La luz que cuida a quienes cuidan

El sector de la Salud en Ciego de Ávila avanza en la implementación de sistemas fotovoltaicos en unidades asistenciales y para trabajadores de primera línea, en el marco de la política nacional de soberanía energética

Cuando los apagones llegan, la doctora Rosa Victoria Venegas Pérez enciende el EcoFlow y sus vecinos de La Guajira se acercan a cargar el celular, la lámpara, o lo que necesiten. Su madre, de más de 75 años, ve su novela.

Ella hasta termina el parte médico que no había podido completar en su trabajo. Un panel solar ha transformado, de golpe, la rutina de sus vecinos más cercanos, dígase barrio o dígase prójimo. Esta historia multiplica sus protagonistas a lo largo y ancho de los 10 municipios de Ciego de Ávila.

El Ministerio de Salud Pública otorgó a la provincia 200 paneles fotovoltaicos como parte del programa nacional de soberanía energética, una cifra modesta en relación con la plantilla del sector, pero significativa como arranque de un proceso de mayor alcance que ya comenzó a dar sus primeros frutos.

La llegada de los recursos no fue improvisada. El doctor Kesnel Lima Rey, director general de Salud de la provincia, explica que ante la limitada cantidad disponible, las autoridades del sector decidieron crear una comisión provincial integradora.

“Participaron diferentes esferas, incluso los compañeros del sindicato y el partido, para valorar y evaluar cómo iba a ser la entrega”, refiere el directivo.

El criterio central fue la vinculación directa con la atención al paciente. Se priorizó a quienes cada día, de manera sistemática, están junto al enfermo: personal del programa materno infantil, trabajadores de la atención primaria de salud y de ambos hospitales provinciales, además de cuadros cuya labor trasciende el consultorio y llega al domicilio.

También se tuvo en cuenta a aquellos profesionales que realizan parte de sus tareas desde casa, como la elaboración de informes y reportes estadísticos que sustentan el funcionamiento de la red asistencial.

La distribución individual fue apenas el primer capítulo. En paralelo avanza la instalación de sistemas fotovoltaicos en unidades de salud de toda la red provincial: policlínicos, casas de abuelos, hogares maternos y hogares de ancianos son los principales beneficiarios.

Lima Rey confirma que la distribución institucional está completada en los 10 municipios y que los trabajos de instalación se encuentran en pleno proceso. En la capital provincial, los equipos trabajan actualmente en el policlínico Belkys Sotomayor.

El impacto proyectado en estos centros es doble: mejorar la calidad de la atención cuando falla el Sistema Eléctrico Nacional y elevar la calidad de vida de quienes residen en ellos.

“Generalmente, cuando se iba la corriente, los residentes no tenían posibilidad de continuar con las tareas o el esparcimiento en sus espacios”, señala el director, y pondera el alcance humano de la medida más allá de las cifras técnicas.

Lo que el Ministerio comenzó, el territorio lo amplía. Actores locales —mipymes y proyectos de desarrollo local— han asumido un papel complementario que enriquece los resultados de la política.

En el municipio de Florencia, el hogar de ancianos ya cuenta con un sistema fotovoltaico donado de forma gratuita por iniciativa local. En la cabecera provincial, diferentes actores tienen previsto donar e instalar sistemas en los cinco policlínicos del municipio de Ciego de Ávila, así como en el hogar de ancianos y en los tres hogares maternos.

Esta articulación resulta especialmente valiosa porque permite iluminar locales adicionales que las características técnicas de los sistemas ministeriales no alcanzaban a cubrir de manera completa. La sinergia entre el plan nacional y el aporte territorial dibuja, en conjunto, una red energética más resiliente para la salud avileña.

La doctora Rosa Victoria Venegas Pérez, especialista en Medicina Familiar residente en Ciego de Ávila, no necesita estadísticas para explicar lo que el panel fotovoltaico y el EcoFlow han significado en su vida. Habla de su madre anciana, de la novela que ahora puede ver sin interrupciones, de la diferencia entre trabajar iluminada o hacerlo con una lámpara de emergencia.

Pero hay algo que la profesional destaca con particular orgullo: la dimensión colectiva de un bien asignado individualmente. El día que la situación del Sistema Eléctrico Nacional fue especialmente crítica en la provincia, cuenta, sus vecinos llegaron a cargar celulares y lámparas.

“Es mío, me lo asignaron a mí, pero nosotros nunca estamos en función para la casa propiamente”, dice, y en esa frase late la vocación de servicio que define a quienes eligieron la medicina.

La médica avizora con optimismo la extensión del programa. Considera que el impacto positivo no se limitará a los sectores de la salud y la educación —que hasta ahora han sido los privilegiados— sino que, a medida que avance, alcanzará a la población en general.

Doscientos paneles fotovoltaicos son, en la aritmética del déficit energético nacional, una cifra pequeña.

Pero en Ciego de Ávila esos doscientos paneles han encendido consultorios, han iluminado hogares de ancianos, han permitido que una médica de familia termine su parte después del apagón y que su vecino cargue el teléfono con el que se comunica con sus hijos.

La soberanía energética, en el sector de la Salud, se construye exactamente así: panel a panel, centro a centro, persona a persona.