Educación entre retos

 Las medidas tomadas por el Ministerio de Educación para finalizar el curso escolar, no son ya tan recientes ni protagonizan hoy el centro del debate ciudadano, pero, como pasa con todo tema que se desvanece antes de que, dé tiempo a analizarlo en profundidad, aún quedan detalles, que merecen total atención.

Sin dudas, el punto que más polémica generó fue el de la suspensión de los exámenes de ingreso a la Educación Superior, de incuestionable relevancia, con el inesperado protagonismo del índice general de cada estudiante como forma de gestionar la nueva realidad.

Sin embargo, vale recordar que la preocupación por esas pruebas golpeaba desde mucho antes, tanto por la inestabilidad docente, las condiciones que impedían estudiar de la manera más adecuada y la incertidumbre de la fecha en la que tendría lugar el trío de cuestionarios.

Fueron meses donde los estudiantes mantuvieron su presencia en las aulas priorizando su preparación, pero les faltaba la seguridad que antaño era más común y todos sabemos que andar a la deriva puede ser tan agobiante para el afectado como revelador para el problema.

El agravamiento de la crisis energética en el país, en este caso, debería ser visto como el detonante de un cúmulo de situaciones que ha arrastrado nuestro sistema educacional durante los últimos años.

A través de redes sociales, por ejemplo, familiares de educandos pertenecientes a Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE) de varias provincias cuestionaron que en el proceso del otorgamiento de becas se equipararan esos centros con los Institutos Preuniversitarios Urbanos (IPU).

Las quejas generalmente iban acompañadas de un sinnúmero de alternativas más justas, según quienes las elaboraban, pero casi todas, tenían un punto en común: restarle valor a los IPU. Es cierto que los IPVCE hacen gala de una preparación más rigurosa, pero, ¿quiere ello decir que concentran a todos los mayores talentos de la provincia?

La pregunta no pretende crear enfrentamientos, sino generar conciencia. Nada escapa a las carencias que rigen nuestro día a día y las familias buscan el entorno más favorable para la formación de sus jóvenes. Quien viva en municipios apartados como Chambas, Florencia o Primero de Enero, sabe que estudiar lejos de casa es un sacrificio en más de una dimensión.

Mas, la polémica no siempre abarca todo el problema. Duodécimo grado fue el protagonista más de moda, pero, ¿cómo se afectan los demás años?

Soluciones para terminar los cursos no faltaron, ya sea con acumulados o con trabajos prácticos que sirvieron como revalorizaciones, pero lo más importante de todo, el aprendizaje, se vio en jaque desde el mismo inicio del periodo lectivo, y eso es lo verdaderamente preocupante.

Cada municipio y escuela viven sus propias realidades. Invasor, a finales de diciembre del año pasado, mencionó que Chambas tenía una cobertura docente favorable, pero un par de meses después, en otro trabajo periodístico, se dijo que Florencia pasaba por un estado totalmente opuesto.

No es una inquietud nueva y eso es justamente lo peor. Con panoramas tan vulnerables, donde solo se sigue adelante gracias a alternativas como contratos temporales, está abierta la puerta a la improvisación de forma inevitable.

También se hace difícil llamar la atención de futuros profesionales de la Educación o mantener a los actuales cuando su labor pasa por insuficientes medios de enseñanza, sobrecarga laboral o días enteros tratando de cobrar su salario en un banco o cajero en lugar de estar frente a un aula.

Es la típica situación en la que señalar causas no evita consecuencias, o lo que es lo mismo, son los estudiantes quienes reciben clases sin todo el rigor o simplemente no las reciben, además de ver comprometida su formación futura.

Las medidas tomadas hacen pensar en los tiempos donde la Educación cubana tuvo una robustez mayor y lo mucho que ha cambiado esa fortaleza, pero el recuerdo es sinónimo de algo que fue realidad y que es imperativo recuperar.

Este cierre de curso atípico, en el mejor de los casos, quedará solo como un mal recuerdo, pero los decisores deben tener en cuenta la urgencia de tomar precauciones para que el precedente de este 2026, no se repita año tras año.

Ese temor crece al notar que las decisiones recientes fueron tomadas a causa de condiciones que, por el momento, no parecen mostrar señales de mejoría palpable, por lo que el próximo periodo lectivo probablemente deberá enfrentar una realidad similar a la de hoy.

Si algo ha sido digno de elogio durante el curso que recién termina es la entrega de los educadores que permanecen en medio de tantas dificultades y el apoyo de las familias que sortean todo tipo de obstáculos.

De las adversidades se sale con trabajo, decisiones novedosas y, sobre todo, con ideas claras del objetivo que se persigue. Mientras se actúe con prontitud, queda margen para lograrlo.