Tomada de EcuredAmigas y amigos de la Gran Red de Redes, hace ya varios días, mi amigo y eficiente colaborador, Cundo, me había anunciado una de sus ricas visitas.
Aunque el aviso fue corto “Muchacha —me dijo por teléfono—, las lluvias recientes no me han dejado visitarte, pero voy con el jabuco cargado, así que prepárate”. Y llegó sonriente y feliz.
Luego del cafecito de turno me dijo: “¿Sabes que solo una de cada siete personas dedicadas a la ciencia, en el Japón del XXI, es mujer? “Pensaba yo que en un país con tantos adelantos científico-técnicos, la realidad era otra”, le respondí.
Al rato y luego de contarme de su estancia por varios municipios de la Perla del Sur, me dijo: “Busca sobre las ciencias en aquel país y te sorprenderás”, junto a un “vuelvo pronto”.
No resulta difícil imaginar que pasé el fin de semana entre libros, folletos, revistas y la red que nos atrapa y encontré que Kato Sechi (1893-1989) fue una joven nacida ¡hace más de cien años!, que tuvo el gran reto de ser admitida en una universidad y convertirse, además, en una científica de renombre.
Nacida a finales del siglo XIX en el cerrado y casi inaccesible imperio de Japón, se convirtió en pionera en análisis con espectroscopía.
En aquel entonces, las mujeres encarnaban la llamada ryōsai kenbo, es decir, la buena esposa y madre sabia, consideradas inferiores a los hombres.
La infancia y adolescencia tampoco le fueron fáciles a Kato Sechi; un terremoto le arrebató la vida a su madre y dos hermanos, cuando ella solo era una bebé de un año, y al llegar a los anhelados 15 falleció su padre. La sociedad retrógrada y machista la “obligó” —al quedarse sin un hombre en casa— a “adoptar” a su yerno para que ejerciera de cabeza de familia, así como zumba y suena.
Eso no amilanó sus deseos de estudiar, se graduó como maestra. Ingresó en la Escuela Normal de Mujeres de Tokio (hoy Universidad de Mujeres Ochanomizu) y al terminar fue como docente a Sapporo, en la isla de Hokkaido.
Su ánimo de aprender no tenía fin y durante una visita con sus alumnas a la prestigiosa Universidad Imperial de Hokkaido, se enteró que, desde hacía poco tiempo, allí podían matricularse las mujeres gracias al espíritu innovador de quien dirigía la Escuela de Agricultura y, pidió su admisión.
Sepan que, al ver su petición, el comité de profesores tuvo muchas dudas y señaló: “No creo que tenga éxito, porque es demasiado bonita, pero es la primera vez que una mujer alcanza este nivel, así que lo intentaremos”.
Ante las reticencias, no se conformó: “Mi falta de habilidades académicas no es mi culpa. Es porque el sistema educativo es defectuoso. La universidad debería abrir sus puertas a las mujeres” y puso tanto énfasis en entrar como alumna que obtuvo su plaza, con el apoyo del director.
En algunas fuentes consultadas se recoge que era considerada una rara avis en las aulas. Se dedicó a estudiar ciencias del suelo, fertilizantes, horticultura, fisiología de los animales y hasta economía agraria, aunque se frustraba porque muchas clases eran en inglés y tuvo que aprenderlo sobre la marcha.
“El aprendizaje es una forma imparable y es tridimensional porque tiene profundidad y es vivo y dinámico”, decía a sus alumnas de Secundaria, a quienes continuaba dando clases, para sobrevivir.
En solo ¡tres años!, para sorpresa de sus profesores, completó sus estudios, con una tesis de graduación en inglés —que fue muy valorada—: El efecto de la condición seca sobre la germinación de semillas de manzana, lo que le valió ser contratada como investigadora asistente en el Laboratorio de Química Agrícola de su escuela universitaria.
Sería el año 1922 el que le traería novedades a la joven química; se convirtió en investigadora del reciente Instituto de Investigación Física y Química RIKEN. Un compañero, que era físico, la introdujo en la mecánica cuántica, conoció la espectroscopia y comenzó a aplicar lo que se sabía de los espectros de absorción al análisis químico.
Los especialistas explican que un espectro de absorción es el que nos muestra la fracción de la radiación electromagnética o de luz que incide en un material y que este absorbe dentro de un rango de frecuencias. Cada elemento químico posee uno diferente, por lo que se usa para analizar muestras de todo tipo (geológicas, biológicas, atmosféricas, etcétera). En su caso, Sechi fotografiaba los de todo tipo de sustancias químicas.
Kato Sechi pasó años elaborando mezclas de compuestos orgánicos, midiendo sus espectros y examinando su relación con las estructuras químicas metida en su laboratorio, entre probetas y matraces. Eso la llevó a presentar —con 38 años— su tesis doctoral sobre la polimerización del acetileno, lo cual la convertiría en la tercera mujer en Japón en recibir el título de doctora en Ciencias.
La Segunda Guerra Mundial puso una pausa en sus investigaciones y tuvo que dedicarse a investigar sobre combustible para aviones y aplicaciones para la penicilina, un antibiótico que servía para tratar la neumonía y otras enfermedades infecciosas.
Muy difícil fue para ella la muerte de su hijo en la famosa batalla de Iwo Jima, recreada en una película de Clint Eastwood: Cartas desde Iwo Jima. Cuentan que Sechi no se quitó, desde entonces, el abrigo del fallecido Jinichi.
Sepan los amables internautas que, a pesar de la crudeza de los años de postguerra para la ciencia, ella se volcó en su trabajo y continuó su propósito con entusiasmo, con sus colegas Kiyoko Yamamoto y Shizu Tonomura, también trabajó en proyectos sobre la fotosíntesis y sobre la estreptomicina, un antibiótico utilizado para tratar la tuberculosis.
Finalmente, en 1953, se reconoció por fin su investigación pionera en el análisis químico con espectros de absorción y se convirtió en la primera investigadora senior de RIKEN, donde trabajó hasta que se retiró, con 67 años.
Durante los siguientes 15 años, realizó una encomiable labor divulgativa y formativa, organizando seminarios de ciencia gratuitos para profesores de Secundaria. Una de las participantes en varios, recordaría después: “La intensa pasión de la profesora, capaz de seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida, cautivó el corazón de los participantes y nos dejó una profunda huella; nunca tuvo una actitud de enseñar a los demás, sino una actitud humilde de aprender juntos”.
Desde 2018, está en marcha, como homenaje a su intenso y fructífero trabajo —luego de su fallecimiento a los ¡96 años!— el Programa Kato Sechi, destinado a mujeres investigadoras y promover la igualdad de género en la ciencia, en el que la presencia femenina todavía es una quimera en Japón, pero donde Sechi dejó una profunda huella.
Curiosidades
-Sepan, amables internautas, que los dientes, huesos y perlas se disuelven nada más y nada menos que ¡en vinagre! Así como zumba y suena.
-Sine cura, expresión latina que significa: Sin esfuerzo, se utiliza para definir aquellos cargos o logros que se consiguen sin hacer demasiado esfuerzo.
-Tal vez quienes leen estas cápsulas del saber conozcan que los números negativos no siempre fueron aceptados por los matemáticos. Sí, no se asombre; durante siglos, se consideraba absurdo que un número pudiera ser menor que cero. Sin embargo, hoy en día, los números negativos son esenciales en muchas áreas, como la economía, donde representan deudas o pérdidas.
- En la Antártida fluye agua roja que parece ¡sangre!; es un fenómeno natural donde el agua salada, rica en hierro, fluye del glaciar, eso crea una llamativa cascada roja, resultado de las sales de hierro, o hidróxido férrico, que son expulsadas de la capa de hielo, y el agua proviene de un antiguo lago subglacial atrapado en el glaciar.
-“Libro cerrado, no saca letrado”, contundente sentencia rubricada por el poeta y dramaturgo español Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635).