La necesaria y difícil Universidad

Es muy conocida la importancia de que en una sociedad haya profesionales y especialistas en prácticamente todas las ramas. Algunos incluso dicen que de ello puede depender el futuro de un país y, si eso es cierto, el nuestro podría empezar a preocuparse un poco.

Como ocurre con prácticamente cualquier esfera, nuestra provincia no se queda lejos. En el afán de que esa realidad sea diferente, la universidad tal vez no sea la única responsable, pero sí está en el epicentro. Lo cierto es que las aulas, a día de hoy, tienen más espacio libre que el de antaño, y eso es tan triste como complejo.

Choca un poco esa situación con el momento actual, y no me refiero, todavía, a la economía cubana. Nunca antes había sido tan fácil acceder a los estudios universitarios. En una entrevista para el canal de YouTube de Invasor en diciembre último, directivos de la universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez (Unica), ofrecieron pormenores al respecto.

En ese momento se conoció que, en el caso del curso regular diurno, además del colegio universitario y la vía de los concursos, el próximo otorgamiento de carreras no tendrá ni una ni dos, sino ocho etapas consecutivas para los estudiantes egresados del bachillerato.

En ellas, como ya ha sucedido en ocasiones anteriores, no solo podrán acceder a la educación superior quienes aprueben los exámenes de ingreso, sino también esos que no logren superarlos e incluso los que no se presenten a las pruebas, además de aquellos que hayan vencido el preuniversitario y todavía tengan 28 años o menos.

Claro que tanta oferta podría verse con buenos ojos, a fin de cuentas se traduce en oportunidades para todos, pero lo visto es que muchos optan por dejar pasar ese tren. No es difícil deducir que, realmente, es la demanda la que disminuye.

Ahí podría estar la primera gran preocupación. La enseñanza media, y más específicamente el preuniversitario, es cada vez más valorada como la meta para algunos estudiantes.

El título de Bachiller le parece suficiente a un buen número de jóvenes y llama la atención que respalden ese punto de vista con argumentos que parecen válidos, al menos en los momentos actuales.

No obstante, ese panorama también deja al descubierto un detalle que se suele ignorar: la deficiente formación vocacional. Como un ejemplo contrario, aún recuerdo cómo, en duodécimo grado, un profesional de la Medicina se acercó a mi aula para hablarnos sobre las carreras de la salud y el interés de todos fue notable.

Varios de mis compañeros ni siquiera habían valorado la idea de ser médicos o enfermeros, pero el encuentro les atrapó. Viéndolo en perspectiva, creo que lo que les impulsó a ese estado fue el simple hecho de aclarar directamente esas preocupaciones y dudas que tenían acumuladas, pero, más que una práctica común, fue un momento puntual.

De todas formas, hay mucho de cierto cuando alguien que desea estudiar en la universidad termina creyendo que no lo puede hacer, en dependencia de sus capacidades económicas y otros aspectos. Para un estudiante de Punta Alegre, al norte de Chambas, no es nada fácil el recorrido de más de 90 kilómetros hasta la Unica, por solo poner un ejemplo donde el transporte es complicado y costoso.

Aunque ese es apenas un viaje dentro de la provincia. Hay que recordar que los estudiantes avileños se forman en lugares tan alejados como La Habana o Santiago de Cuba. A veces se trata de carreras que solo están disponibles en esas demarcaciones, por lo que la elección está entre asumir el sacrificio o renunciar a la vocación.

Para Ciego de Ávila hay al menos dos grandes problemas en esa situación. El primero es cuando el estudiante renuncia y el segundo es cuando sí accede, pero al llegar a una ciudad mayor decide quedarse para desarrollar su vida ahí, con todo el derecho que tiene, por supuesto.

Por otra parte, los años recientes han sido tensos en la vida socioeconómica de Cuba. El deterioro del transporte, la insuficiente producción de alimentos y la crisis energética han provocado que en la universidad, haciendo una analogía con el deporte de alto rendimiento, lo difícil sea mantenerse.

El momento actual es una clara muestra de ello. No hay dudas de que alejar a los jóvenes de los campus fue necesario, pero tampoco es complejo entender lo engorroso que es para ellos asumir contenidos de forma digital e incluso hacer exámenes con los Centros Universitarios Municipales como mediadores en el proceso.

La Unica ya anunció que efectuará, de forma paulatina y escalonada, el regreso a la presencialidad, pero no dejará de ser complicado para todas las partes. Aún así, similares pronunciamientos no se han realizado por todas las casas de altos estudios del país, donde, nuevamente es bueno recordar, también tienen matrícula educandos de Ciego de Ávila.

 

La calidad menguante de los procesos docentes, potenciada por la escasez de profesores en algunos ámbitos o las condiciones de las becas son otros puntos que, no por repetitivos, dejan de ser cruciales.

Ser universitario no solo es importante, sino que es una experiencia enriquecedora que, bien aprovechada, puede llegar a hacer crecer a una persona como pocas otras lo permiten.

Volver a ver aulas repletas, cuando suceda, será esperanzador. Por más trabajo que cueste, intentar lograrlo valdrá la pena.