El pasado 4 de mayo de 2026, el Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología (Insmet) emitió su pronóstico para la actual temporada ciclónica en el Atlántico Norte, que comenzará el próximo 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre.
Los ciclones tropicales constituyen el fenómeno meteorológico más conocido por la población cubana, debido a la frecuencia con que afectan al país y a las cuantiosas pérdidas que dejan a su paso.
Durante la temporada ciclónica, los cubanos se mantienen atentos a los pronósticos meteorológicos; ante la formación de algún organismo ciclónico, el país se moviliza para tomar todas las medidas de protección frente a sus posibles impactos.
Según datos publicados por el Insmet, para la temporada ciclónica de 2026 se pronostica la formación de 11 ciclones tropicales en toda la cuenca del Atlántico Norte. De ellos, cinco podrían alcanzar la categoría de huracán, y dos de estos podrían ser huracanes de gran intensidad.
Del total, ocho ciclones se desarrollarían en el área oceánica del Atlántico, dos en el mar Caribe y uno en el golfo de México. La probabilidad de que se origine y se intensifique al menos un huracán en el Caribe es alta (65 por ciento), mientras la de que un huracán de procedencia atlántica penetre en el Caribe es moderada (40 por ciento).
El peligro de que Cuba sea afectada por al menos un huracán es moderado, con un 40 por ciento de probabilidad, ligeramente superior al peligro climatológico histórico para el país, que es del 35 por ciento. Aún mayor es el peligro, de que, al menos, una tormenta tropical afecte a Cuba: la probabilidad asciende al 75 por ciento.
Ante estas cifras, cabe preguntarse: ¿qué es exactamente un ciclón tropical?
Según la terminología meteorológica, un ciclón tropical es un término genérico que designa a los sistemas de baja presión que se forman en los océanos, en un ambiente homogéneo y generalmente en la zona intertropical; está acompañado de una amplia área de nublados, con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas y presenta una circulación superficial de los vientos en sentido contrario al de las manecillas del reloj en el hemisferio norte (y en el mismo sentido en el hemisferio sur).
Dependiendo de las condiciones atmosféricas y oceánicas, los ciclones tropicales pueden intensificarse, aumentando la velocidad del viento y volviéndose sistemas mejor organizados.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM, 1999) estableció la siguiente clasificación según la velocidad de los vientos:
- Depresión tropical: ciclón en el que el viento medio máximo a nivel de la superficie del mar (velocidad promedio en un minuto) es de 63 kilómetros por hora (km/h) o inferior. Presenta nubosidad y lluvias, pero las bandas de nubes no están bien delimitadas y son dispersas.
- Tormenta tropical: ciclón bien organizado, con vientos medios máximos de entre 63 y 117 km/h. Con una mejor estructura a través de la troposfera y comienzan a formarse bandas de nubes que convergen hacia el centro del sistema.
- Huracán: ciclón tropical con vientos máximos promedio de 118 km/h o superiores. Es un sistema totalmente organizado en toda la troposfera, con bandas de lluvia bien delimitadas alrededor del centro de baja presión.
Factores de formación de un ciclón tropical
Para que se forme y se intensifique un ciclón tropical, deben existir tres condiciones fundamentales:
1. Un disturbio preexistente: generalmente ondas tropicales que originan la inestabilidad inicial.
2. Temperatura cálida del océano: aguas a 26,6 °C o más, hasta una profundidad de al menos 45 metros, pues las aguas cálidas proporcionan la energía del sistema.
3. Bajo cizallamiento vertical del viento: los vientos en la atmósfera superior deben ser débiles y no cambiar mucho de dirección ni velocidad con la altura.
Así como varios factores contribuyen a la formación de un huracán, otros promueven su debilitamiento o disipación.
Un huracán puede debilitarse sobre el mar debido a la existencia de fuertes vientos en altura o a una gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos de distintos niveles (fuerte cizalladura).
También, puede debilitarse, al desplazarse sobre aguas más frías o sobre zonas más secas. Una vez que alcanza tierra firme, el huracán pierde su principal fuente de humedad y su circulación superficial se ve reducida por la fricción con la topografía.
Otros factores que inhiben el desarrollo ciclónico son las nubes de polvo del Sahara, que absorben la humedad atmosférica, secan las masas de aire y limitan la convección.
Asimismo, se ha demostrado que la presencia del evento El Niño influye directamente en el comportamiento de la temporada ciclónica, disminuyendo la frecuencia de formación de huracanes, como se ha comentado anteriormente en esta sección.
Según el informe del Centro Nacional de Pronósticos, las condiciones oceánicas y atmosféricas fundamentales que regulan la actividad ciclónica tropical sobre el Atlántico, el golfo de México y el mar Caribe anticipan el desarrollo de una temporada menos activa de lo normal.
Próximamente, profundizaremos en los efectos del paso de los ciclones tropicales por Cuba y, de manera particular, por nuestra provincia.
* Meteorólogo del Centro Meteorológico Provincial