Aun cuando se adoptan múltiples alternativas, las carencias en el campo avileño sugieren “sazonar” con realismo y objetividad las predicciones y los mensajes del día a día
A falta de los números del cierre de la Campaña de Frío, recurro a los que el 28 de enero pasado recabé en la Delegación Provincial de la Agricultura. Entonces los especialistas daban cuenta de una deuda ya considerable: se habían dejado de sembrar más de 4000 hectáreas (ha) de las previstas a partir de septiembre de 2025 en Ciego de Ávila.
Si se tiene en cuenta el empeoramiento de la situación del país en cuanto a recepción de combustible importado y la consiguiente disminución de energía eléctrica, a raíz de la firma el 29 de enero pasado de un decreto para declarar una emergencia nacional‚ en virtud de la supuesta “amenaza” que representa Cuba para Estados Unidos y el resto de la región, es obvio que la cantidad de ha sin plantar debieron incrementarse gradualmente hasta el último día del segundo mes del año, fecha conclusiva de la mencionada campaña.
También coinciden los especialistas en cuanto a que el período septiembre-febrero de cada temporada pesa sobremanera en los suministros de alimentos agropecuarios a la población, y no faltan quienes argumentan que lo sembrado y cultivado en esos cinco meses representa el 70 por ciento, aproximadamente, de la producción total que al término del año puede llegar a los comensales.
Los sinsabores sobre los surcos se relacionan con múltiples contratiempos, como los que origina el inestable accionar de las máquinas de riego en extensiones de consideración, tal es el caso de las que corren a cargo de las principales empresas agropecuarias de la provincia, en primer término, La Cuba y Arnaldo Ramírez.
Por estos días, los estantes en el Mercado Agropecuario La Cuba y los revendedores en las calles de la capital provincial, entre otros escenarios, evidencian ejemplares de plátano fruta que se resienten de la sequía.
No puede ser de otro modo si el líquido no llega en el tiempo y con la sistematicidad requerida a las plantaciones bananeras.
Humberto Ortega González, jefe del Departamento de Cultivos Varios en la Delegación Provincial de la Agricultura, argumenta que “el plátano demanda una gran cantidad de agua, si no la puedes regar, desaparece la posibilidad de buenos rendimientos.
“La electricidad que se está generando con destino a esas empresas y sus bases productivas alcanzan para tres, cuatro o cinco horas, pero como mínimo se necesitan 12 horas continuas, de lo contrario, resulta imposible terminar un ciclo de riego con la efectividad que se necesita”.
El débil suministro de combustibles fósiles pende como un hacha sobre las cabezas de los productores agropecuarios y directivos de empresas y unidades empresariales estatales.
Con menos de la mitad de lo que inicialmente se asignó para los últimos meses del año precedente, y cifras parecidas en lo que va de 2025, la tarea crece en cuanto a complejidad, y finalmente, los precios sobre las tarimas, incluidas las del mercado negro, se disparan aún más en medio de una escalada que, a ciencia cierta, aún no se le ha puesto coto real.
En medio de la selva de las adversidades aparecen, no obstante, oasis de esperanza que van más allá de la consagración y entrega sobre los surcos, o que, refuerzan esa disposición con alternativas enfiladas a la adquisición de recursos mediante nuevos esquemas de autofinanciamiento en divisas.
A la vista del principal escollo para el desarrollo y sostenibilidad de la producción agropecuaria: la carencia de moneda convertible para adquirir los recursos imprescindibles, tales como petróleo, aceites, maquinarias, fertilizantes, plaguicidas, gradualmente se abre la posibilidad de adquirirla mediante el aporte desde las bases de tabaco, carbón, miel de abeja, arroz, frijoles, oleaginosas, frijol mungo, leche, carne y huevo, cuyos pagos se estarán potenciando en divisa, que a su vez, abrirá o ampliará el camino, según el caso, para la adquisición de los mencionados recursos.
No se trata, por supuesto, de rubros o producciones escogidos al azar, sino de aquellos que tienen un valor estratégico dado que pueden ampliar el volumen de las exportaciones, o sustituyen importaciones.
Si de alternativas se trata, pudieran mencionarse otras que también se están aplicando en esta hora crucial, pero a este comentarista no le quedan dudas de que los agricultores no son magos ni prestidigitadores, llegan a los surcos con deseos y necesidad de hacer, pero las carencias que acentúa el asedio repercuten, y de qué modo, en los rendimientos.
De ahí que el realismo y la objetividad deben “sazonar” no solo las predicciones y los mensajes del día a día, han de acompañarnos a cada paso, ahora que escasean aún más recursos esenciales.