La cultura como escudo y espada: la UNEAC avileña tomó la palabra

La filial de Artes Escénicas lo dejó en claro: la cultura no es ornamento de los tiempos difíciles. Es su mejor respuesta

Hay debates que trascienden el orden del día. El que sostuvo la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Ciego de Ávila a través de todas sus filiales durante estos días fue uno de ellos.

Mientras el país enfrenta carencias materiales, apagones y el desgaste silencioso del ánimo colectivo, los intelectuales y artistas avileños se reunieron no para lamentarse, sino para pensar. Y pensar en voz alta, con la franqueza que solo puede permitirse quien ha ganado el derecho a la palabra con años de creación honesta.

La filial de Artes Escénicas marcó el tono. Su presidenta, Yusleidy Zurita Crespo, convocó a los miembros a mirarse sin complacencia y a asumir la casa de la Uneac —esa hermosa casa que como pocas existe en el país— no como un espacio al que se acude, sino como uno al que se tributa.

Con programas concretos como el Patio de Lila para niños y Estación Camino para adolescentes, articulados con otras filiales en una integración que pocas veces se practica con tanta coherencia, la filial demostró que reinventarse no es una consigna: es un método.

Pero la voz que más sacudió el debate fue la de Nelson Amey Aragón, conocido como Bichito, cuyas palabras no admitieron eufemismos: el país que conocíamos hasta ayer en la tarde ya no existe. 

Y ante esa realidad nueva, dijo, la Uneac no puede quedarse en una postura pasiva, administrando la programación de siempre como si nada hubiera cambiado. La inventiva y la iniciativa deben salir de abajo.

Los artistas cubanos —reclamados desde México, Colombia y Argentina para que se pronuncien a levantarse por Cuba — tienen ante sí un momento tan crucial como el del Moncada o el del Granma. Nadie puede tener envidia a quienes vivieron aquellos episodios, porque el desafío histórico de hoy no es menor.

En esa misma línea, Germán Jones Pedroso, director de Caminos Teatro, aportó una certeza que da la medida de lo que está en juego: el único congreso al que el Partido Comunista de Cuba asistió en plena composición de país el año pasado fue el de la Uneac.

No es casualidad. Es el reconocimiento de que por la cultura pasa el proceso de liberación del pensamiento colectivo de cada sociedad. Desde la cultura se genera la psiquis social, la manera en que un pueblo percibe su realidad y se imagina su futuro.

Y precisamente el teatro —con su poder histórico de transformar el pensamiento, de unir masas y de propiciar catarsis y consensos— encarnó en este debate la dimensión más urgente de ese llamado.

Jones Pedroso lanzó una propuesta que merece atención: si se logra garantizar electricidad en los horarios activos del Teatro Principal, no solo Caminos Teatro puede presentar sus obras —haya o no corriente— sino que otras agrupaciones de la provincia y de territorios cercanos podrían sumarse a un circuito cultural estable.

El fin de semana anterior lo probó: esperaban sesenta personas y llegaron doscientas. El público formado existe. Lo que falta es la valentía de apostar por él.

uneac

Un experto del Consejo Provincial de Artes Escénicas lo formuló con contundencia poética: Cuba es hoy cuerpo con las necesidades más perentorias, incluidas las más pedestres. La cultura tiene que devolverle el alma.

Esa alma que se construye formando nuevos públicos —porque los que iban al ballet están envejeciendo o ya no están—, corrigiendo las fisuras de un sistema educativo que forma cada vez menos instructores de arte, y abriendo la Uneac, como Martí, con todos y para el bien de todos, sin los cánones que han dejado fuera a personas valiosas por un expediente vedado desde adentro.

La directora provincial de Cultura, Mariana Virgen Rodríguez Muñoz, cerró con una convicción que resumió el espíritu de todo el debate: el cambio en Cuba va a empezar cuando se cambie el pensamiento, cuando se cambie la forma de ver la vida. Y los únicos que pueden lograrlo, demostrado por la historia de la humanidad, son la cultura y el arte. No hay otra forma.

Como en el ensayo Nuestra América de José Martí, o en las Palabras a los Intelectuales de Fidel, o en el ensayo Caliban de Roberto Fernández Retamar la vigencia de la posición contra hegemónica de Cuba sigue siendo imperecedera en esta aldea global, donde infelizmente una minoría poderosa continúa imponiéndose a la fuerza. 

El debate de la Uneac avileña no fue una reunión más. Fue una declaración de principios en tiempo de crisis y de asfixia. Y eso, en sí mismo, ya es un acto de resistencia cultural, de emancipación soberana, de nuestra calibanesca condición.