Recordamos las Memorias de Fusión Cuba-Canadá 2002, evento internacional de artes visuales, convocado por el Centre d’ Exposition l’Imagier (Aylmer, Canadá), donde predominó la creación avileña
Yvette Debain, directora del Centre d’ Exposition l’ Imagier. Fotos: Dana María Gómez Sánchez
Consabido: “Cuba es un eterno verano”, pero en otros países no sucede igual con el clima por lo que dicha estación es muy añorada. Tal es el caso de Canadá, donde, en vísperas de la aparición de la cálida luz solar, surgen iniciativas, cuyo propósito es agasajar el 21 de junio, la revisitación del solsticio. Por ello, la naturaleza y las creaciones artístico-visuales, se entrelazan para cantarle a la nueva edición veraniega.
Devoto de la imaginación, el Centre d’ Exposition l’Imagier, de la villa de Aylmer (Gatineau, Québec) perteneciente a esa nación, motiva, cada año, a creadores “de todas partes” del mundo, con vistas a la exposición destinada a la jornada estival.
Gracias a Ivette Debain, su directora, seguida por las gestiones de Margueritte Cohen —coordinadora de la exposición en Canadá—, nuestro país resultó elegido para el evento, con el tema Fusión Cuba-Canadá 2002.
Ha transcurrido un poco más de dos décadas y las memorias de aquella edición persisten en la historia del arte de ambas culturas, en especial, Ciego de Ávila, hoy, aprecia aún la entrega de tantas voluntades para convertirla en hecho.
Con la llegada del solsticio quedó inaugurada la primera temporada de la muestra artística, en el Centre d’ Exposition l’ Imagier; la voz de la institución cultural canadiense abundó sobre interpretaciones asumidas por la emoción del artista: “Fusión de elementos, fusión de cuerpos, fusión de ideas, fusión de ciudades: de lo extremadamente pequeño a lo extremadamente grande, el universo es cruzado por formas, movimientos, sustancias que se fusionan”.
Aludió a cómo: “Vivimos en sociedades y culturas que se entrelazan más y más, y este compartir, es fuente de enriquecimiento, de energía creadora”, reconociendo, además, el desempeño de “los inspirados artistas al juntar sus creaciones, sus mundos imaginarios que se funden para el placer de nuestros ojos y mentes”.
La muestra canadiense contó con prestigiosos artistas tanto dentro como fuera del país. A continuación unas “pinceladas” sobre la propuesta artística de los creadores.
Metafusión, de Jean-François Bégin, a decir de la curaduría canadiense “El sagrado” (Sagrado corazón de Jesús) tiene un lugar privilegiado en sus obras, lo cual emplea vinculado a la idea del laberinto, ilustrado por la configuración de los circuitos electrónicos.
Jean-Pierre Gaudreau, presentó La ligne de flottaison, en la que demostró sus potencialidades expresivas a través de la síntesis y el color, con elevada y sugerente carga conceptual.
La beauté de l’ échec (o Beautiful failure) de Christopher Healey (Ottawa). La obra ofrecida aplica y, además, transgrede cánones, con el fin de ganar fuerza expresiva a través de la mancha y el color. Pierrette Lambert, artista muy experimental, abarcando distintas manifestaciones, aportó la reflexiva pintura Fusión, inspirado en el término que signó al Evento.
Concediéndole algo de atipicidad al grupo de creadores de Canadá, aparece con su Rosa II, José Mansilla-Miranda —original de Puerto Montt, Chile—. Otro artista, foráneo, es Hans Mettler, nacido en Suiza, quien logró el enriquecimiento de su lenguaje plástico, dando prioridad al foto-collage digital, en Nosotros los niños: venceremos.
En Arbre, obra de Réal Patry, cautivó cómo el artista explora la perspectiva estereoscópica y la integra a sus instalaciones, cuya técnica basada en la visión binocular y permite a los ojos de ver en relieve, debido a la superposición de dos imágenes sobre el mismo papel. Dos fotos están tomadas por dos objetivos paralelos y los usados son complementarios. Por una manipulación de la imagen fotográfica, el artista propuso una nueva manera de ver.
Mientras que Michèle Provost presentó Fusión, confusión, love; porque sus temas priorizados son la organización social y la banalización de los valores humanos. Dentro de su compleja composición, “el ser humano parece a veces moverse en un mundo de la commedia dell’arte donde el escenario ha sido arreglado de antemano y donde los actores disfrutan solamente de la libertad de hablar”.
Finalizando la exhibición el 25 de agosto en el Centre d’ Exposition l’Imagier, Fusión se extendió por los centros culturales más importantes de Canadá durante 2003: Centro de Exposiciones de la Biblioteca Gabrielle-Roy (Québec); Centro de Artes de Shawinigan; Alianza Francesa de Manitoba, Winnipeg; y Alianza Francesa de Ottawa.
Los medios de difusión cubrieron cada uno de los instantes más significativos del evento, por ejemplo, el artículo Fusión, por France Pilon, de la publicación periódica Le Droit (Ottawa, sábado, 3 de agosto/2002).
La segunda parte de Fusión Cuba-Canadá se desarrolló en Cuba y, evidentemente, la convocatoria incitó la participación del discurso pictórico cubano, así como sus necesidades de promoción; Ciego de Ávila debutó como protagonista, pero junto a creadores plásticos de las provincias más cercanas (Holguín, Camagüey, Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos).
Desde oriente hasta occidente fue la trayectoria de Fusión, cuyos espacios expositivos fueron: Alianza Francesa de Santiago de Cuba, Museo de Artes Decorativas de Ciego de Ávila y Galería Flaxo de la Universidad de La Habana.
De entre los artistas cubanos, Noel Buchillón Gómez impactó con el tratamiento concedido a su óleo En el nombre del padre, el cual es representativo de la singularidad de su estilo, reafirmándose con figuraciones de apariencia recortada, y gruesas líneas negras como contornos.
Ciclo, es el lienzo de Nelson Gómez Madero, insigne artista avileño de peculiares atmósferas pictóricas en las cuales la realidad y lo esotérico coexisten a través de la acertada incorporación de sus componentes tecnoformales basados en la armonía.
José Ramón Benítez Vieyto, con Animales que vuelan, dio muestras también de la valía de su quehacer artístico, prevaleciendo una carga simbólica en la que la reiteración se impone. El género paisaje estuvo a cargo del maestro René Rodríguez Muñoz, manifestándose con sus empastadas manchas de verdes, y abundante uso del blanco para ganar iluminación.
Los artistas autodidactas tampoco faltaron a Fusión: Omar Rodríguez Santos hizo gala de la combinación del dibujo con las profusas manchas de tintas. Algo similar ocurrió con el autor de Impacto entre dos almas: Elías Enoch Pernut, artista también de formación autodidacta, lo cual constituye una demostración del encuentro de una individual forma de expresarse, creando sus propios códigos.
Invitación a Fusión Cuba-Canadá, por la Alianza Francesa, en Ottawa
Como bien se mencionó con anterioridad, artistas de otras provincias también conformaron la exposición, con sus respectivas labores artísticas: Resurrección del retablo, óleo del camagüeyano Noel León Fontes, transmite un enigmático discurso morfoconceptual, cuya atractiva rareza lo convierte en una original obra.
También se hizo notoria la presencia femenina a través de la holguinera Belsy Bárbara Cobiellas Cruz, con la pintura De vuelo y sol, en la cual, los ocres y amarillos conceden especial atmosfera a la composición. Otra mujer: Tania Madruga Pichs, cienfueguera, con su propuesta naif Me voy pal pueblo, reafirmó la permanencia en su campestre, simpático y colorido imaginario.
Por último la impactante factura de un sui generis dibujante que satiriza: Daniel Acebo Rodríguez, oriundo de Sagua la Grande, Villa Clara, quien atrajo la mirada del público como resultado de la refinada impronta que lo define. Monalisa tatuada es el título del dibujo sobre cartulina que contiene depurados valores tanto en el concepto como en la forma con que excepcionalmente es tratado, o sea, rigurosa factura de dibujo caricaturesco.
Retomando evidencias de ese “pasado reciente” se puede aseverar que, el encuentro agrupó una pluralidad de expresiones entre las dos culturas, desde sus propias esencias historicistas transmitidas por el soporte material, la línea y el color, definiendo la supremacía entre tradición y contemporaneidad.
Imagen del catálogo de Fusión en Canadá
Se puede añadir que la propuesta pretendió resumir, en sí misma, pasado y presente; historia y acontecer actual, así como los elementos localistas. Del mismo modo, la observación de la realidad de manera introspectiva continuó siendo vital para la devolución artística en imágenes sugerentes, donde predominó la indagación antropológica en la que, el hombre, se mira en el espejo del hombre.
Resumiendo, el proyecto visual colectivo, favoreció el contraste entre los quehaceres avileño (local), nacional, e internacional, o sea, la parte cubana, expuso su diversidad creativa, dirigida hacia la representación de las artes plásticas y su rol dentro de una compleja coyuntura política y social, que defiende la idea de prestigiar la convivencia como expresión plena desde los años 90 y que aún perdura como máxima recurrente en la relación plástica actual.
Del paisaje al símbolo; del naif al coqueto autodidacta; de lo artesanal a la instalación y la arrogancia del dibujo humorístico: un abanico ideico y pictórico impregnado del espíritu humanista universal.
Imagen del catálogo de Fusión en Cuba