El niño grande del ajedrez avileño

Tembloroso, el Maestro Internacional (MI) Jorge Roberto Elías, hizo un ademán para tomar un alfil blanco y retiró su mano. Con piezas negras, el Gran Maestro (GM) Dylan Berdayes mantenía la calma. Eran solo apariencias. Después de nueve rondas de clásicas, ambos terminaron empatados, pero Elías superó a Dylan en la primera partida rápida y con unas tablas sería el nuevo monarca del ajedrez cubano.

En el medio juego, Dylan tenía ventaja, tal vez suficiente para emparejar el match. Un corte de fluido eléctrico en el Hotel Ciego de Ávila lo desconcertó. Al final acordaron tablas, o lo que es igual, Elías se convirtió en el flamante titular de 2025.

Afuera del salón, mirando tras el cristal cada movimiento, había un chico de 13 años, un aspirante a ajedrecista profesional, con más ilusiones que certezas frente a 64 casillas. Una vez terminó la última partida, se volteó a su papá y le dijo: “El año que viene yo voy a estar ahí”.

Un año después, Bryan León Infante estuvo “ahí”, en el Campeonato Nacional Absoluto, desde el 3 hasta el 9 de febrero en La Habana, con Jorge Roberto Elías y Dylan Berdayes como rivales. El tiempo convirtió el chiste en anécdota.

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Manzanillo alberga el más antiguo recuerdo de Bryan sobre ajedrez. Su bisabuelo materno apenas aprendió a leer y a escribir, mas sabía de jaques. Jugaba por diversión, si así se le puede denominar a los enfrentamientos que sostenía con su hijo.

A los cinco años, Bryan cruzó por primera vez la puerta de la Academia Municipal de Ajedrez. Una hora más tarde, dominaba el movimiento de las piezas, el valor de cada una y recién comenzaba a entender el abecé táctico del juego ciencia.

En ese lapsus, el profesor Jorge Cosío entendió que ante sí había un posible prospecto. Se lo dijo a la madre, Laritza Infante, con toda intención de seguir entrenándolo. Ella siquiera le prestó atención a sus palabras, porque su interés era confirmar si el niño era tan ágil mentalmente como ella pensaba.

“Un par de años después, Bryan quiso empezar a practicar ajedrez. Cosío me dijo que lo debíamos cambiar de escuela, porque sus entrenamientos eran en la Academia de Deportes Acuáticos En las profundidades de los deportes acuáticosA los dos meses, Cosío abandonó la instalación. Entonces, Bryan se quedó a entrenar natación porque los profesores vieron que tenía condiciones físicas para ese deporte”, cuenta su mamá.

Bryan salió de la piscina a los 10 años para sumergirse de nuevo en el ajedrez. Aproximadamente, a tres meses de su regreso le volvió a suceder lo mismo, su profesor en la Academia Municipal de Ajedrez renunció a ese puesto de trabajo.

Cuando cursaba el sexto grado conoció a Andrés Paz, quien fue esa vez hasta la primaria a la captación de un alumno para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE). Ese alumno tenía nombre y no era Bryan. Despojado de su enrome timidez, apostó su suerte a una declaración: “Yo también sé jugar ajedrez”.

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Andrés regresó a la EIDE con dos nuevas adquisiciones. A Bryan el ajedrez continuaba resistiéndosele. En el primer torneo municipal terminó en último lugar al inclinar su rey ante cada uno de sus oponentes. 

“A nadie le gusta perder, a mí menos; pero, en realidad, uno pierde cuando se rinde. Desde aquel concentrado en el que quedé quinto supe que no me iba a rendir”, dice Bryan como quien se aferra a un amor.

Bryan es eso, un enamorado. El ajedrez lo flechó a la primera partida: “Lo que me atrae es la belleza del juego, lo estéticas que pueden llegar a ser las posiciones, cómo luce el tablero. Si no he parado, es porque no me imagino en otro lugar”.

La realidad es que comenzó relativamente tarde en el juego ciencia. En el podcast de BBVA “Aprendemos juntos”, el periodista español especializado en ajedrez, Leontxo García, explicó: “Si lo que quieres es pasártelo bien o cultivar el gimnasio de la mente para retrasar tu envejecimiento cerebral, entonces, cualquier edad es muy buena para aprender a jugar ajedrez. Si lo que quieres ser es un gran maestro en ajedrez, entonces, lamento daros la mala noticia de que tenéis que empezar antes de los diez años, tal como está la cosa hoy”.

“Tal como está la cosa hoy” equivale a decir que es muy violento el ritmo en que surgen nuevas promesas a nivel mundial. Quizás el más mediático sea el argentino Faustino Oro (12 años), jugador más joven en alcanzar los 2500 de ELO, en participar en una Copa del Mundo y avanzar a segunda ronda; sin embargo, existen otros tantísimos trebejistas menores de 15 años con un potencial impresionante.

De todas formas, la progresión de Bryan ha sido bastante rápida, basada en otra máxima del ajedrez: quien pierde es quien aprende. A un mes de la desastrosa lid municipal terminó en el puesto 43 entre 137 en el V Buscando a Capablanca, para menores de 12 años.

2023 fue un año evolutivo en la carrera suya. Tras una semana del Capablanca, incursionó en la categoría sub-12 del Guillermo García in Memoriam, en Santa Clara. Concluyó quinto, al sumar cinco puntos de siete posibles, a 1.5 del campeón.

Ese desarrollo es entendible cuando narra su rutina diaria: “Desde que salgo del área docente juego en aplicaciones del celular. De 2:00 pm a 5:00 pm reviso partidas, resuelvo ejercicios y juego bastante con mi entrenador. Luego, en mi casa, veo otros videos sobre ajedrez e intento mejorar mis armas para el siguiente torneo. Sigo a todos los jugadores de la élite, pero principalmente las partidas de Alexander Grischuk. Tiene muy buena técnica, sobre todo en los finales. He mejorado bastante eso a partir de que lo sigo”.

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Bryan es un niño grande. Es un niño cuando juega fútbol en la calle, cuando resuelve ecuaciones de secundaria, cuando su mamá lo manda a apagar el móvil y a dormir. Es grande porque practica ajedrez durante horas y horas, como si se tratara de su jornada laboral, porque juega con adultos y los vence muchas veces.

“Yo tengo que detenerlo un poco, porque él está todo el tiempo dedicado al ajedrez. Independientemente de que sea su carrera, de que la ame y de que nosotros estemos a su favor, trato de que él no se pierda de nada, que vea una película con la familia, que se relacione con sus abuelos. No solo es tener éxito profesional, sino saber lidiar con todos los aspectos de la vida”, comenta su mamá.

Sin ser ajedrecista y mucho menos tener experiencia previa en el manejo de uno, su papá, Daumier León, conduce la trayectoria de Bryan. Daumier comprendió que el crecimiento de su hijo dependía en gran medida del fogueo con mayores: “En esta carrera el tiempo va en contra. Él ha peleado poco en su categoría. Ha tenido posibilidad de ser medallista, pero hemos preferido que se supere cada vez más, que los retos sean altos”.

 bryan familiaLaritza y Daumier concuerdan en que ellos acompañarán a Bryan en esta sacrificada carrera hasta las últimas

2025 arrancó con uno de esos “retos altos”. Bryan volvió al Memorial Capablanca, pero esta vez para competir en un apartado diferente: Campeonato Centroamericano y del Caribe sub-20. Con 4.5 puntos de nueve, ancló en la mitad de la tabla de posiciones.

Durante ese año mantuvo un rendimiento positivo y alcanzó a discutir el match final de Ciego de Ávila. Su verdugo fue Alián Borroto, ganador a la vez del boleto al clasificatorio de la zona central.

Alián desistió de la posibilidad de avanzar al Campeonato de Cuba para priorizar sus estudios universitarios. Por esa razón, asistió Bryan al clasificatorio de la zona central en representación de Ciego de Ávila. Así, la broma en el pasillo del hotel empezó a cobrar seriedad.

Lejos de presiones y favoritismos, Bryan consiguió un performance de 2145 puntos ELO. Según Invasor, totalizó 6.5 tantos tras cinco triunfos, tres tablas e igual número de derrotas. Cerró tercero, por detrás Reinaldo Alejandre y la Maestra Internacional (WIM) Melissa Rodríguez.

Una vez más, el destino, o lo que fuese, estaba encaprichado en que Bryan León accediera al Campeonato Nacional. Aunque el certamen regional otorgaba dos plazas, el avileño obtuvo una porque la trebejista villaclareña participó en modo de preparación para la Final Femenina de Cuba. La ocurrencia del 14 de febrero de 2025 tomó forma de verdad.

Con su inclusión, Ciego de Ávila sumaba un segundo aspirante al trono del ajedrez cubano en 2026. El primero era el Maestro FIDE (MF) Kebert Solares.

Kebert fue el entrenador del adolescente en el curso 2024- 2025, sin sospechar que a lo mejor pudiera encontrarlo del otro lado del tablero en el Campeonato Nacional, pero sí consciente de que el ascenso de Bryan sería vertiginoso.

“Su virtud más grande es ser muy ambicioso. Él quiere ganar todos los torneos, sea cual sea. Eso lo obliga a esforzarse. Bryan se ha sacrificado para llegar a donde está ahora. Creo que en el Campeonato de Cuba va a tener una buena actuación”, dijo el MF a días del evento.

El hecho de acceder es por sí mismo meritorio. Bryan León no solo es el jugador más joven del reciente torneo, sino uno de los más jóvenes en la historia de estos. De acuerdo con información del estadístico Osmani Pedraza, 16 años era la menor edad con que un jugador había participado en un Campeonato Nacional en este siglo: Yuniesky Quesada (en el Campeonato Nacional de 2001), Juan Carlos Obregón (2006), César Manuel Tamames (2024), Daniel Hidalgo y Adrián Jesús Almaguel (2025).

La investigación de Osmani Pedraza consta de una aclaración: “En 2004, con sede en el Salón ECO, de Santa Clara, se celebró la Olimpiada del Deporte Cubano, considerada como el Campeonato Nacional de ese año, donde intervino el niño venezolano de 14 años Eduardo Iturrizaga Bonelli, hoy en día Gran Maestro, radicado en España.

14 años, tres meses y 13 días tenía Bryan León Infante el 3 de febrero de 2026, día de su debut en el Campeonato Nacional Absoluto de Ajedrez. El ranquin inicial lo posicionó último por su coeficiente ELO (2148), pero solo le hizo falta la primera partida para dar una sorpresa. Con blancas, superó al MI Leduard Manuel González.

A la siguiente fecha también mostró su fortaleza al pactar el armisticio con el MI Michel Alejandro Pérez, de 2440 de ELO. Posteriormente, Bryan sufrió cuatro descalabros consecutivos, par de ellos propinados por Grandes Maestros. En las últimas rondas se repuso con dos tablas, más una victoria por no presentación de su oponente.

Si bien la constante inconformidad anula en ocasiones sus logros, el balance del Campeonato Nacional no debería ser negativo para Bryan. Totalizó 3.5 unidades para acabar vigesimosegundo entre 28, con un performance de 2220.

De cualquier forma, la final cubana pertenece al pasado. Sus premisas cambian con la misma velocidad que calcula lances en el medio juego. “Mejoraré mi ajedrez e intentaré llegar a la élite en un futuro cercano. Ahora iré en busca de ser MF”.

“A corto plazo lo más importante es lograr el título de MF”, ratifica Daumier, su papá. “Ser MF le abre las puertas en todos lados y le permitirá vivir del ajedrez. Por su proyección y los escenarios posibles, creemos que en este primer semestre logre normas de MF”.

Laritza, su mamá, sentencia: “Siempre le digo que tenga un plan B, que, por ejemplo, la Universidad puede ser una opción si no le va como espera. Él me rebate eso. ‘Para qué un plan B, si el ajedrez es mi único plan’, me dice”. Bryan acaso responde con una mirada terca, altiva, determinante.

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