Lunes, 20 de agosto de 2018 10:20 AM

Con Frank País y contra el batistato en Ciego de Ávila (*)

El 30 de julio de 1957 cayó asesinado en las calles de Santiago de Cuba, por esbirros de la tiranía batistiana, el joven de apenas 22 años de edad Frank País García, jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7).

En su cuerpo había más de una veintena de orificios de bala, según los contó su madre, la patriota Doña Rosario.

Su multitudinario sepelio y el de su compañero de lucha Raúl Pujol Arencibia se convirtió en acción de condena contra el régimen proyanqui de Fulgencio Batista.

Poco antes, el día 21 de ese mes, desde la Sierra Maestra, Fidel Castro Ruz le había escrito al joven dirigente clandestino: “Considero sinceramente que has realizado un trabajo formidable (...) te felicito.” Al conocer su asesinato, en carta enviada a Celia Sánchez Manduley, lo definió como “(...) el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes (...)”.

Tras el sepelio se inició en la indómita Santiago, de forma espontánea, una huelga que llegó a reflejarse en otros lugares de Cuba, entre ellos las tierras avileñas, en las que recibió el respaldo del M-27-7, el que desde el primer semestre de ese año y, en especial, en las jornadas de los días 25 y 26 de julio, había patentizado su capacidad de lucha.

La orden para sumarse a la huelga la trajo desde la dirección provincial del Movimiento de Camagüey el moronero Luís Fundora Zamora, Güín.

En la Ciudad de los Portales se dirigió desde un pequeño estado mayor integrado por Alvadio Pérez Segura, Mario Rivero, Ricardo Pérez Alemán y Everildo Vigistaín, miembros de la dirección de esa organización, contándose en la base con la participación de miembros del Directorio y de comunistas.

El apoyo a la huelga se dio a través de dos formas: la ausencia a los puestos de trabajo y la realización de sabotajes. Aunque se intentó, no se logró un paro general, sino parcial en algunos sectores: el comercio minorista y los servicios, en la ciudad de Ciego de Ávila; y el de los ferroviarios, en la de Morón.

En la primera urbe cesantearon y reemplazaron a los trabajadores que persistieron en su actitud de no incorporarse al trabajo, como ocurrió en los comercios Villareña, Casa Pedroso y Cuarta Riqueza, la ferretería La Central, las farmacias de los doctores Torres y Xiques, los ómnibus que cubrían la ruta Ciego de Ávila-Morón, asimismo, los depósitos de la cerveza Cristal y del refresco Coca-Cola, de las cafeterías Elo y California, y del restaurante Mezquita.

Durante la huelga se realizaron numerosos sabotajes, tanto en las dos cabeceras municipales como en las localidades de Ceballos, Guayacanes, Jicotea y Florencia, y los bateyes de Cunagua, Pina, Violeta y Falla, centrándose en las vías de comunicación, medios de transporte ferroviario y en el tendido eléctrico.

Los de mayor connotación resultaron un apagón de cinco horas en la ciudad de Morón, la noche del 3 al 4 de agosto; y el descarrilamiento de un tren en la línea del Ferrocarril Central en las cercanías de la ciudad de Ciego de Ávila, el día 5. Al ambiente revolucionario, en esa última urbe, contribuyeron dos hechos: un tiroteo al amanecer del 5 de agosto entre dos combatientes del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y una posta batistiana ubicada en la entrada norte y el intento de un sabotaje, en el propio día, al BANFAIC, uno de los bancos existentes en la parte más céntrica de la ciudad.

Durante los días de la huelga y en los inmediatos, se acrecentó la represión en el territorio, sobre todo, en la ciudad de Ciego de Ávila, donde, al accionar de fuerzas de la policía y del ejército se unieron los integrantes del grupo paramilitar 10 de Marzo, que realizó sabotajes contra varios establecimientos en los que era frecuente la presencia de revolucionarios: quincalla de los hermanos Triana, tienda de víveres El Bodegón y el bar-cafetería Ayúdame a vivir (este fue reconstruido en plena dictadura con dinero recogido entre el pueblo).

Por esos días también la sociedad avileña se conmocionó por dos hechos: el secuestro por elementos batistianos del destacado periodista Diego Vicente Olivert, el que, a pesar de sus 68 años, llevaron con los ojos vendados a las afueras de la urbe, lo golpearon salvajemente y amenazaron de muerte; y la detención y golpiza de varios integrantes del Movimiento, entre ellos tres de sus principales dirigentes municipales: Pastor Roque, Filiberto Ávila y Ernesto Triana.

Las acciones en respaldo a la huelga por el asesinato de Frank País García evidenciaron el espíritu de lucha existente en la región trochana contra el batistato.

(*) Se sintetizan ideas del libro inédito de los autores Ciego de Ávila contra el batistato (1952-1958).


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