Domingo, 16 de diciembre de 2018 5:03 PM

De Roberto Rodríguez al Vaquerito

Casi todos los poetas moronenses han dedicado en alguna que otra ocasión sus versos a la legendaria figura de un hombre que, sin perseguir la gloria, como escribió Antonio Machado, se convirtió en héroe. Uno de esos poetas, el desaparecido decimista Evenelio Rodríguez, escribió una pequeña cuarteta que resume la estirpe histórica de este mártir que no es otro que El Vaquerito:

Algunas veces te vi
en este parque sentado
como esperando un recado
de los labios de Martí.

Y el recado llegó a sus oídos como un susurro esperanzador: ya era hora de cambiar el curso de la historia, y entonces Roberto Rodríguez, el niño campesino de Los Hondones al que sus amiguitos llamaban Cusín, el adolescente de las calles de Morón, al que sus amigos llamaban Motica, fiel al recado de Martí, se fue para las montañas y se convirtió en El Vaquerito, capitán del valor, como diría otro poeta moronense, jefe del Pelotón Suicida del Che. Así surgió para la posteridad el héroe insigne de este pueblo.

Imagen del VaqueritoTomada de: ecured.cu

Desde una azotea situada al frente de la Estación de Policía de Santa Clara se nos hizo eterno, imprescindible. Aquella bala que un día como hoy, 30 de diciembre, hace 59 años atravesó su cabeza, lo inundó de vida, hizo que de su pecho nacieran 100 hombres.

Roberto Rodríguez, El Vaquerito, no habría sido un mártir de la Revolución si no hubiera vivido en el tiempo y el espacio dentro de los cuales transcurrió su breve existencia. Influyeron determinantemente los años de lucha contra el dictador Batista, los años en que ya había nacido la Generación del Centenario, los años precisos en que cada sueño se iba en busca de su leyenda.

También el entorno fue importante: una montaña con una ladera verde y suave, donde nacer y aprender a amar a los patriotas de antaño, que fue Los Hondones; una ciudad donde aprender a buscarse la vida imaginando malabares contra la miseria, que fue Morón; otra montaña alta y escarpada, con un pico que es una leyenda entre las nubes, donde pudiera nacer un héroe, que fue la Sierra Maestra; y otra ciudad donde morir como el más valiente de los guerrilleros e ir a habitar el infinito, que fue Santa Clara.

Roberto Rodríguez no habría sido un mártir de la Revolución si no hubiera existido un Fidel, cual timonel de una nave de ensueños que viaja a través de los vericuetos de la dignidad; si no hubiera existido un Primero de Enero, la fecha más gloriosa de Cuba y de la historia universal. Esa fecha, no solo significó el inicio de un nuevo año para los cubanos, sino de una nueva era para la humanidad.

Si El Vaquerito no hubiera muerto la víspera del triunfo, habría muerto en el Congo o en Viet Nam o en Angola o en Bolivia... y si la muerte lo hubiera respetado hasta las últimas consecuencias, ahora sin duda celebraría este nuevo aniversario del triunfo de la Revolución rodeado de nietos que le estarían diciendo: “abuelo, cuéntenos sus leyendas”.


Comentarios  

# el observador 30-12-2017 11:16
En mi paso por la ciudad de Santa Clara me encuentra, casi a diario una tarja realizada por los vecinos de una calle cercana al monumento Tren Blindado que recuerda las acciones de 1958 y al combatiene Robrto Rodríguez. Excelentes palabras de este colaborador de Invasor, en especial ese último párrafo. Inspirado en ello, y para recordar las figuras del Vaquerito y del Che les regalo (con el permiso de los editores)la siguiente publicación http://elobservador.cubava.cu/10-fotos-que-quizas-nunca-viste-del-che-guevara/
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