Cuando este sábado restan 68 jornadas para que acontezca la inauguración de la vigesimoquinta edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (en lo adelante identificados con las siglas JDCC), invasor.cu evoca la actuación de atletas residentes en el territorio avileño que optaron por incluirse en el equipo nacional de béisbol en la IX edición del certamen regional.
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De todos los equipos cubanos que asistieron a la cita efectuada en Kingston, Jamaica, el de béisbol era el único que lo hacía en condición de campeón mundial y, lógicamente, del que más se esperaba una actuación de realce.
Si bien, la apertura del evento se efectuó el 11 de agosto de 1962, ya el 6 del mes anterior se daba a conocer la nómina. En la relación que al siguiente día publicaba el diario Hoy aparecían dos muy conocidos por la afición local, el inicialista Miguel Cuevas y el experimentado jardinero Everildo Hernández.
En la Memoria oficial del comité organizador del certamen puede confirmarse la supuesta inclusión de este último, pero en realidad El Martín Dihigo avileño, calificativo que le endilgaría el narrador y comentarista Eddy Martin, quedó excluido de un elenco que finalmente fue reducido de 24 a 18 jugadores.
Por entonces, Everildo era un jugador de 30 años. En su palmarés aparecía una temporada inolvidable: cuatro años atrás había acaparado nada menos que ocho lideratos, además de ser escogido como el Jugador más útil e integrante del equipo Todos estrellas en el VIII Campeonato de la Liga Intercentrales Azucareros.
Se ha divulgado insuficientemente que, además, en 1960 defendió la antesala en el equipo de Los Mulos de Nicaro, titular del campeonato nacional de béisbol amateurs organizado por la Dirección General de Deportes. Aún más cerca de los JDCC en Jamaica, intervino en la primera Serie Nacional, lid en la que vistió la franela de los Azucareros y encabezó a los robadores de base.
Lamentablemente, un magro rendimiento de los embajadores del Deporte Nacional los confinó a la cuarta casilla. Lo cierto es que diversos factores entraron en juego, quizás el más importante haya sido la ausencia de Tony González, quien fue golpeado por un foul en el segundo inning, del choque frente a Puerto Rico, primero de la serie, y derrota fundamental y psicológica, que selló en definitiva el inesperado fracaso.
Finalmente, los pupilos de Gilberto El Jibarito Torres firmaron su tercer fracaso ante República Dominicana, 2x3. Los quisqueyanos ganaron la miniserie con cuatro sonrisas en cinco intentos; completaron el podio, mexicanos y puertorriqueños, ambos con tres éxitos y par de tropiezos.
Escasa participación tuvo Miguel Cuevas, el popular bateador que entonces residía en la ciudad de Ciego de Ávila. En el Sabina Park acumuló cinco veces oficiales al bate, sin jits, un ponche, y una carrera anotada. Defendió la primera base cuando suplantó el titular de la posición Daniel Hernández, quien estuvo bien a la ofensiva (333) y apenas dejó espacio para Don Miguel, toda una celebridad en el béisbol aficionado, doméstico e internacional, en buena parte de la década, sobre todo a partir de 1963, cuando sobresalió en los Panamericanos de Sao Paulo. Curiosamente, Hernández era oriundo de la colonia cañera Milira, del otrora central Violeta, que luego fuera renombrado como Primero de Enero, pero entonces ya se había establecido en Florida, Camagüey.
En cuanto a Cuevas, el toletero de 27 años, nacido el 24 de febrero de 1935 en la colonia cañera, El Carrión, cerca de Aguilar, término camagüeyano de Santa Cruz del Sur, había llegado relativamente tarde a las Series Nacionales, cuya primera versión concluyó en marzo de ese año. En su haber acumulaba múltiples participaciones en eventos locales de la pelota cubana desde fines de los años 40, fundamentalmente en equipos de centrales azucareros y en ligas como la matancera de Pedro Betancourt.
Cuatro años después, el poderoso bateo y los engarces de Don Miguel serían determinantes para echar por tierra el “maleficio” que le negó la gloria al béisbol cubano en predios jamaicanos. (Continuará).
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