Las esculturas del Cementerio General de Ciego de Ávila (Necrópolis fundacional, 1911-1941), exhiben gran valor simbólico.
El arte cementerial, se ha señalado, es mucho más que las artes tradicionales impregnadas con el tema de la muerte, forman parte de estos elementos específicos que lo hacen un arte original y complejo para su estudio.
En él confluyen algunos de estos componentes: las figuras antropomorfas, representación de dolientes, representación de almas y figuras angélicas, figuras alegóricas, animales y vegetales, elementos arquitectónicos y emblemas, objetos alegóricos, sudarios y escrituras.
Este arte ha evolucionado, porque de formas un tanto “paganas” (columnas y obeliscos rotos, árboles —sauces— y ramas tronchadas, urnas cinerarias, dolientes, calaveras) se pasa a la profusión de ángeles y almas, cruces y emblemas de redención.
Estas representaciones tienen un valor estético, pero son también formas testimoniales que nos remiten al cuerpo de ideas y creencias de los grupos sociales que las produjeron.
Específicamente, sobre la escultura funeraria en Cuba se ha constatado la carencia de valoraciones sobre esta esfera de la creación escultórica, y que: “A partir de la creación de los cementerios fuera de los templos hacia fines del siglo XVIII e inicios del XIX, comienzan a aparecer en las necrópolis de la Isla un acentuado interés por la expresividad —entiéndase ornamentación— y es allí donde la escultura va a tener un espacio innegable”.
En los panteones fundacionales de la necrópolis avileña —el que inició sus servicios en 1911, extendiéndolos hasta 1941—, se constató una significativa presencia de la escultura y los adminículos (lápidas, libros, búcaros...), cuyos elementos más importantes fueron fichados y posteriormente tabulados para el análisis de sus características principales.
La manifestación escultórica, de un gran valor simbólico en los monumentos funerarios, se encuentra presente en sesenta y seis de los inmuebles (69 por ciento) y resulta el elemento que más contribuye a la monumentalidad de estos exponentes, generalmente a razón de un elemento por panteón, aunque hay tres con dos elementos, lo que lleva el total a sesenta y nueve manifestaciones escultóricas.
Diversas expresiones de figuras angelicales
El cementerio fundacional fue de carácter general, no estuvo bajo la jurisdicción de la iglesia católica, pero esto no fue suficiente para evitar en su arte cementerial la influencia profusa de la tradición cristiana.
La morfología de sus esculturas revela claramente esta influencia, y además la ausencia de otros muchos elementos simbólicos que pueden encontrarse en la escultura funeraria.
Si se excluyen los pedestales sin esculturas el conjunto escultórico total queda constituido por elementos, tales como: la típica cruz latina, devenida hoy en símbolo de cementerio, figuras angelicales, el crucifijo, el Sagrado Corazón de Jesús, con esta connotación religiosa.
La cruz latina se presenta en distintos espacios del inmueble y desde una concepción más simple y desprovista de aplicaciones, hasta las que poseen inserciones de inscripciones y motivos florales, o sea, la cruz, como se reconoce en los símbolos del arte cementerial, es un “emblema de fe”.
Sin embargo, no se encuentran en la necrópolis otros tipos de cruz que la latina, en su expresión más elemental; y, son diversas las soluciones compositivas, todas estrechamente vinculadas con la crucifixión de Jesús.
Entre las llamadas figuras angelicales predomina el ángel en sus distintas posiciones (alas plegadas y desplegadas); estos aparecen sin género. Por eso, los ángeles se representan de forma andrógina —sin definición sexual.
También, es apreciable la representación de querubines y serafines. Es decir, se representan esculturas que representan a niños y niñas en actitudes (posturas) de ángeles.
Estas figuraciones escultóricas, por su cantidad y por el modo diverso en que han sido representadas, constituyen los elementos escultóricos de mayor peso en la dimensión artística del conjunto de panteones estudiados.
A esta significación contribuye, además, el que se trata siempre de esculturas exentas y sobre pedestales, de modo que se apropian del espacio cementerial, no solo por su morfología sino, también, por la altura que alcanzan con relación al inmueble y sus dimensiones específicas.
Cumplen así, desde la altura, la función de guardianes del sepulcro, como se reconoce entre los símbolos del arte funerario: “Ángeles: significan espiritualidad y son quienes guardan el sepulcro”. Predomina en ellos la figura femenina, grupo que se subdivide también en “mujeres” jóvenes y otras en el asomo de infantas.
Como atipicidad la presencia “masculina” es representada solo en una ocasión la figura de un infante.
A esta diversidad en cuanto a apariencias —indicios de sexos, edades, presencia de alas—, se une la vinculación de la figura angelical a otros motivos iconográficos como el ancla, la trompeta, las ofrendas en forma de guirnalda, la palma o flores. Algo singular son las figuras femeninas con estrellas en la frente, constatables en los exponentes.
Acerca de esta figuración existe una tradición marcada: “Siempre se rodea de un paralelismo floral cuya significación vendrá claramente expresada en la literatura. Puede llevar una estrella sobre la frente con la consiguiente implicación de un significado múltiple: Virgen María […], el Amor Ideal…”
Sagrado Corazón de Jesús
Estas obras, como es típico en las representaciones angelicales, logran transmitir su espiritualidad mediante la combinación de la blancura del mármol, la delgadez y esbeltez del cuerpo, la ligereza del vestuario, lo apacible de los gestos, la colocación de las manos, la expresión cándida de los rostros, el cabello largo y ondulado.
Es notable la integración de la escultura con su base. Mediante diversos recursos estos soportes logran trasmitir el hábitat celestial.
Si se tiene en cuenta la diversidad morfológica que puede alcanzar la escultura cementerial, se observa en este conjunto un apego excesivo a la tradición, cierto mimetismo, y el no aprovechamiento de este elemento como aquella pieza del conjunto que puede revelar facetas de la vida del fallecido, el modo de su muerte, los sentimientos de sus familiares, etc.
Del rico código de símbolos del arte cementerial, se utilizan básicamente los de carácter religioso y no hay otros usos más vinculados con la historia particular y el modo de muerte de los fallecidos.
Ineludiblemente, la escultura y los adminículos cementeriales constituyen los elementos más expresivos en el arte cementerial, son ellos quienes complementan y enriquecen a sus monumentos.
Y se puede concluir que recibieron ambos en el cementerio fundacional una adecuada jerarquización, siempre dentro de las limitaciones que imponía una ciudad pequeña, recién nacida con el siglo XX, y que, aunque desarrolló su pequeña industria anexa al cementerio, debió depender de otros territorios para obtener los materiales y objetos más valiosos, a partir de las evidencias halladas hasta hoy por quien suscribe.