Caminando por las calles de Ciego de Ávila es apreciable la coexistencia de lenguajes arquitectónicos, lo cual revela particulares vínculos entre el inmueble y la época que lo generó. Vivimos, cada día, en estrecha relación con la arquitectura, arista visual de la ciudad. Moradores o no de una vivienda, establecemos vínculos conscientes e inconscientes con otras edificaciones, o sea, participamos de la vida de diversos repertorios.
Pasado y presente se debaten la perdurabilidad de esta convivencia, en la mente de los que persistimos en promover la importancia del patrimonio arquitectónico. Por ello, desde el siglo pasado, arquitectos provenientes de distintas generaciones han estudiado edificaciones, sistematizado estilos y repertorios. No obstante, la arquitectura también ha ocupado a la Historia del Arte y a su ejercicio crítico, por ejemplo, cuando la provincia fue seleccionada como sede del XI Salón Nacional de Arquitectura y Urbanismo Ciego de Ávila, convocado por la Sociedad de Arquitectura de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de Cuba (UNAICC) en 2017.
Precisamente, en ese contexto, la revista cultural Videncia encargó trabajos y, entre ellos, se escribieron El arte que habitamos y Metáforas habitadas, publicados en Videncia No. 40 (2016) y No. 43 (2017), respectivamente.
Aquel evento se basó en la confrontación y el concurso entre diferentes escalas del diseño, estructurado en dos partes: la exposición de los trabajos en competencia y el encuentro académico, con las conferencias magistrales a cargo de diversas personalidades. Participaron, en exclusiva, profesionales graduados de arquitectura, con la intención de facilitar la promoción y exhibición de proyectos y obras. Estas, por su pertenencia, cabalidad y trascendencia, se convirtieron en representativas propuestas de las prácticas del ejercicio profesional.
Entre los proyectos que llegaron de toda Cuba, se aceptaron los diseñados y construidos, resolviendo problemáticas constructivas y, por ende, favoreciendo la aparición de acertadas transformaciones a los sectores estatal o privado durante el período 2013-2017. También se confrontaron trabajos investigativos, crítica, aproximaciones teóricas, así como publicaciones.
Vivienda ecléctica
A pesar del desempeño de los arquitectos, todavía podemos ver el deterioro de muchos inmuebles de altísimo valor, hasta un inmueble doméstico, sin que se dedique un financiamiento para su conservación o restauración, según lo amerite cada caso, peligrando de este modo su perdurabilidad con el paso del tiempo. Han transcurrido los años y, para malestar de la arquitectura —contenedora de infinidad de moradores—, la situación sigue siendo, cada vez, más crítica, pues solo un periplo por el entramado arquitectónico del Centro Histórico Urbano, atrae la atención de la ciudadanía, tradicionalmente amparada de la intemperie a través del despliegue de los ya muy “húmedos portales”.
Para ganar en profundidad y, actualizarnos sobre problemáticas de la arquitectura, se acudió al Arquitecto Jorge Sarduy Zamora, máster en Conservación de Centros Históricos y Rehabilitación del Patrimonio Edificado, quien, en el desempeño de su obra, parte del valor de lo multidisciplinar y la esencia sociológica inmanente en la arquitectura, y su diálogo cabal con otras áreas del conocimiento. Al respecto considera: “Perviven aún en la población el desconocimiento y el irrespeto por las Regulaciones Urbanísticas, lo cual está condicionado en gran medida por la carencia del dominio de los valores que ostenta nuestra arquitectura y urbanismo, que además incide adversamente en su preservación”. Otro de ellos, lo constituye “el deficiente proceso de diseño por parte de los profesionales que intervienen en el mismo, condicionado por el argumento anterior, porque deben articularse eficientemente cada uno de los componentes en el logro de una consecuente conceptualización y eficaz proyección”.
Es reincidente la carencia del diseño en las edificaciones actuales avileñas, este problema no es actual, y data de varias décadas; la desconexión, muchas veces, entre el promovente, el diseñador y el constructor, genera modificaciones inoportunas al diseño arquitectónico. Debe ser riguroso el proceso de diseño, a la par de un estricto proceso constructivo, donde quien edifique debe entenderse el garante de la máxima calidad del resultado arquitectónico, que, a su vez, es la materialización de los deseos iniciales del promovente, sea este estatal o privado, y cuyo mediador o nexo es el arquitecto. Sumado al equilibrio que deben tener los tres pilares básicos para que un inmueble sea considerado arquitectura: ser funcional, resistente y generar una emoción en el usuario o espectador de esta arte visual.
Ahora bien, lograr todo ello en el contexto cubano actual se ha complejizado, mas no es imposible de alcanzar, precisamente “porque estamos abocados a salvaguardar lo que nos distingue de la otredad, para poder seguir reconociéndonos como mismidad”.
Óptica avileña, edificación moderna
En relación a las deficiencias existentes en la valoración de nuestro patrimonio arquitectónico, el estudioso precisó: “Importante es reconocer el valor de la magna arquitectura cubana, que generó y condicionó una arquitectura local de menor connotación, pero que es parte indisoluble de nuestro devenir como avileños”. Hay que tener un punto de inicio, lo que implica analizar sus condicionantes, entorno social en el que se erige, los rasgos distintivos, es decir, profundizar en su evolución en el tiempo. Y, por supuesto, contribuir, desde todos los ámbitos, a la difusión social de esos mismos valores.
Algo imprescindible hizo notar: “es que existe un discurso arraigado, de analizar solamente a los inmuebles o conjuntos urbanos que han marcado hitos de un período y son los que se consideran que identifican la época estudiada. La arquitectura modesta, ubicada en el más intrincado sitio, de menores dimensiones, edificada con materiales menos elaborados pero fáciles de adquirir, la que mejor se ha adaptado a nuestro clima y adversidades geográficas, esa arquitectura también debe formar parte de nuestra retórica mediática, sin desmerecer el papel que debe reasumir la crítica arquitectónica en los medios de difusión, sentando precedente con un lenguaje desprejuiciado, actual y despojado de anquilosados conceptos”.
Otra cuestión fue contrastada, además, sobre la superación profesional del arquitecto y, en relación a ello, plantea: “Esta profesión constituye el punto perspectivado de las muchas aristas de un volumen, diría”. Argumentando que: “El profesional de la arquitectura tiene sobre sí una alta responsabilidad social, al concebir el espacio donde habita el ser humano, en el cual evoluciona determinada comunidad en el transcurrir del tiempo. Y es esa sociedad demandante, la que debe perpetuar una imagen genuina signada en ese mismo espacio”. Es decir, la realidad inmediata es muy cambiante, y el arquitecto debe estar preparado y actualizado para enfrentarla con decoro —sin obviar las realidades en la cual se desenvuelve—, y ser el traductor y materializador de lo que la sociedad de su tiempo desea decir y legar a las nuevas generaciones.
Cuartería
Se debe mantener “vista larga allende los mares con la otredad”, muy necesaria, que también evoluciona y se transforma, pero “no se debe obnubilar la vista corta, con lo que ocurre en materia de indagación y creación al doblar la esquina, dentro de nuestro portal, en una orilla de nuestro jardín, o incluso en nuestro traspatio”. Construir, se construirá, seguirá ese “proceso constructivo”, pero no trascenderá como arquitectura, si se obvian historia y cultura locales. Expuso Sarduy Zamora: “Es imperioso salir a recorrer las ciudades, aguzando la curiosidad, y ello permitirá incorporar una nueva mirada a un eterno problema. Lograr cada día espacios más humanos”.
Al decir de los estudiosos de la historia y de las artes en torno a la difusión del legado arquitectónico, “todo lo que se haga en pro de la difusión del legado avileño en nuestro propio terruño será poco. Sería ideal sin lugar a dudas, el incremento de la edición de textos relativos a la temática, o la inclusión de investigaciones que tributen al mismo, en publicaciones seriadas o no, radicadas en predios locales, ello redundaría en un aumento de la bibliografía de consulta para la población y otros profesionales”.
Sería oportuno señalar cómo “a pesar de que en la actualidad el sector constructivo enfrenta un momento crítico, no se han detenido los estudios acerca de nuestro legado y prosiguen las propuestas para su rescate; hace algún tiempo no se realizan eventos o encuentros profesionales en nuestra localidad, para debatir esta problemática de la praxis”.
Quizás algunos piensen estas cuestiones de la preservación del patrimonio, así como la edificación del hábitat se reduzca a Cuba, pero no. “La vivienda constituye un problema mundial, no solo para Cuba: desde 1959 su resolución ha sido una premisa, se ha construido mucho, pero la calidad ha disminuido, los recursos menguado, la cantidad también, en un territorio donde más del 80 por ciento del fondo construido lo componen inmuebles dedicados, exclusivamente, a uso habitacional. La ubicación geográfica de nuestro país constituye diana de fenómenos climatológicos, y el elemento más vulnerable lo integran las cubiertas (la quinta fachada), que continúan siendo la asignatura pendiente a resolver”, o sea, se ha incrementado la producción teórica por y para el sector de la vivienda, acompañado de universidades, centro de estudios, entre otros, aspecto que ha respaldado su praxis en el momento preciso, mas, el gremio continúa inconforme, los inmuebles no aminoran su deterioro, y la población es la principal afectada”.
Aunque se ha abundado en aspectos colindantes con la actuación de hoy, merece una explicación profesional sobre el comportamiento actual de la ejecución constructiva, en la cual “se evidencia un aumento de la desconexión en algunas de sus fases, entre el diseñador arquitectónico y el constructor, que es quién materializa la obra arquitectónica. Desde el punto de vista estatal es necesario reforzar el nexo entre gestor y autor, algo que tiene instituido el proceso inversionista, y que las más de las veces se ve comprometido”. Por otro lado, se considera que, en el caso del hacer privado, no son muchos los que, al comenzar las labores edificatorias, consultan al autor de la obra para llegue a feliz término”. Indudablemente, abunda la improvisación a pie de obra, y son pocos los diseños que han alcanzado todos los elementos funcionales, estructurales y formales dignos del concepto inicial. Si el diseño no llega a feliz término, queda en un frustrante desvelo de su creador, o cuando más, en un soporte gráfico, sin jugar el rol social que amerita”.
Aseveró el experto, sobre las realidades del quehacer del arquitecto: “Como profesionales vamos a la saga en cuanto a la materialización de nuestra obra arquitectónica, en relación con otros creadores de las artes visuales cubanas, la arquitectura cumple una ingente función social, que rebasa la función espacial interna o externa para la que considero que se concibe cada inmueble o entorno urbano. Y es la sociedad, en su diverso y complejo evolución la que reconocerá y hará suya dicha obra. La obra resultante estará bajo un escrutinio social y gubernamental, sometido a presiones desde diversos ángulos incluso a veces contrarios y divergentes”.
Concluyendo, la arquitectura constituye una especial integración entre el arte y la técnica con un destino común: diseñar y materializar edificaciones, así como otros tipos de estructuras conformadoras de diversos espacios, los cuales definitivamente amparan y transforman para bien el entorno humano. Es preciso no finalizar sin la rememoración de las palabras del notable profesional de la arquitectura, profesor universitario e intelectual cubano Dr. Arq Mario Coyula Cowley: “Yo quiero que vivamos metro a metro, la de la suave patria cubana, capaz de modular el espacio para una idea preciosa de la humana existencia”.