Huella avileña en juegos centro-caribeños: Dúo beisbolero en Panamá

Cada vez está más cerca el día de la inauguración oficial de la vigesimoquinta edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (en lo adelante identificados con las siglas JDCC). 

Hoy, Invasor se detiene en el quehacer de dos exponentes locales que contribuyeron al éxito colectivo del béisbol cubano en los XI JDCC. 

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Los criollos acudieron a la cita que tuvo por sede a Ciudad Panamá dispuestos a conservar la primacía en el béisbol, deporte insignia en la mayor de las Antillas. 

Un triunfo arrollador en el estreno a costa de Nicaragua hizo pensar en un camino a la cúspide relativamente fácil. El primer día de marzo, José Antonio Huelga dejó en cuatro imparables y cero carreras a los pinoleros, mientras la toletería criolla pisaba el home en 11 oportunidades. 

El zurdo Santiago Changa Mederos también cubrió toda la ruta en la jornada siguiente, cuando los pupilos de Servio Borges doblegaron a México, 7x1 y el ganador dejó a 21 oponentes con la carabina al hombro, marca individual de ponches propinados en un desafío de nueve entradas que parece insuperable. 

Pero a la tercera fue la vencida y de ello se ocuparon los dominicanos; anotaron siete veces ante un cuarteto de tiradores, mientras los de la isla mayor del Caribe se quedaban a tres carreras de distancia en el score final. En nueve capítulos completos, el espigado zurdo Ramón de los Santos tuvo un excelente control sobre su curva y mezcló muy bien sus lanzamientos rápidos frente a la artillería cubana. 

Un segundo aire para los defensores del título se produjo con la paliza de 14x1 a Antillas Holandesas y el éxito posterior, 8x2 vs Colombia. 

Para los últimos compromisos el hermetismo de los monticulistas criollos se adueñó de los titulares periodísticos, pues acumularon tres blanqueadas en línea, la primera de ellas en un cerradísimo tope en el que Huelga dejó en un solitario jit a Venezuela y Cuba firmaba la única carrera del choque en la apertura de la novena entrada. Fue un gran duelo el que entablaron el espirituano y el morocho Antonio Córdoba. 

Después del susto, sobrevinieron las alegrías en los encuentros con Puerto Rico, 10x0, y Panamá, 7x0. A los canaleros, Changa les suministró otra buena dosis de ponches, 16, con los cuales sumó 37, líder del certamen en este apartado de juego. 

Como en 1966, Felipe Sarduy volvió a lucir la casaca de los campeones. Esta vez lo hizo como eficiente guardián de la primera almohadilla en el estadio Juan Demóstenes Arosemena. En cada entrada en las que el combinado cubano actuó a la defensa —72 en total—, exhibió su maestría el oriundo del actual municipio avileño de Venezuela, guarismo que solo igualó en los jardines el matancero Fermín Laffita. Facturó 81 outs Sarduy, con una asistencia y par de errores en 84 lances, números que le reportaron un promedio defensivo de 976. Y al bate, compiló average de 300, resultado de nueve conexiones efectivas en 30 turnos oficiales, incluidos un doble, un triple y un cuadrangular. Además, recibió cinco boletos, recorrió un total de 15 bases, empujó cuatro carreras, anotó siete y fue ponchado en cinco oportunidades. 

 salasEn 1970 Mayito Salas condujo las riendas del seleccionado nacional, titular mundial juvenil en el béisbol aficionado Foto: Cortesía de Andrés Roberto Gutiérrez PérezDesde que los peloteros cubanos iniciaron los entrenamientos, los acompañó un joven de 27 años. Aunque no era parte del cuerpo de dirección del elenco, Mario Salas Inerarity resultó muy útil durante las jornadas previas y en el transcurso de la lid. Días antes del arranque de la competencia, reportaba el diario Juventud Rebelde una práctica en la que el técnico y preparador de Ciego de Ávila fungió como uno de los improvisados lanzadores: “Los criollos batearon durante casi dos horas, mientras actuaban en el box Gaspar Pérez, Braudilio Vinent, Urbano González y Mayito Salas”. 

La experiencia adquirida en Panamá, se revirtió en un hecho inolvidable para Salas Inerarity, cuando en octubre del propio año condujo las riendas de la selección nacional juvenil que ganó, por primera vez para Cuba, el Campeonato Mundial de Béisbol aficionado de esa categoría. 

Cuando el 14 de marzo de 1970 fueron clausurados los Juegos, la reducida representación de las regiones avileñas que entonces formaban parte de la provincia de Camagüey disfrutaba un botín sin precedentes: cuatro medallas físicas de oro, tres de plata y una de bronce, metálica evidencia en la que se incluía el premio dorado de Felipe Sarduy y la invaluable contribución de Mayito Salas. (Continuará)