¿Cuál es la urgencia de un batazo?

Nuevas bolas y strikes. Medidas extremas por déficit de combustible. Otro estadio medio vacío. El viaje imposible. Un intento fallido por elevar el béisbol cubano. Pacientes sin poder regresar a casa. Deseos y urgencias.

Hace una semana, la Federación Cubana de Béisbol y Softbol confirmó la noticia que desde antes circulaba por redes sociales: habrá Liga Élite de Béisbol. La cuarta edición comenzará el próximo 2 de mayo.

Apenas se ha completado el primer turno al bate y fuera del terreno ronda la interrogante: ¿cuán importante es realizar un evento de esta envergadura —en el que participan equipos de seis provincias y peloteros de todo el país— en un contexto tan complejo como el actual?

Quienes defienden un evento que solo tiene de élite el nombre, esgrimen que servirá de colofón para conformar el equipo Cuba que participará en los venideros Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

Paradójicamente, la inversión del Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación, con todas sus estructuras, en el desarrollo de esta lid puede ir en detrimento de la realización de campeonatos de otras disciplinas, del fogueo del resto de los atletas con aspiraciones en dicha cita, o incluso, de la restauración de instalaciones de la base.

De todas formas, el valor deportivo de la lid y sus demás implicaciones no vale la pena analizarlos cuando, en términos beisboleros, el país ahora mismo se encuentra en conteo de dos strikes sin bolas: un cerco petrolero y amenazas de confrontación militar.

Todo eso a nivel macro; pero en la vida doméstica el picheo también está duro y bajito. En un día son más las horas en apagón que con luz, junto a las consecuencias que esto trae y que pueden ser tan sencillas y significativas como no tener agua fría para tomar.

Lógicamente, el torneo sufrirá, en su propio terreno, las condiciones del país. Seguramente, hacerlo conlleva un sinnúmero de desafíos, y el esfuerzo por sobreponerse a la realidad será calificado por algunos con adjetivos loables. De buenas intenciones está hecha la Liga…

La realidad desdibuja las diferencias entre esas palabras: deseos y urgencias. Sí, las pretensiones pueden ser las mejores, pero ¿realmente es necesario realizar un evento de esta magnitud en la actualidad?

Aunque tampoco sea convincente, quizás la excusa más “aceptable” para desarrollar el torneo beisbolero sea que los seguidores del pasatiempo, y hasta los que no, cubran las gradas y se respire “ambiente beisbolero en la isla”.

A falta de una vida cultural más activa y del hastío generalizado —eso sí, sin establecer comparaciones con un tiempo pasado en el que la calidad del béisbol cubano era muy superior—, es verdad que este deporte todavía posee cierto poder de convocatoria.

“Nos satisface muchísimo que se haya comprendido la importancia de este deporte para el pueblo. El béisbol es una conquista de la Revolución, un símbolo de identidad que debemos defender"”, dijo en conferencia de prensa el presidente de la Federación Cubana de Béisbol y Softbol, Juan Reinaldo Pérez Pardo.

Y sí, es indiscutible que la pelota tiene un peso histórico en Cuba, que se ganó por mérito propio el título de Patrimonio Cultural, que la derrota en el pasado Clásico Mundial es una herida al orgullo nacional.

Pero ese discurso cobraría mucho sentido en otro momento. ¿O cómo explicaríamos que la movilidad de los ciudadanos se redujo todavía más desde la orden ejecutiva de la administración de Trump, pero sí será posible ahora el traslado del equipo de Holguín, por ejemplo, hasta La Habana para efectuar cinco encuentros? Cada una de las seis escuadras jugará, como mínimo, 40 partidos.

No se trata únicamente de la suspensión de las rutas cotidianas; también hubo, al menos en Ciego de Ávila, una reducción de los pasajes para turnos médicos a la capital, según explicó la delegada provincial de Transporte, Olga Gener Pérez.

Este mismo periódico, en su sección de Especiales, evidenció la dimensión de la crisis: “Elia Rosa González Manso perdió la cuenta de los días lejos de su casa. Vive en Los Perros, comunidad rural del municipio de Chambas, pero hace casi un mes su hogar es una sala de ingresos en el Hospital Provincial General Docente Capitán Roberto Rodríguez Fernández, donde comparte con otros 19 pacientes que, ante el déficit de combustible para mantener los traslados sistemáticos hacia el hospital, debieron internarse para recibir las tres sesiones semanales de hemodiálisis”.

La realidad a veces desdibuja las diferencias entre esas palabras: deseos, necesidades, urgencias. Si en otro periodo complejo el país centró sus esfuerzos y dispuso de sus escasos recursos para fabricar cuatro vacunas, porque esa era la prioridad, habrá que definir cuál es la de este tiempo.

Postergar un batazo tal vez no sea la solución a los problemas del país, pero tal vez sí representaría uno menos.