La industria alimentaria avileña atraviesa su momento más crítico en años. Con una dotación de materia prima calificada por sus propios directivos como “ínfima”, la provincia apenas ha podido garantizar dos días de pan de la canasta básica en lo que va de mayo.
De acuerdo con declaraciones de Rafael Pina Joba, director general de la Industria Alimentaria en Ciego de Ávila, el déficit responde a una “situación coyuntural del país” que ha reducido drásticamente los balances nacionales de harina. En los últimos días, la provincia recibió 32 toneladas del cereal, una cantidad que permitió apenas dos días de cobertura total para los más de 43 000 avileños.
Pero la crisis no es solo de insumos. La situación energética ha golpeado con fuerza el proceso productivo. Ante los cortes eléctricos, la industria ha tenido que movilizar más de 25 hornos eléctricos para evitar que la masa se acidifique o se pierda. En algunas panaderías, la situación ha llevado a una solución de emergencia poco convencional: la masa se elabora en un lugar y se hornea en otro, trasladándola entre unidades según dónde haya corriente disponible en cada momento. Un proceso que, admiten los especialistas, afecta la calidad final del pan.
Uno de los cuestionamientos más recurrentes entre la población es por qué existe producción de repostería y dulces mientras el pan normado escasea. La explicación apunta a una vía alterna: contratos con actores económicos no estatales que suministran una “harina diferenciada”, destinada exclusivamente a la elaboración de productos de pastelería. Sin embargo, esa producción es calificada de “ínfima” y se comercializa de forma liberada, pero controlada, priorizando comunidades vulnerables.
Sobre el llamado pan liberado (el que se vende sin libreta), la respuesta es tajante: en este momento no existe. Toda la harina disponible se destina a la canasta básica o a la repostería diferenciada.
En medio del desabastecimiento, como consecuencia del recrudecimiento del bloqueo estadounidense a la Isla, la empresa ha tenido que reinventarse. Entre las producciones alternativas figuran croquetas elaboradas con extensores de yuca, calabaza y boniato; chicharritas de plátano; sopas de fideos y comidas alternativas.
Pero la diversificación va más allá de los alimentos. Con una nómina superior a los 1300 trabajadores, la industria alimentaria avileña proyecta abrir una tienda de venta de piezas y partes de vehículos como vía para garantizar los salarios. También planean explotar su taller de reparaciones (con tornos, fresas para rectificar motores y personal calificado) ofertando servicios a otras empresas, y poner en función una base de transporte que hoy mantiene nueve camiones parados —con gomas nuevas desde diciembre— mediante arrendamientos a actores económicos.
El diagnóstico que deja la situación es crudo: el pan de la canasta básica, históricamente un alimento de presencia diaria, se ha convertido en un artículo de aparición intermitente. Los hornos de leña han vuelto a encenderse como alternativa a la falta de electricidad. Y la industria alimentaria, cuya misión central es alimentar a la población, busca hoy oxígeno financiero en talleres mecánicos y repuestos de autos.
Texto generado por IA, con información aportada por Rafael Pina Joba, director general de la Industria Alimentaria en Ciego de Ávila; y revisado por Invasor.