Phillips es Teófilo

Por Arley Puyol Álvarez
Foto: Jessica Beatriz Díaz Sosa
Phillips afrontó la actuación con un compromiso del tamaño de una figura que trasciende el deporte para habitar en el orgullo de un país.

Unas 60 naciones, lideradas por Estados Unidos, decidieron no asistir a los Juegos Olímpicos. El boicot fue el drama de muchos atletas y un impedimento para mayor rivalidad, pero también sirvió como preludio de algunas gestas deportivas. Era 1980 y Moscú era el terreno de la épica.

A un día de la clausura, el 2 de agosto, Teófilo Stevenson subió al cuadrilátero del Estadio Olimpiski para disputar la final de más de 81 kilogramos. Sobre él pesaban toneladas la posibilidad de convertirse en el segundo boxeador de la historia con tres oros olímpicos. Fue liberándose de semejante carga a medida que sus puñetazos impactaban en el cuerpo del local Piotr Zayev. Los jueces vieron ganador al cubano por decisión (4-1). Teo alzó los brazos y agarró un trozo de eternidad.
---

Es 2026 y Ciego de Ávila se convierte en el epicentro de un debate sociocultural. En medio de una profunda crisis energética ¿cuán urgente es realizar un evento artístico? El Festival Piña Colada se celebra por vigésima tercera ocasión, del 2 al 5 de abril, en la ciudad capital y el municipio de Morón.

Para la primera noche, la cartelera anuncia, en el patio de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el concierto de la solista Oristela Betanzos junto al trovador Héctor Luis de Posada, con Alejandro Phillips Santana de invitado. Phillips no es músico, sino el actor avileño que protagoniza Teófilo, película en etapa de postproducción.

La guitarra enmudece por unos instantes y presentan a Phillips como un joven egresado del Instituto Superior de Arte y principal figura en el elenco del nuevo filme de Alejandro Gil. Phillips luce un pulóver azul oscuro con rayas blancas. Sobre su ropa es visible el agotamiento tras un viaje desde La Habana.

Responde con bastante rapidez las preguntas en vivo y entra a un salón de la Uneac para conceder entrevistas a los medios provinciales. Phillips contesta en modo automático. Primero aclara que Teófilo no es un biopic, sino una ficción inspirada en la vida del legendario pugilista, sobre todo en sus tres coronas olímpicas: Múnich ’72, Montreal ’76 y Moscú ’80.

“En la película se habla de la intención que hubo de convertirlo en profesional y de cómo él rechazó todas las ofertas. También se habla de la pelea con Muhammad Ali, la pelea del siglo, que nunca se realizó. Según supe por la investigación, más del 60 por ciento de quienes pagaron por un palco en el Madison Square Garden no devolvieron la entrada para quedarse con el boleto”, revela.

Ilain Medina, de la emisora Radio Surco, recoge consideraciones para la sección deportiva del noticiero. Su pregunta al actor es específicamente sobre Teófilo Stevenson. Sin apenas meditar, Phillips le dice:

“Yo, por supuesto, siempre supe de Teófilo; pero no lo vi pelear, no viví su tiempo. Cada día me sorprende el respeto y la admiración que le tienen no solo en Cuba, sino también en el resto del mundo. El fotógrafo de nuestra película, Ángel Alderete, es el mismo del documental Mijaín. Él vio que en París había una fotografía de cuatro metros de Teófilo. Eso da a entender que es una figura muy reconocida, muy respetada, un cubano universal”.

Son más de las doce de la noche y un apagón interrumpe la entrevista que iba a ofrecer a Invasor en ese instante. Phillips, sin embargo, habla de Teófilo sin parar. Cuenta que ganó más de setenta peleas por nocaut y que es el único amateur en el Salón de la Fama del Boxeo Profesional. En los últimos años, Phillips ha hablado bastante de Teófilo Stevenson ante los medios de prensa nacionales y extranjeros. Ha olvidado referirse a sí mismo como papá, como esposo, como actor… Alejandro Phillips se ha convertido en Teófilo Stevenson. La película está rodada completamente, pero el actor no sabe cómo dejar de ser el personaje.

Dos días más tarde, después de visitar a su familia en el reparto Vista Alegre y cuando la agenda del Festival Piña Colada le permite un espacio, Phillips conversa con Invasor en un café del bulevar, vestido por su sonrisa y sin rastro de cansancio.

Más allá de las enormes distancias entre un boxeador de los setenta y un novel actor, sí existen paralelismos en las carreras de ambos. A los veintiocho años, la edad con que Stevenson consiguió ser campeón olímpico por tercera vez, Phillips encuentra otras conexiones de la misma índole.

 

“Cerveza por medio, Alejandro Gil y yo llegamos a esa conclusión. Creo mucho en la espiritualidad y creo que, de alguna forma, Teófilo me escogió a mí. Cuando uno ve cómo ese personaje me llegó… Yo salí de la escuela a hacer un protagónico. Es muy inusual. El vicedecano de la Facultad, José Miguel Pérez (Jochi), me dijo una vez en chiste: ‘firma aquí, que tú vas a ser grande’. Tres meses después me vio para decirme que Alejandro Gil le había pedido una persona con las características de Teófilo y que habían pensado en mí. Yo no hice casting, fui directo.

“La historia de Teófilo es un poco así. Salió de Puerto Padre e integró el equipo Cuba. Y con veinte años, campeón olímpico. Yo salí de Ciego y mi primer papel es en una de las producciones más importantes del país en los últimos años. Me sentí con una responsabilidad tan grande como la de él en aquellas competencias”.

Phillips habla con una ligereza inverosímil. Por su forma de hablar, pareciera que todo el proceso fue simple. Nada está tan lejos de la verdad. Sin contar los años de formación actoral y todo lo que ello implica en la Cuba de hoy, la preparación para encarnar a Teófilo supuso un reto olímpico.

“Fue un proceso muy largo. Trabajaba en un restaurante por la noche y por la mañana me iba a entrenar. Así estuve tres años. Yo, ni yaqui jugaba, nunca había practicado deportes. Empecé con el entrenador Alberto González en el gimnasio de boxeo Rafael Trejo. El boxeo es un deporte muy complejo. Es precisión, velocidad y fuerza. Necesita mucha coordinación, porque rompe toda la dinámica del cuerpo. La táctica es complicada. Hay que estar treinta segundos arriba de un ring para saber cuánto uno se agota física y mentalmente.

“Corría seis kilómetros diarios y después comenzaba el entrenamiento. Los sparrings eran muy duros. Los hacía como uno más del equipo de boxeo de La Habana. A ellos les decían que conmigo trabajaran al cincuenta por ciento, pero, si eso era al cincuenta por ciento… Yo llegaba a la casa y ni hablaba. No tengo una explicación científica, por decirle así, pero supongo, que era, porque estaba al límite constantemente. La vida me cambió desde que hice la película”.

Phillips tomó el boxeo con tanta seriedad que le propusieron ir a competir por el equipo de La Habana. “Ahora tú sí te volviste loco”, fue su respuesta al entrenador. Pero también era de locos que, después del sacrificio por asemejarse más a Teófilo, la película no se desarrollara y “podía haber pasado por falta de presupuesto”, dice.

Por esa razón la película es una coproducción con México y Rusia. La financiación extranjera hizo posible Teófilo y que Phillips llegara hasta el gigante euroasiático para rodar en Mosfilm, uno de los estudios cinematográficos más grandes del mundo.

“Fue mi primer viaje. Mosfilm es una ciudad, como del tamaño de Ciego, por ejemplo. Hacen un promedio de tres mil películas al año. El cine ruso es impresionante. Quizás porque estamos más occidentalizados, no tenemos mucha referencia. El sistema de producción es muy bueno. Todo es protocolar, está organizado cada detalle. ¡Qué puedo decir? Sentí que fui DiCaprio por quince días”, cuenta sin más.

alejandro2Estudios Mosfilm

A Phillips se le agolpan los recuerdos de esa experiencia, pero cuando habla de DiCaprio lanza una carcajada. En uno de sus stand up comedy, Phillips bromea con que lo confunden en la calle con el famoso actor hollywoodense. El humor, durante el tiempo de rodaje y en la actualidad, fue la tabla de salvación del avileño.

“Hubo una situación que me llevó al humor. Yo me fui de Ciego para trabajar con Teatro La Luna, pero al director le llegó rápido un contrato en el exterior. Entonces me decidí por el humor, que te permite ser bastante independiente. Me puse a leer, estudiar y salió mi primer personaje: Josefina. Lo presenté a un Aquelarre y a partir de ahí inició mi carrera. Luego, gracias a Michel Pentón, comencé en una peña de stand up comedy en el Bertolt Brecht.

“El stand up comedy es muy sencillo a nivel de producción. Por eso cobra tanta fuerza ahora, por las condiciones en las que vivimos. Ensayamos en casa, no se necesita una escenografía costosa. Es más viable. Lo que, sí creo es, que todavía el humor es visto como un arte menor. Hay que romper esa teoría. El humor es parte de mi superación profesional y mi sustento de vida”.

Si no fuera por el stand up comedy y la insistencia de Alejandro Gil, quizás Phillips no hubiera logrado el protagónico de Teófilo. El humor representaba sus finanzas y el director de cine le alimentaba el anhelo de verse en pantalla grande.

“Alejandro Gil es mi padre. Es un ser humano inigualable. En mis tres años de procesos, en los que no me pagaban, me escribía todos los días. Siempre confié en él. Es un director extraordinario, con una sensibilidad, un sentido común, una claridad… Hicimos un trabajo de mesa muy exhaustivo, prácticamente escena por escena, diálogo por diálogo, matiz por matiz. Toda la investigación fue muy rica”.

La comunidad del central Delicias, en Puerto Padre, recibió a Phillips como Teófilo, o mejor, como Pirolo, el mote de Stevenson. Nadie lo trató siquiera como el multicampeón olímpico y mundial, sino como uno más de allí. Para el actor, ese fue el instante en que inició la mutación definitiva.

“Sucedió algo muy bonito cuando todavía no empezaba a grabar: la gente me llamaba ‘Pirolo’ y, por ejemplo, me decían: ‘siéntate ahí que ese era tu puesto’. Me dieron un trago de su ron preferido en el mismo vaso donde él tomaba. ‘Pelusa’, un señor de la zona, me dijo que a Teófilo le gustaba mucho ‘El rey’ y que siempre lo recibía con esa canción. Fuimos al terreno donde estaba su casa; solo queda el horcón principal. Esa energía era importante absorberla.

“En La Habana conocí a la esposa de Teófilo. Fuimos a su casa. Me enseñó todas las fotos y videos que solo ellos tienen. Tuve acceso a mucho material. Me contó un sinnúmero de anécdotas. Ellos tienen el propósito de defender el legado de Teófilo y yo, el de cuidarlo con mi interpretación.

alejandro3

“Su hija, que vive en México, vino para conocerme y estar en un día de rodaje. Me enseñó el perfume de su papá, el que él decía que era su perfume de la suerte y que cuando no lo usaba le iba mal en el día. Me mostró las tres medallas de oro macizo que le entregó el Comité Olímpico Internacional en forma honorífica, como una edición especial. El valor histórico que tienen esas preseas para coleccionistas, para museos… no tiene precio. Ese era su tesoro más grande, me dijo ella”. 

Armado de tanto conocimiento, Phillips afrontó la actuación con un compromiso del tamaño de una figura que trasciende el deporte para habitar en el orgullo de un país. Esa, sin duda, era una interpretación que requería igual arrojo que habilidad actoral.

 

 

“En la película no utilicé ningún método específico, porque ser Teófilo era muy complejo. Más bien me apropié un poco de todos. Quizás el método Stanislavski es el más conocido. Yo utilizo mayormente el método Meisner. Leía mucho el guion, lo dividía por escena, le hacía preguntas al personaje. Esa fue mi fórmula. Escribí una biografía de Teófilo para relacionarme mejor con él”.

alejandro4

Sin fecha de estreno aún, la película Teófilo, con las actuaciones además de Kike Quiñones y Jorge Martínez, genera expectativas en el mundo cinéfilo y en el deportivo. Phillips, en tanto, es más cauto para emitir un criterio.

“Para mí es muy complicado vaticinar qué será de la película. Influirá quién la distribuya, cuál sea el contexto en el que salga. Es importante decir que se filmó, de todas formas, en condiciones complejas; pero llamará la atención seguramente. Hicimos catorce peleas. Son muy reales. Los golpes se van a sentir. Así lo quería Gil. Filmamos en el Coliseo Deportivo con más de seiscientos extras. Se cuidó mucho la época, el vestuario, el maquillaje. La fotografía de Alderete es preciosa. La gente no creerá que lo hicimos en Cuba”.

Al terminar esta actuación, Phillips continuó su andar dentro del cine. Adelanta que trabaja en Colono, un filme cubano inspirado también en sucesos reales. Dice que no debe hablar más para proteger el nuevo proyecto, pero lo cierto es que le resulta imposible, porque todavía Phillips es Teófilo.

La ausencia de Cuba en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 impidió saber si Teófilo habría subido a lo más alto del podio por cuarta ocasión.

Tampoco hoy es posible determinar si algún día Phillips podrá bajarse del ring de esta actuación.

alejandro5