María Antonia se pasea por Caminos Teatro

La agrupación avileña ya prepara su próximo montaje en este 2026

Lo que nunca imaginó el maestro Eugenio Hernández Espinosa, después de haber escrito en 1964 y, presenciado sobre las tablas en el 67 por Roberto Blanco su obra María Antonia, era que en Ciego de Ávila se estaba gestando una nueva mirada pícara y habilidosa sobre esa tragedia cubana a modo de pleitesía.

En diferentes jornadas de preparación y montaje, la renovada agrupación teatral ya va avisorando el tipo de montaje que desea sin romper con el estilo que lo caracteriza, la estética de lo proactivo y siempre bajo el respeto hacia el original literario.

Juan Germán Jones Pedroso, su líder, quien también asume la actuación en la obra, le confesó a Invasor que no se tratará ni de un remake, o adaptación, sino algo más bien apegado a una versión bastante libre, sin tanto vuelo, pero con algunas licencias.

“Seguiremos sonando a Caminos… habrá reflejos de la realidad avileña, imagenes proyectadas en el escenario y, sobre todo, el realismo para hacer reflexionar, al que tenemos acostumbrados a la gente”.

En el elenco repiten por supuesto, Alina Betancourt Pérez que empieza a despuntar en su caracterización del protagónico. La experimentada Yuleidys Zurita Crespo; Beatriz Rodríguez de León, quien vuelve, a la par de la actuación, a manejar los hilos musicales en vivo y con la musicalización basada en la cancionista popular más contemporánea.

Luis Alfonso, el Nene y Amarilys Reyes Alejo quien marca la diferencia y es de las que, desde el mismo arranque, sienta las pautas para el ritmo de la dramatización y el nivel histriónico que se requiere. Además están Yanelys Velázquez, Alejandro Quiñones, entre otros artistas de la escena.

María Antonia no es solo una obra de teatro. Es una cicatriz en la memoria escénica cubana, abierta en 1964 cuando Eugenio Hernández Espinosa —entonces un joven de Santiago de Cuba con más intuición que escuela— la escribió en un arranque de tres noches según contó él mismo.

Tres años después, Roberto Blanco la montó con el Conjunto Nacional de Teatro y lo que ocurrió sobre ese escenario fue algo que pocos esperaban: el público vio a Cuba mirarse al espejo sin afeites.

Una mulata de solar habanero, atrapada entre la santería, la pasión y la violencia, que no pedía redención ni la merecía según los cánones de entonces. Eso incomodó. Eso era exactamente el punto.

Hernández Espinosa lleva seis décadas convertido en una presencia necesaria en el teatro cubano. Premio Nacional de Teatro en 2001, su obra no se reduce a María Antonia aunque esa sea la que más viaja, la que más genera lecturas y relecturas.

Tiene en su haber más de treinta piezas —entre ellas Odebí el cazador, El reportaje y Calixta Comité— pero María Antonia, sigue siendo la que regresa, la que distintas generaciones de directores eligen cuando quieren decir algo serio sobre la condición humana en esta isla.

La obra fue llevada al cine en 1990 por Sergio Giral con Susana Pérez en el protagónico, y desde entonces no ha parado de circular entre festivales, escuelas de arte y grupos que se miden contra ella como quien se mide contra un peso que sabe que no va a ganar fácil.

Caminos Teatro llega a este reto con la autoridad de quien ha sabido construir un lenguaje propio. En los últimos años, la agrupación avileña acumuló no pocos aplausos: su trabajo con Náufragos; Nicolás, la pasión —que recorrió varios festivales provinciales e interprovinciales con una recepción que los propios actores describieron como sorprendente— y otros montajes como Deidades, basado en nuestro folclor más genuino, consolidaron lo que ya era visible: aquí hay un grupo que no improvisa.

Trabajan despacio, piensan cada decisión, y cuando presentan algo es porque están listos para defender cada centímetro del escenario.

Eso, en el panorama teatral de Ciego de Ávila, no es poco. El territorio tiene historia escénica —la tiene— pero sostener un grupo con identidad estética definida, con elenco estable y con proyección más allá de los escenarios propios requiere una disciplina que no aparece sola.

Jones Pedroso la construyó con años de trabajo territorial y una obstinación que sus propios actores reconocen sin que él tenga que pedirlo.

Ahora, María Antonia se sienta en esa sala del piano de la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba avileña, en la Estación Caminos, escucha cómo la leen, y espera. Tiene paciencia. Sesenta años aguardando que alguien le encuentre otro ángulo le dan para eso y más.