Sábado, 15 de diciembre de 2018 9:24 PM

Fiel amiga del General en Jefe

Emilia y PetronilaTomada en 1920Doña Emilia González Echemendía y su hija Petronila Egües.Doña Emilia González Echemendía, aquella “Madre de los cubanos” como la calificara el general Máximo Gómez, los de su Estado Mayor y escolta, constituye un ejemplo de mujer que consagró gran parte de su vida a la causa por la independencia de Cuba, como colaboradora de los mambises en la Guerra de los Diez Años, jefa y enfermera de un hospital de sangre en la Guerra del 95, y fiel amiga del General en Jefe.

Con el fin de entrevistar a la última nieta que vivió junto a ella durante los días finales de su vida llegué, el pasado 6 de junio, a la casa de María Luisa Egües Sarmiento, en la calle San José No. 1068, en Centro Habana. Mi sorpresa fue tremenda al ver a aquella sonriente mujer que, a los 99 años, recogía unas ropas en la tendedera de su patio porque “la tarde amenaza con lluvia”. Con sensatez y facilidad de palabras, me relató vivencias de su abuela.

“Yo residía con mis padres, Rafael Egües González y Ángela María Sarmiento, y mis siete hermanos, al lado de la casa de mi abuela, en la finca La Vega, al noroeste del actual municipio de Majagua. En su morada convivían, con ella, su hija Juana Rita con su esposo Aquilino y sus siete descendientes; también, los de su otra hija, Luisa Francisca, quien había fallecido en 1919. A todos nosotros nos sirvió de partera, auxiliada por su hija mayor, Petronila; además, ayudó y contribuyó a nuestra crianza.

“Aquellos recuerdos nunca se me han borrado, por ser ella una mujer extraordinaria y una cariñosa y complaciente abuela. Tenía un trato especial y todo el mundo la quería, era muy servicial y amiga de hacer el bien, pero inspiraba mucho respeto y admiración. Sus nietos sentíamos adoración por ella, nos obsequiaba dulces y otras dádivas…, abuela nos intimaba con mucho cariño.”

—La única foto que conozco de Doña Emilia, aparece ya anciana junto a su hija Petronila…

—Mi abuela llevaba siempre el pelo recogido. A principios de la década de los 20 del pasado siglo, todavía conservaba una cabellera larga y copiosa, y en su época fue una mujer hermosa. Cuando cayó enferma en cama por varios años, su pelo quedó muy escaso. Su cuerpo se fue secando poco a poco; según se decía, tenía un parásito en el estómago, y se quedó tísica.

“Sus nietos íbamos a verla todos los días y ella nos contaba de la guerra. Era muy amiga de Máximo Gómez, quien la apreciaba mucho y sentía gran predilección por su hija pequeña, Juana Rita, así como todos los de su escolta. Gómez le traía pedacitos de pan picado a la niña y los demás infantes de la subprefectura de Paso Viejo, donde estaba enclavado el hospital de sangre que Emilia dirigía y donde ejercía como enfermera, junto a sus hijas ayudantes, Petronila y Luisa.”

—El fallecimiento de Doña Emilia ocurrió el 20 de julio de 1929, a consecuencia de una colitis y un colapso, según consta en el Acta de Defunción. Había nacido el 5 de abril de 1850 en la finca Ojo de Agua, al este de Majagua.

—Los funerales se efectuaron en su casa de la finca La Vega, de la cual era dueña. Yo tenía 10 años y recuerdo todo, pues ese funesto día, además de los familiares, amigos y compañeros de la guerra, se encontraban innumerables personas de todo el barrio de Majagua y territorios aledaños.

"Asistieron a darle su último adiós vecinos de Arroyo Blanco, Río Grande, Los Hoyos, La Teresita, La Reforma, Majagua y Limones Palmero. El cortejo fúnebre lo acompañó la caballería de los asistentes hasta el cementerio de Majagua.”

José Cruz Pérez, corneta de órdenes del Estado Mayor de Máximo Gómez, en una sentida reflexión, publicada en el periódico El Camagüeyano, el 3 de abril de 1945, escribió: “Repasando la vida de esa gran matrona cubana […] por el pensamiento que guardamos para ella los que la conocimos, siempre albergó en su corazón un patriótico sentimiento.

"Con más derechos que otros, casi vivió ignorada para muchos, sin pretensiones y sin medrar a costa de sus grandes y reconocidos servicios; pero los que sufrimos cerca de ella no la olvidaremos nunca, deseándole que la paz […] sea con su alma como mismo lo fue para sus compatriotas, y en especial, con los grandes soldados de la Libertad.”

Los restos de Doña Emilia descansan en el Panteón de los Caídos por la Defensa en Majagua, y su recuerdo se dignifica con el título de Patriota Insigne de ese municipio.


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