño heroico, un rebelde, un peleador a todo riesgo. Llama sin sosiego ni pausas, enfrentada a todos los vientos contrarios”.(7)

A pesar de los méritos expuestos, Laguado es casi desconocido, el tiempo ha pasado y, al igual que la de otros de su generación, su biografía quedó pendiente.

Fuentes:

1-José Heriberto López: “Francisco Laguado Jayme”, Bohemia, 23 de septiembre de 1934, p. 20.
2- http://cuadrivio.blogspot.com.es
3- Diego Córdoba: “Francisco Laguado Jayme”, citado por Anselmo Amado (Compilador): Gente del Táchira, Biblioteca de autores y temas tachirenses, 1974, t. 2, p. 391. Agradezco al profesor venezolano Carlos Calderón esta información.
4-Fundación Polar: Diccionario de Historia de Venezuela, Editorial Ex Libris, Caracas, 1988, p. 639.
5- El País, 23 de marzo de 1928, p. 3.
6- Raúl Roa: El fuego de la semilla en el surco, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982, p. 337.
7- Juan Marinello: “El caso espantable de Laguado Jayme”, Bohemia, 7 de enero de 1977, pp. 44-49.


Comentarios  

# delvis toledo 26-12-2018 11:59
Muy buena esta investigación: sugerente y novedosa.
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