La circunscripción 33 del Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones, de la ciudad de Ciego de Ávila, convierte los solares yermos y los micro vertederos en jardines y organopónicos. Una delegada universitaria y sus vecinos demuestran que la crisis también puede ser semilla
El tramo de carretera que conecta hacia el municipio de Venezuela, entre las calles I y J del Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones, de la ciudad de Ciego de Ávila, lucía hace apenas unas semanas como el retrato más descarnado de la desidia colectiva: un micro vertedero que crecía con la misma velocidad con que mengua el combustible. Hoy, en ese mismo lugar, un vendedor por cuenta propia hace guardia informal frente a su puesto y advierte a quien intente arrojar desechos: “Se lo voy a decir a la delegada”. No hace falta más. La transformación no se decretó desde arriba; se organizó desde la acera.
La delegada que también da clases
María Elena Camejo Diago lo hace todo a la medida —y en eso radica precisamente su mérito. Profesora de Filosofía del departamento de Marxismo e Historia en la Universidad Máximo Gómez Báez de Ciego de Ávila (Unica), es al mismo tiempo delegada de la circunscripción 33 y presidenta de la Comisión Permanente de Trabajo de los Órganos Locales de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Ciego de Ávila. Una vida pública que, lejos de ser reciente, acumula cerca de dos décadas entre mandatos, presidencia del Consejo y funcionaria de la Asamblea Provincial para la atención de los consejos populares.
“Tú vives en este país, sabes todo lo que estamos pasando, pero, una no puede dejar de atender a quienes la eligieron”, afirma con la cadencia pausada de quien ha aprendido a medir las palabras tanto en el aula como en la asamblea. Acogida a la disposición del Consejo de Estado que libera a tiempo completo a los delegados para que trabajen de lleno en sus comunidades, Camejo Diago lo asume a tiempo parcial, pues imparte sus clases en modalidad en línea para no interrumpir la docencia y destina el tiempo restante a recorrer la circunscripción, detectar salideros, coordinar con entidades y movilizar vecinos.
Contra el vertedero, la acción colectiva
Eliminar un micro vertedero en tiempos de escasez de combustible es casi un acto de fe. Lo sabe bien la delegada, que coordinó el trabajo voluntario para limpiar no uno, sino dos puntos críticos de la zona: el tramo de carretera ya mencionado y el área situada detrás de la parada de la ruta dos.
El Proyecto de Desarrollo Local (PDL) CostÁvila respondió resueltamente en la eliminación de los micro vertederos, incluida la implementación de acciones educativas y comunitarias en función de la responsabilidad ciudadana y el cuidado del entorno. De hecho, vecinos y delegados de otras circunscripciones confluyeron en una jornada que dejó libres esos espacios, de la acumulación de residuos.
Pero la historia tiene un giro que vale la pena contar. Yandi Deudinot San Luis, trabajador por cuenta propia que comercializa tomate, malanga, plátano burro, boniato y carbón en lata en el área donde antes reinaba la basura, pasó de ser señalado como posible infractor a convertirse en el guardián más efectivo del lugar. Él mismo colocó el cartel de prohibición. Él mismo interpela a quien se acerca con una bolsa sospechosa. “Cuando veo a alguien que va a echar alguna basura, digo: voy a ir a buscar a la delegada”, cuenta con una sonrisa que el periodista también comparte.
María Elena no lo pasará por alto. Ha prometido que en la primera rendición de cuentas que tenga lugar en la circunscripción, un diploma llevará el nombre de Yandi Deudinot San Luis. El reconocimiento, dice, es la forma más barata y eficaz de sostener lo que cuesta tanto trabajo construir.
Soberanía alimentaria desde el portal y la azotea

La otra batalla que libra esta circunscripción no se da contra la suciedad, sino contra el hambre. Y tampoco espera directivas: germina en patios, canteros, azoteas y portales. María Elena Camejo Diago presentó junto a Yailin Merencio Nápoles, delegada de la circunscripción 21, una investigación sobre soberanía alimentaria y el papel de los delegados en garantizar la alimentación comunitaria. El trabajo fue expuesto en el evento provincial de Educación y en un encuentro internacional celebrado en Mayabeque. Lo que allí describieron como propuesta, en el Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones ya es práctica cotidiana.
En la propia casa de la delegada crecen plátano burro y plátano macho, gandul —con el que, según aclara con orgullo, se hace uno de los mejores congris—, plantas medicinales como salvahombre, menta (que muchos llaman estomaquito), albahaca morada y blanca, y especímenes para tratar afecciones de la piel y la presión arterial. Quien pasa frente a su portal puede pedir una postura. Nunca se va con las manos vacías.
El fenómeno se replica puerta a puerta. Dolores Sosa Revé, vecina con tres años de residencia en la zona, transformó el frente de su vivienda en un jardín de plantas medicinales —nitro, tuna, tilo, orégano, salvia— con la ayuda de su yerno Raddel Mafú, quien lo limpia, poda y cuida de las plagas cada día. “La delegada nos estimula a hacer estas cosas”, reconoce con naturalidad, como si fuera lo esperado de un buen liderazgo.
Unos metros más allá, el matrimonio formado por Celso del Río —profesor del Politécnico de Pesquería, de 76 años— y Búlmaris Saúd Romero —docente de pedagogía en el Politécnico Armando Mestre— convirtió un solar yermo que pertenecía a una vecina en un organopónico familiar. La idea fue sencilla: sembrar para que no aplicaran multas por el lote sin higienizar y, de paso, cosechar. Hoy ese cantero produce lechuga de manera permanente, perejil, frijol caballero, ajo, acelga, rábano y ajoporro. El excedente se vende a los propios vecinos. “Es una forma de ingreso”, confirma Búlmaris sin rodeos.
También Búlmaris aprovecha la azotea de su casa y muestra orgullosa su jardín vertical con anís de España, romero, cilantro, berenjenas y un cantero de posturas de lechuga listas para trasplantar en la parte baja. Aprovechar fregaderos viejos, cubos rotos, cualquier recipiente disponible: la creatividad es, en ausencia de recursos, la primera herramienta de la agricultura urbana.
Un consejo a la vanguardia del sur

La zona sur del municipio de Ciego de Ávila arrastra problemas estructurales conocidos. Pero el Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones ha decidido no esperar soluciones ajenas. Algunos comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF) se nutren hoy de lo que producen delegados y pequeños organopónicos comunitarios. Otros hogares han sembrado plátano y yuca en terrenos antes baldíos.
“No es por sentido de identidad ni de pertenencia”, matiza Camejo Diago con la honestidad de quien sabe que la modestia también es parte del oficio, “pero creo que el Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones ha contribuido de forma activa con el problema de la soberanía alimentaria”.
Para Búlmaris Saúd Romero, el papel del delegado en la crisis actual va incluso más allá de la comida y la limpieza: “es fundamental, empezando por los estudiantes que están abandonando la escuela para ayudar a incorporarlos a la sociedad, al grupo productivo. El trabajo con la familia, con los niños del programa Educa a tu hijo… eso es lo que nos hace falta”.
El Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones rindió cuentas el pasado 28 de febrero. Lo hizo con los vertederos erradicados y los canteros activos. Sin mucho ruido, sin grandes recursos, con la convicción de que en tiempos difíciles el liderazgo comunitario no se improvisa: se cultiva, igual que la lechuga, con paciencia y con agua.