Huella avileña en juegos centro-caribeños: Miguel, El Canguro

Cuando este sábado restan 75 jornadas para que acontezca la inauguración de la vigesimoquinta edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (en lo adelante identificados con las siglas JDCC) invasor.cu se acerca a uno de los campeones avileños menos conocidos.

Dos méritos que ningún semejante jamás podrá disputarle en la historia deportiva de Ciego de Ávila, le corresponden a Miguel Montalvo: fue el primero en alistarse en una lid multideportiva regional como saltador de altura e inauguró, en 1968, la presencia avileña en juegos olímpicos.

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A la cita, que aconteció en la capital jamaicana, llegó Montalvo con el epíteto que lo acompañaría en diversas lides y en dos modalidades diferentes. Ya se le conocía a través de los medios de difusión del país como El Kanguro, o El Canguro, pues de ambos modos fue identificado por la prensa especializada en aquellos años.

A fines del mes de mayo de 1962, en una tarde de sábado signada por el intenso calor, los registros de la naciente estrella en el salto de altura le aseguraron un sonado triunfo en el Campeonato Nacional de Atletismo, y al mismo tiempo, confirmaron en el estadio Pedro Marrero sus potencialidades para integrar la selección cubana que asistiría a los IX JDCC.

En definitiva, Montalvo integró la delegación que hizo las maletas a la tierra del reggae, pero no compitió; llama la atención que. en 26 oportunidades más, tampoco lo hicieron otros cubanos, incluidos en una amplia delegación que presentó 53 contendientes en el Deporte Rey.

En este evento lo mejor para Cuba fue el brinco con el cual, Ricardo Pérez, sobrepasó el listón a un metro y 92 centímetros para adueñarse de la cuarta plaza. Únicamente el guatemalteco Teodoro Palacios burlaba los dos metros, marca récord con la cual mantuvo la corona ganada en 1959.

Inmediatamente después de los JDCC, y en medio del entusiasmo por captar a prospectos de elevada talla, El Canguro probaría suerte en una disciplina en la que el naciente movimiento deportivo del país invertía esfuerzos y recursos.

Daniel Reguera apuntaba en la página deportiva del periódico Hoy, el 4 de septiembre de 1962, que “el largo Miguel Montalvo con sus seis pies, cinco pulgadas de estatura, jugará con el equipo del Reparto El Rubio en el próximo Campeonato de Baloncesto Novato”, lid que en la capital enrolaba a más de 40 conjuntos; y al cabo de cinco jornadas compartía con los lectores del citado diario una premonición: “el joven del Central Cunagua se convertirá en poco tiempo en una figura estelar de nuestro baloncesto”.

Y así fue, al punto que recorrió importantes urbes del planeta como parte de la escuadra nacional que se abría paso en las más exigentes justas, y arribó a los siguientes JDCC como parte de un elenco con aspiraciones de escalar el podio.

El debut ante el quinteto de México no pudo ser mejor. Si los de la patria de Juárez habían sido el tradicional verdugo de los criollos, en las canchas boricuas cambió la historia: los cubanos los doblegaron en cerrado choque que concluyó 82x79.

En partido celebrado en el Country Club, de la ciudad de San Juan, fue todo un suceso para los pupilos de Mario Risita Quintero, pues la última victoria frente a México en el baloncesto de los JDCC databa de 1946, por añadidura, en un choque eliminatorio que no repercutió en el resultado final de los campeones aztecas.

Sobre la cancha jamaicana, los nuestros salieron por la puerta ancha, además, en sus compromisos con El Salvador (88x44), Islas Vírgenes (80-48), República Dominicana (109x63) y Barbados (109x58), en ese orden.

Por su parte, los dueños de casa tuvieron un torneo de ensueño, en el que solo los de la mayor de las Antillas pusieron en aprietos su invicto el 22 de junio. Fue este un encontronazo que adquirió ribetes extradeportivos, ante las acciones provocadoras de elementos contrarrevolucionarios.

En su libro de crónicas Nos vimos en Puerto Rico, el periodista Juan Marrero ofrecería los detalles que ahora reproduce invasor.cu: “Bajo intensa presión hacia los jugadores cubanos se desarrolló el primer tiempo del crucial partido (…). Los boricuas lograron sacar una gran ventaja. Pero los cubanos recuperaron en el segundo tiempo el terreno perdido y lograron llevar el marcador a un empate a 71 tantos. Faltando diez segundos, los boricuas, tras una tirada libre y un enceste de afuera, se pusieron arriba. Y en esos instantes, cuando los cubanos bajaban la bola hacia el tablero, se produjo el incidente de la bandera”, fue el momento en que un individuo trató de arriar la enseña de Cuba.

“Osvaldo Abreu, uno de los baloncestistas cubanos que se encontraba en el banco, al percatarse de la fechoría, sin decir palabra, se abalanzó sobre el contrarrevolucionario y cogiéndolo por los pies lo tiró hacia abajo. Otros jugadores de la reserva del equipo (…), así como el resto de los integrantes de la delegación allí presentes, se concentraron junto a la verja para dar su merecido a los apátridas que participaban en la acción”.

El choque se definió por diferencia de cinco puntos en el escore final, 76x71, a favor de los anfitriones.

Solo un resbalón ante la fuerte escuadra de Panamá (69x76), en la tercera fecha del certamen, y en el que mucho tuvo que ver la ausencia de Pablo García, lesionado en el compromiso con los aztecas; impidió a los cubanos terminar con el subcampeonato, toda vez que mexicanos, antillanos e istmeños concluyeron con igual balance de cinco éxitos y par de traspiés. La diferencia de tantos anotados y permitidos garantizó los metales plateados a la formación mexicana, y los bronceados, a la de Cuba.

En el resultado colectivo de los cubanos estuvo presente el aporte de dos jóvenes cunagüeros: Andrés Tamakún Martínez y El Kanguro Montalvo, quienes formaron filas junto a Abreu, Inocente Cuesta, Pedro Chappé, Jaime Davis, Carlos Enrique del Pozo, Pablo y Raúl García, Jacintón González, Ruperto Herrera y César Valdés.

La revista Cuba, en el número correspondiente al mes de agosto de 1966 estuvo dedicada a los resultados de la delegación cubana en San Juan. Lea aquí las opiniones de Mario Quintero acerca de la actuación del baloncesto masculino y la conducta de Miguel Montalvo.

 entrevista

Si bien no estuvieron entre los encestadores principales de la escuadra, ambos atletas vivieron las emociones de aquel espectacular certamen, firmaron un antecedente de valía en la historia del deporte ráfaga en Ciego de Ávila, y regresaron a la patria con la medalla de bronce sobre sus pechos.

Consulte la anterior serie de trabajos sobre el tema, publicados a partir del 19 de marzo y hasta el 20 de junio de 2023