Martes, 18 de septiembre de 2018 7:19 PM

Las arritmias de un cardiólogo

Después de 28 horas de trabajo conserva la lucidez suficiente para evaluar y sugerir tratamientos, incluso, se concede la complacencia de una sonrisa para todos, mientras calcula cómo atender a la fila que lo reclama y conseguir, aunque sea, almorzar en casa.

Entre 10 y 12 llamadas le interrumpen cada día la comida y hasta el año pasado, cuando el Ministerio de Salud Pública decidió reconocer sus méritos con la entrega de un carro, pedaleaba para ir y venir al Hospital Provincial General Docente Doctor Antonio Luaces Iraola.

Será porque se logra construir con facilidad una imagen excepcional de alguien a quien sanar se le da con desenfado, que parece imposible imaginar al hombre real aquejado por cosas tan “ordinarias” como una cola, una guagua o alguna que otra carencia.

Roberto Melo Sánchez puede regodearse en sus habilidades infalibles, cumplir menos horas de guardia o haber elegido el país donde quería ejercer, pero, para suerte de todos, ha preferido quedarse aquí. Consintamos, cuando menos, que lo suyo es amor por la Medicina y eso no se imprime en ningún currículo.

“Vivía en Baraguá y allá conocí a un médico que realizaba una labor tremenda al atender a los enfermos del batey y las comunidades cercanas en su tiempo libre, cuando no existía el Programa del Médico de la Familia. En el pueblo todos le tenían afecto y consideración. A partir de aquí comencé a pensar en una profesión a través de la cual pudiera ayudar a los demás.”

— ¿Por qué Cardiología?

—Estudié en La Habana y fueron tiempos buenos, aunque muy duros. Venía a la casa cada tres o cuatro meses, casi siempre llegaba en las madrugadas y tenía que esperar el amanecer para continuar el viaje.

"Terminé la carrera en el Hospital Provincial Docente Manuel Ascunce Domenech, en la ciudad de Camagüey. En aquel entonces los internados se hacían verticales y lo solicité en Medicina Interna. Mi profesor guía fue el cardiólogo León Díaz, un paradigma en la Isla, gracias a él me entró el bichito. Lo considero un héroe en mi formación."

— Fue el primer cardiólogo con que contó la provincia, ¿qué significó empezar de cero?

—La ausencia de este servicio en el territorio me obligó a vincularme a Terapia Intensiva, donde el trabajo polivalente me puso en contacto, no solo con las enfermedades del corazón, sino con otras patologías, lo cual completó mi formación. Luego llegaron otros especialistas y, junto al equipo de Enfermería, que siempre ha gozado de mucho prestigio, fue fácil encontrar disposición para articular el proyecto.

“Primero creamos un Departamento, teníamos una consulta y realizábamos algunas pruebas de esfuerzo hasta que logramos crecer en número. Hoy la cobertura ha mejorado considerablemente y ha disminuido la letalidad por infarto. Aunque en la calle se diga ‘ocurren muchos infartos’, yo siempre respondo ‘sí pero ahora casi nadie se muere'.”

— Contribuyó a la creación de la Red Nacional de Cardiopediatría y del Centro Provincial de Implante de Marcapasos, ¿alegrías o aflicciones?

— El primer proyecto comenzó en el año 1986 bajo la tutela de Fidel, con el objetivo de establecer en cada provincia una persona encargada del diagnóstico y el traslado de pequeños en estado crítico, con solo horas o días de nacidos, hasta el Hospital Pediátrico William Soler. El segundo llegaría unos años después con la inauguración del Centro Provincial de Implante de Marcapasos, con lo que se evitó llevar pacientes hasta Camagüey.

"En estas iniciativas invertimos años y esfuerzos, sin contar las complicaciones asociadas a la creación de la infraestructura logística necesaria, pero ha sido muy gratificante ayudar a construir y ver evolucionar un Servicio de Cardiología en el territorio, con méritos reconocidos a nivel nacional."

— Sobresaltos…

— Recuerdo con nitidez el primer viaje que realicé con un niño aquejado con una cardiopatía. Salimos en la madrugada, estaba nervioso y lo cargué para sentir que tenía todos los inconvenientes cubiertos. El camino parecía interminable y hasta orinado llegué a La Habana. Allá fue intervenido quirúrgicamente con éxito.

"Hoy lo veo en la calle y es un hombre hecho y derecho. Todavía me dice que soy su papá.

“Los viajes hasta Camagüey también eran estresantes. Desde las 3: 00 de la mañana comenzaban los preparativos y en más de una ocasión 'padecíamos' de ambulancias rotas y de cuadros clínicos complicados durante el trayecto.”

— ¿Cómo se autocontrola  un cardiólogo?

— Pocas situaciones me disgustan y trato siempre de ser coherente con las responsabilidades inherentes a esta profesión. Por otro lado, a pesar de los años, aún me siento vital y en condiciones de continuar con el trabajo. Considero muy alentador que la mayoría de las causas que provocan mortalidad en las enfermedades del corazón sean desórdenes que con una intervención rápida y oportuna encuentren solución. Un paciente llega con peligro para la vida y en unas horas mejora con la implantación de un marcapasos transitorio o la eliminación de una arritmia.

“Puede ‘sacarme del paso’ la alta demanda de estos servicios por personas que no los necesitan. Las consultas se abarrotan, el trabajo se hace engorroso y los verdaderos dolientes ven complicado su acceso.”

— Consultas, guardias de 24 horas, formación de nuevos especialistas…otra vez las guardias...¿queda tiempo?

—Trabajo con la misma intensidad de cuando tenía 30 años, sobre todo, porque no encuentro como virarle la espalda a este hospital. Hago guardias como el primer día y no me gusta dejar casos pendientes.

“Pienso que no debemos entrar en contradicción con la vida que se ha elegido o nos ha tocado. Con el tiempo dejamos de ser parte solo de aquí para ser una ‘persona conocida’, por eso me paran en la calle, me piden recetas, llaman a todas horas a mi casa, imagínate que como con el teléfono sobre la mesa. El poco tiempo que queda lo dedico a la jardinería. He creado un espacio llamado La Jungla, donde tengo plantas de diversos tipos que me ayudan a olvidar la guardia más terrible en solo horas.”

Él cumplirá pronto 65 años y, sin ningún atisbo de egoísmo, confiesa que no ha pensado en el retiro. Mientras, su hoja de vida continúa sorteando la Medicina cubana con el éxito suficiente para “relatarnos” las dualidades de un hombre sencillo y talentoso, que ha domado sobresaltos y desvelos por la voluntad de hacer latir corazones, al ritmo de la inmensidad del suyo, que entre sístoles y diástoles, no ha dejado de apostar por la vida.


Comentarios  

# Héctor Luis 22-01-2018 13:12
Héctor Luis:

Con gran satisfacción reviso hoy Invasor Digital y veo este trabajo sobre el compañero Melo como cariñosamente muchos lo conocemos.

A esta gran persona, ejemplo digno de revolucionario, profesional, sencillez y humildad, tengo la fortuna de conocer en persona y no precisamente por situaciones de tipo profesional si no a través de amigos en común, pero de todas formas es para mí un honor conocerle, de lo cual estoy y estaré muy orgulloso.

En lo personal le deseo muchos años de vida para que siga velando por lo más preciado que puede tener una persona.
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# Ernesto René Salcedo Rocha 22-01-2018 13:17
Mi gratitud al Dr.Melo , lo que se hablé de su abnegación y vigilia a su trabajo es insuficiente .Persona presto siempre a dar servicio de calidad , lo caracterizan .
Mis afectos para un excelente profesionald ela medicina avileña y cubana .
Te felicito Alién por un trabajo coherente a un hombre que ha deidcado su vida a salñvar vidas , siempre con una sonrisa en sus labios .
Prof Ernesto René Salcedo Rocha .
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# Iván 23-01-2018 07:51
Qué bueno que Invasor dedique sus páginas a enaltecer personas como Melo. Excelente ser humano ante todo y profesional de los mejores de la provincia y el país. Es un orgullo para los avileños verlo cada día en su bicicleta como muestra de lo más digno de nuestra sociedad. Es un tremendo honor que sea amigo de mi familia y nosotros corresponderle con cariño y respeto. Un abrazo
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# Gualterio Nunez Estrada 23-01-2018 21:09
Excelente reportaje sobre un medico adnegado.
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# Dr. Alexander Santos 17-02-2018 00:06
Muchas felicidades al Dr. Melo, ejemplo para las nuevas generaciones de Cardiólogos,, Desde Sancti Spíritus nos unimos a este reconocimiento,,,
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