Cada vez está más cerca el día de la inauguración oficial de la vigesimoquinta edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (en lo adelante identificados con las siglas JDCC). Hoy, Invasor recuerda un triunfo sin precedentes del deporte local en estas citas, el logrado por el joven Reimundo Jorge Alemán Carbonell en la oncena edición del certamen.
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“Esta vez los mexicanos van a tener que pelear mucho más duro” , manifestaba a Prensa Latina, David Moya, Presidente de la Federación Cubana de Judo. El vaticinio tenía su fundamento en las mejoras técnicas que evidenciaba una escuadra que, por demás, “es joven, se ha preparado correctamente y posee un acondicionamiento físico de gran altura, en el que sobresale la ayuda de otros dos deportes: las pesas y el atletismo”, según argumentaba el directivo, al evaluar las potencialidades del elenco, dispuesto a desplazar a los aztecas de la cima regional, ganada estrechamente ante sus vecinos de la mayor de las Antillas en 1966, cuando este milenario deporte de combate hizo su debut en el programa de los JDCC.
En el sexteto que presentó Cuba se incluyó Jorge Alemán Carbonell, quien intervino en la categoría pluma o semiligera (63 kilogramos), la que agrupó a los contendientes de menor peso corporal.
Pero antes de hacer acto de presencia en el tatami instalado en el gimnasio del Colegio Javier, subsede del judo en el contexto de los XI JDCC que acogió Ciudad Panamá, el nacido en Ciego de Ávila el15 de marzo de 1948, había dado señales de progreso, especialmente en el bienio 1968-1970.
Una muestra inequívoca de su clase aconteció en los meses de mayo y junio de 1968, cuando firmó excelentes demostraciones, de hecho, el mejor resultado individual de los integrantes del conjunto nacional en el dual meet con su similar de la República Democrática Alemana, tope efectuado en tres escenarios: Camagüey, Santa Clara y La Habana.
En su primer examen internacional, el criollo de 20 años y estudiante de Educación Física, sumó tres victorias, dos empates y una derrota frente a los teutones Karl Heinz Werner y Dieter Schols.
Tanto fue el impacto de sus desempeños que, al término de la temporada, y teniendo en cuenta la disciplina mostrada dentro y fuera de los tatamis, y sus resultados más notables, fue escogido como la segunda figura anual del judo cubano, sin distinción de peso corporal. El entonces primer dan había terminado como subcampeón del país en la división ligera; su empuje y calidad se hacía sentir en cada aparición.
A no dudarlo, la entonces región Ciego de Ávila-Jatibonico concentraba a la mayoría de los principales judocas del extenso Camagüey, al punto que, un año después, seis de los 10 mejores atletas de dicho deporte de combate en la provincia se habían formado y procedían de predios avileños; entre ellos, Carbonell dictaba la pauta, era el líder indiscutible.
En Panamá, Alemán encabezó el grupo B, con triunfos por wazari ante el salvadoreño Mauricio Sandoval y el boricua Héctor Quesada. A continuación, selló con ippon el pleito que sostuvo con Richen el Van Frederic, representante de Antillas Holandesas quien, a su vez, había ganado en el repechage al mexicano Raúl Foullón.
Restaba únicamente el combate más importante de su carrera. En la discusión del título, la prensa nacional se deshizo en elogios para el flamante campeón: “con brillante estilo venció al venezolano Alberto Lira, a quien superó por decisión después de aplicarle dos volteos que evidenciaron la consistencia de su rival”. Para Von Frederic y Quesada, las medallas de bronce.
Si cuatro años atrás, los aztecas reinaron “por un pelo”, en el istmo se invirtieron los papeles, con Cuba a la vanguardia al reunir un botín ligeramente superior: tres medallas de oro, una de plata y otra de bronce, mientras sus enconados adversarios accedían a un resultado casi idéntico, salvo que no se apoderaron de algún subtítulo.
Fuera del programa oficial, se efectuó un certamen por equipos. Las mieles del triunfo colectivo —al que aportaron Alemán Carbonell, Humberto Medina y José Ibañez—también correspondieron a los cubanos. Así se adueñaron de la copa que al efecto donara la Unión Panamericana de esta disciplina. En el caso del avileño, tuvo que enfrentar en el combate final al mexicano Carlos Espinosa, quien había reinado en la división inmediata superior (70 kg), pero que no pudo con el nuestro, pese a su mayor peso corporal.
El éxito de Alemán Carbonell tuvo notable impacto en su patria chica, la que no volvió a tener a otro judoca con similar rango hasta las dos últimas ediciones (2018 y 2023), citas en las que Jorge Víctor Martínez Wilson acumuló tres preseas, una de cada color.