Con una obra pequeña pero inmensa en calidad y contenido, este artista avileño inauguró Expo personal en el municipio de Venezuela
Un sueño cumplido tuvo lugar en el museo municipal de Venezuela durante la jornada dedicada a la museografía cubana: la inauguración de Travesías, exposición personal del talentoso y multipremiado escultor avileño Darién Morejón Baños.
Resultó emocionante ver el acompañamiento de estudiantes, trabajadores de la cultura, especialistas del museo, representantes del Partido y el gobierno, además de amigos, familiares, artistas e instructores de arte cercanos al creador.
Todo ello en una exposición humilde en dimensiones, pero profundamente intensa en sensibilidad y contenido.
“Aquí la gente me acompaña y acude a cualquiera de mis reclamos. Esta expo es el resultado del esfuerzo de muchos: de mi familia, de mis padres y hasta de mis hijos”, confesó el artista a Invasor.
Las ocho piezas que conforman Travesías, realizadas en distintos formatos y técnicas, revelan la evolución de un artista que todavía tiene mucho por decir dentro del panorama tridimensional cubano.
Darién parte de una tradición artesanal muy ligada a la identidad cultural de su municipio —marcado por la memoria del antiguo central azucarero y por las influencias haitianas que enriquecen la cultura avileña— para construir un lenguaje propio, cada vez más simbólico y depurado.
“En mi obra confluye todo ese imaginario cotidiano, desde la palabra de un amigo hasta la opinión acertada de mi esposa, que es la principal crítica de todo lo que invento”.
Desde un busto patinado de corte más tradicional hasta los poemas tridimensionales de la serie Piélagos, la muestra deja ver a un creador en pleno crecimiento.
En esas piezas de madera y metal aparecen objetos perdidos y encontrados que parecen emerger desde el fondo del mar o desde la memoria misma.
Obras como Hallazgos I y Hallazgos II evidencian una búsqueda más madura, donde la acumulación simbólica y el relieve dialogan con la poesía visual.
La belleza en estas piezas no surge desde el ornamento vacío, sino desde la carga emocional de cada objeto incorporado sobre la madera. Hay una reflexión constante sobre el tiempo, la pérdida, la memoria y la condición humana.
“Me gusta que la gente se emocione con lo que hago, que sufra o sea un poquito más feliz. Me gusta ser parte de esas vidas desde el pasado más remoto y desde el presente”.
Darién es un artista joven que asume su oficio con disciplina y responsabilidad. No parece obsesionado con la popularidad ni con el éxito inmediato, aunque cada premio recibido confirma la solidez de su crecimiento artístico. Y no han sido pocos los reconocimientos obtenidos en eventos como el Salón Mi Gallo, en Morón, o el salón de la Asociación de Artesanos Artistas de Cuba en Ciego de Ávila.
Travesías también habla de alguien con criterio propio, pero abierto al diálogo con quienes le rodean. De ahí que la especialista Mayslett Sánchez Clemente, asumiera las palabras del catálogo de una muestra donde sensibilidad y coherencia conceptual avanzan de la mano.
“Mi familia y mis amigos tienen voz y voto en mi obra; gracias a ellos yo también crecí y existo como escultor”.
En esta oportunidad, Darién se hace acompañar por dos creadores de su misma estirpe artística: Félix Zayas Sarabia y Yoel Pérez Díaz. Lejos de romper la coherencia de la exposición, ambos enriquecen el recorrido visual y conceptual de la muestra.
Yoel Pérez Díaz aporta un hermoso pez tridimensional en caoba, cercano a ciertas deformaciones expresivas de raíz picassiana y con grandes posibilidades ornamentales y monumentales. Félix Zayas, por su parte, introduce una dosis de conceptualismo e irreverencia que amplía los discursos de la exposición y aporta nuevas capas de lectura.
Mención especial merece el esfuerzo de los trabajadores del museo municipal, encabezados por su director, así como la entrega de la bailarina que interpretó a Oyá en una presentación danzaria cargada de sinceridad y fuerza expresiva, acompañada por niñas que representan el futuro artístico del municipio.
Gana el artista y gana su obra. Gana el municipio y gana la cultura. Gana la escultura y todo lo relacionado con el arte tridimensional hecho desde la honestidad y el buen gusto.
Porque Travesías no solo exhibe objetos: también rescata sensibilidades que a veces dejamos perder entre el cansancio cotidiano, la velocidad de los días y el ruido de la vida. Y en medio de todo eso, aún consigue recordarnos que la belleza continúa siendo una forma de esperanza.