Miércoles, 17 de octubre de 2018 3:11 PM

Coletazos de Tiburón en Ciego de Ávila

int jose miguel gomezArchivoJosé Miguel GómezNadie duda que fue brillante como jefe militar. Participó en las tres guerras contra el colonialismo español. Astuto guerrillero, audaz combatiente. Mantuvo en jaque a las columnas enemigas en Sancti Spíritus, sobre todo, durante la campaña de La Reforma, bajo las órdenes de Máximo Gómez.

Al concluir la contienda del ‘95 había ganado el grado de Mayor General. Tenía el carácter jovial, facilidad para ganar adeptos e inteligencia natural.

Del José Miguel Gómez, Tiburón, presidente (1909-1913) se ha escrito bastante. Igual de su liderazgo en las guerritas contra los mandatarios Tomás Estrada Palma, en 1906, y Mario García Menocal, en 1917, quienes no jugaron limpio en las elecciones y provocaron protestas armadas de las huestes del Partido Liberal; también, de su responsabilidad en la violenta represión contra los integrantes del Partido de los Independientes de Color en 1912.

Quizás, de su agitada biografía la etapa menos conocida corresponda al tiempo que residió en la ciudad de Ciego de Ávila, mientras fungía como administrador del primer central azucarero en la jurisdicción de la Trocha de Júcaro a Morón.

Para levantar la fábrica, Juan Manuel Ceballos y Manuel Silveira crearon la compañía Silveira Sugar Company. Los suelos fértiles, cubiertos de bosques, ubicados en territorio perteneciente al actual municipio de Venezuela, acogían la inversión.

Estos capitalistas contrataron a José Miguel Gómez, quien trabajó con eficacia. El 20 de marzo de 1906 declaraba a la prensa habanera:

“(...) tengo expeditos cerca de 140 caballerías que eran de monte, de las cuales hay más de 50 quemadas y preparadas para la siembra. En lo que resta del mes de marzo espero completar 200 caballerías (...), el terreno donde se establecerá la planta está completamente ya limpio.”

Además del elevado sueldo que devengaba, un interés adicional estimulaba su desempeño: poseía 40 caballerías en aquel predio. Sin embargo, existía otra vía de enriquecerse más rápida: ocupar altos cargos públicos con acceso a fondos estatales. Y Tiburón, que “se baña pero salpica”, frase con la que se haría célebre, lo sabía. Se entabló, entonces, una lucha encarnizada entre él y Estrada Palma, presidente de la nación, decidido a reelegirse de manera fraudulenta. Hubo alzamientos, toma de cuarteles, pero fracasaron ante la falta de apoyo popular.

“Con estos intentos, en los cuales la gente de Palacio veía la mano oculta del general Gómez, la vigilancia sobre éste llevábase a límites intolerables. Se le tenía sitiado en sus desmontes del Quince y Medio, en tanto que gastaba, a manos llenas, el dinero, y fomentaba colonias de caña para la fábrica de azúcar en construcción. Nada convencía a quienes la propia conciencia acusaba”, apunta Rafael Martínez Ortiz en su libro Cuba, los primeros años de independencia.

La vigilancia, devenida en acoso, y la campaña mediática contra José Miguel Gómez, resultaban asfixiantes. Entonces, hizo pública la siguiente carta:

“Ciego de Ávila, febrero 28 de 1906. Señor Secretario de Gobernación, Habana. Muy Sr. mío: Estoy cansado de sufrir en silencio insultos y ultrajes que, a diario, se me infieren por la prensa moderada, y ahora muchos amigos me dan el alerta por lo que pudiera hacerme el Gobierno.

"Nada de esto creo; pero para tranquilidad de esos amigos y de mi familia, que vive en constante sobresalto por las estupendas noticias que a ella se hacen llegar, creo conveniente me diga si es que puedo trabajar tranquilo, o si es que se quiere que piense en abandonar mi patria, o en defenderme en ella de agresiones que no provoco.

"En espera de su contestación, quedo de Ud., José Miguel Gómez, Mayor General.”

Según Martínez Ortiz, Ceballos y Silveira, para evitar problemas con el Gobierno, despidieron del puesto al General. Otros investigadores dicen que se marchó de Ciego de Ávila por decisión propia para dedicarse, a tiempo completo, a la política.

En mayo dejaba el cargo y en agosto capitaneaba un nuevo alzamiento, esta vez sangriento, que también fracasó y tuvo como consecuencia la intervención del ejército norteamericano, a petición de Estrada Palma.

Tiburón, sin embargo, no desmayó en sus pretensiones. Tres años más tarde estaba sentado en la silla presidencial de Cuba.


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