Tomada de Cubadebate Los últimos días del año siempre traen un aire distinto.
Una mezcla de emoción y nostalgia se posa sobre un diciembre que avanza, y cada quien, a su modo, empieza a sacar cuentas: logros alcanzados, metas pendientes, sueños postergados.
Es un ejercicio íntimo, pero también colectivo.
Quizás por eso, cuando llega esta fecha, me gusta tomar distancia.
Subir una escalera, trepar un árbol, mirar la ciudad desde otro ángulo. Pensar lejos del suelo, con las nubes como único techo visible.
Al hacerlo no solo pienso en mí, también pienso en mi ciudad, en su gente y en lo vivido durante estos doce meses que ya se van.
El diciembre de 2025 se sintió atípico. Hubo menos luces iluminando los arbolitos de Navidad y la realidad pesó: desde la pandemia de COVID-19 las celebraciones no han vuelto a ser las mismas.
Ya no siempre está la familia completa alrededor del puerco asado, la música alta y la cerveza compartida. Aumentan los asientos vacíos, y la lista de deseos, año tras año, parece no variar demasiado.
Sin embargo, nada impide que recibamos un nuevo año con la voluntad de hacer borrón y cuenta nueva. La posibilidad de escribir otro capítulo de vida en los próximos doce meses sigue intacta, aunque sepamos que no estamos en condiciones de malgastarla.
Como ritual, seguí optando por tirar un cubo de agua a la medianoche del 31 de diciembre, para que se fuera lo malo y llegue lo bueno. Tal vez lo lamenten las muñecas y las rodillas, aún resentidas —como en muchos casos— por las secuelas del virus, pero la esperanza también se expresa en actos sencillos, heredados.
Y mientras recorro las calles recibiendo el 2026, emerge el eco de una provincia vanguardia, reconocida en el nivel nacional entre las mejores del país.
Ese fue el fruto del trabajo sostenido por colectivos avileños que, en medio de no pocas dificultades, han sabido empujar hacia adelante.
Ese reconocimiento elevó la autoestima territorial y generó un movimiento constructivo y organizativo notable. La Ciudad de los Portales se propuso estar, también por fuera, a la altura de sus méritos internos.
Se repararon y embellecieron avenidas, espacios públicos, instalaciones culturales y comerciales; se habilitaron nuevos servicios que mejoran, de manera tangible, las condiciones de vida de la población.
No es casualidad que Ciego de Ávila figure entre las provincias que cerraron el año con superávit presupuestario, junto a Artemisa, Mayabeque, Matanzas y Villa Clara. Detrás de ese dato hay una gestión económica más eficiente y un esfuerzo colectivo que merece reconocimiento.
En paralelo, la vida cultural y recreativa no se detuvo. Contra todo pronóstico, se mantuvo la programación de actividades culturales y deportivas, y en el cierre del año se multiplicaron las acciones que ofrecieron un respiro necesario.
La vida cultural volvió a confirmarse como espacio de encuentro, identidad y alivio, incluso en los momentos más tensos.
Otro motivo de gratitud está en lo invisible pero esencial: las redes de apoyo cotidiano. Familias, vecinos, amigos, compañeros de estudio o trabajo que se sostienen mutuamente cuando arrecian las dificultades.
Donaciones, ayudas informales y pequeños gestos de solidaridad han conformado un capital social decisivo para resistir un año complejo.
No se trata de minimizar los problemas. Como expresó el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez durante la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre de 2025, vivimos un momento complejo en extremo para la economía y la vida cotidiana, que exige respuestas más profundas, rápidas y responsables.
La inacción, en este contexto, es el mayor riesgo al que nos sometemos. Cada acción que emprendamos, desde la más compleja hasta la más sencilla, debe estar cargada de amor hacia los demás, de compromiso, de justicia social y libre de individualismos.
Solo así honraremos al hombre cuyo centenario nos convoca a ser mejores, a defender lo conquistado y a construir el futuro con optimismo.
Al 2026 no se le pide demasiado, creo. Un año sin accidentes, sin desastres naturales, sin enfermedades que nos golpeen con la fuerza reciente.
Lo demás, como tantas veces, quedará en manos de cada persona que habita esta isla y de ese espíritu de lucha que nos define.
Porque si algo dejó claro 2025 es que, aun en la incertidumbre, sabemos reinventarnos y mirar hacia adelante. Y esa fuerza para enfrentar lo que venga, quizás, sea la mejor manera de abrirle la puerta al año que llega.