La escritora Carmen Hernández Peña, constituye una auténtica expresión de la cultura y las letras avileñas
Dana María Gómez Sánchez Aparece como un ser fantástico en cualquiera de las aristas de la ciudad e, indudablemente, tiene poderes, en especial el de la sabiduría; esparce su gracia con el encanto de magia de las hadas y, con quienes la rodean, contrasta su espiritualidad.
Tal parece surgida de entre las páginas de libros, pero no es así, porque, mortal al fin, su madre le “dio luz” a “Carmencita” —voz maternal— en tierra avileña.
La singularidad del embrujo de la escritora Carmen Hernández Peña se expresa en sus andanzas, pues camina atravesando dimensiones, escalas —prescindiendo del sombrero y la escoba—, lo cual atrae la atención y, si detiene el paso, mucho más.
Con sus ojazos azules y la picardía del rostro, no admite trasnoche la adolescente bellaca que sencillamente es.
Amante de las brujas, cómplice de Harry Potter —joven aprendiz de magia y hechicería—, vive fantasías muy propias, comparte ajenas; está estrechamente vinculada a Sybil Trelawney —la bruja-maga más poderosa del universo de H. Potter—, se reserva el diálogo íntimo con la autora británica J. K. Rowling, pues dejó de ser discípula hace tiempo.
No obstante, cuando se piensa en ella todo es probable, incluso, su “matrícula en la modalidad a distancia” y amigos en el Colegio Hogwarts.
Es que la notable artista, licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas en la especialidad de Estudios Cubanos por la Universidad de La Habana, rebasó los límites establecidos por los tradicionales y episódicos ciclos de los niveles de enseñanza, los cuales, una vez finalizados, otorgan títulos.
Después de graduada, fungió como escritora y directora de programas radiales, en la emisora Radio Caribe, de la Isla de la Juventud, durante su servicio social. Ese medio premió su labor en festivales de la Radio y la Televisión y en el Premio Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en su primera edición.
Al iniciarse como profesora de Cultura Cubana, Elementos de Composición Cinematográfica, Literatura y Arte Cubanos (Departamento de Extensión Universitaria, 1984) y, tras dos años, apoyada “por un grupo de colaboradores, comenzó a publicar la revista Fidelia —edición alternativa y poesía graficada—, como portavoz no solamente del Taller Literario del otrora Instituto Superior Agrícola de Ciego de Ávila (ISACA) sino también del movimiento literario avileño y del centro del país hasta 1996”.
Resultante de tantos méritos, fue fundadora del Comité Provincial de la Uneac en Ciego de Ávila, donde presidió la sección de escritores. También es Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Además, sobresale su aporte a Ediciones Ávila, otras revistas y proyectos de concepción literaria de diferentes coberturas.
Los diferentes sitios digitales en los que se difunde el quehacer de Carmencita, la presentan como poeta, narradora, ensayista y editora cubana.
Ahora bien, todo eso, unido a los innumerables desempeños profesionales como gestora cultural, reconocimientos y premiaciones, la convirtieron en una paradigmática personalidad a quien se le dedicó la Feria del Libro de Ciego de Ávila en 2024.
Tantos títulos definen la creación de esta mujer que sería inadecuado priorizar algún género, o exclusivamente una propuesta.
Carmen, a veces, se replantea a sí misma en otra coordenada vivencial para resurgir de su mismidad; cohabita rarezas, y antiquísimas latitudes desde el espíritu hasta la materia.
También muta con los habitantes de su inagotable “credo literario”, su universo —carente de egoísmos, y con abundancia de entregas—, prolongando existencias.
Desde los inicios con Fidelia hasta la actualidad, esta obra evoluciona en relación a la inagotable riqueza de su vida.
La exuberancia poética transita con intrepidez, en ocasiones, a la prosa para crear narrativas muy suyas. En el género de narrativa sobresalen títulos, por ejemplo, la atípica novela Zumba la curiganga o La voz de Karma (mención Italo Calvino, 2000), en la que aparece una suerte de sentencia: “Dice Karma: ‘Nada asusta a los hombres como el conocimiento de su propia doblez’”. Es una obra que “desde su propio título presupone una lectura diferente. Bárbara una mística escritora segura de su sensualidad, pero inquieta por el paso inevitable de su tiempo”.
Otras miradas advirtieron cómo Zumba… “es la acción de una mujer ‘tercermilénica’ —como se denomina la propia autora— ordenando gavetas con papelería ignorada y hasta olvidada. Quizás ni se lo propuso en esta obra literaria de significativa experimentación, pero “uno de los logros indiscutibles de esta obra es que la autora se mueve con gracia entre el lenguaje más soez y el más exquisito”.
La impronta de esta escritora es apreciable también en las revistas Norte (del frente de Afirmación Hispanista, México DF), Alforja (México DF), Alhucema (España); Imago, Videncia, Sic, Alma Mater y Vitral, todas cubanas. Además, en los suplementos culturales La tinta suelta (México DF), Hojas al viento (Cuba), y Hoja de poesía (Estados Unidos), entre otras.
Carmen Hernández Peña en su “Bazar Literario”, rodeada de jóvenes discípulos y legendarias amistades
El teatro constituye un importante eje sobre el cual gravitan las emociones de la creadora literaria y, por ende, emergieron propuestas tales como: Canción del oscuro, El sueco de Leticia, y El león de Venecia, piezas teatrales cuya dramaturgia enriquecería la puesta en cualquier tipo de escenario.
Aunque ya el teatro de Carmen Hernández Peña pisó las tablas desde el siglo pasado, sería acertada la reinterpretación de esta faceta, así como la posibilidad de estrenos por las agrupaciones de las artes escénicas en el territorio.
Carmen hechizó a sus lectores con la savia de su letra, los cautivó; además de escribir, promueve el libro y la lectura como ninfa de la literatura en el excepcional sitio que es su “Bazar literario” hace mucho tiempo.
Hasta que me trasplanten es el audiolibro que la poeta presentó en una de las ediciones de los Juegos Florales de la AHS en Ciego de Ávila (mayo 2021). Este libro de poesía contiene elementos relacionados con la escritora y su identificación cultural como individualidad, así como su compromiso con la otredad.
Es decir, su voz alude, entre códigos muy propios, a los asociados a vida en comunidad, vale mencionar, la bandera cubana y sus connotaciones como símbolo patrio: “En los actos que celebran en mi patria reparten banderitas cubanas (…) cuando termina el acto, la marcha, en mi casa entre mi madre y yo (…) las ponemos a hondear hasta que el sol de Cuba les come los colores”, y finaliza con la bendición a la Flora mediterránea, reconociendo “yo me parezco a ellos, pero aquí estoy (…), porque tronco de mujer enraizada no se deja trasplantar”.