Calibaneando contra el apagón cultural

La Asociación Hermanos Saíz (AHS,el Consejo Provincial de las Artes Plásticas y la dirección de Educación tejen, en Ciego de Ávila, una alianza para formar públicos adolescentes en tiempos de crisis. El espacio Calibaneando y la exposición personal del joven pintor Félix Zayas Sarabia demuestran que, incluso sin electricidad, el arte puede encenderse

Hay una paradoja que recorre la cultura cubana en estos tiempos y que en Ciego de Ávila se intenta desactivar con método y voluntad institucional: mientras los apagones reducen los espacios del encuentro artístico, la formación de nuevos públicos se vuelve más urgente que nunca. Ante esa encrucijada, la Asociación Hermanos Saíz (AHS), el Consejo Provincial de las Artes Plásticas y el Ministerio de Educación (Mined) han apostado por una alianza que lleva el arte directamente a donde están los adolescentes, o los acerca a donde vive el arte.

El espacio Calibaneando, impulsado por la AHS desde su sede en el boulevard avileño, es uno de los ejes de esa apuesta.

Su nombre convoca deliberadamente el ensayo de Roberto Fernández Retamar: la misma pregunta sobre identidad, herencia y resistencia cultural que el poeta lanzó hace más de medio siglo, sigue vigente cuando un grupo de estudiantes de secundaria básica se sienta frente a un artista joven para conversar sobre su obra.

No es casualidad que ese diálogo ocurra en la Casa del Joven Creador, espacio que la AHS sostiene como territorio de encuentro entre la creación emergente y la comunidad.

El artista y su arraigo

publicoEn la edición más reciente de Calibaneando, el invitado fue Félix Zayas Sarabia, joven pintor avileño y miembro de la AHS, cuya exposición personal Arraigo a la deriva permanece abierta al público en la sede de la organización. El título condensa una poética: cuando alguien emigra, explica el artista, el debate público suele girar en torno a lo que gana. Nadie habla de lo que deja

“Lo más sencillo: un par de chancletas que quizás tú dices 'ah, eso es una tontería', pero en su momento eran las que más te gustaban y al final las dejaste atrás. Tu bicicleta, tus cosas personales, la familia”, reflexiona Zayas Sarabia.

En su lectura, son esas pequeñas pérdidas acumuladas las que erosionan la identidad del que parte. El arraigo no se pierde de golpe; se va perdiendo por el camino.

Para articular esa idea visualmente, el pintor recurre al pez como símbolo central. Una especie que migra, que va de un lugar a otro, que mira desde el agua la posibilidad de otro horizonte.

El mar, en su obra, no es solo el Caribe geográfico, sino también la vía de escape histórica de una Isla marcada por la emigración desde los tiempos de los balseros en los años noventa.

A ese sustrato insular se suma una dimensión que el artista reconoce sin eludir: el pez es también símbolo cristiano. La fe, dice, acompaña al que emigra como soporte ante lo incierto, como la esperanza de que algo bueno aguarda al otro lado de lo que se deja atrás.

La exposición, que resume etapas formativas de su trayectoria, llegó a las paredes de la AHS después de sortear años de tramitaciones y obstáculos burocráticos que habían mantenido su obra fuera del alcance del público avileño.

La curadora Mayslet Sánchez Clemente, graduada en Historia del Arte, celebró la apertura como un logro colectivo: “Si no fuera por este espacio positivo, su obra no estuviera expuesta a la población”.

El reto de la formación de públicos

El encuentro entre Zayas Sarabia y los estudiantes de secundaria, que participaron en Calibaneando, no fue solo el comentario de una exposición, fue un ejercicio deliberado de formación de públicos que tiene como trasfondo un problema estructural.

La crisis energética ha diezmado, en palabra del propio artista, el proceso cultural cubano. Los teatros, las salas de concierto, los espacios que requieren iluminación y sonido han visto reducida drásticamente su capacidad de convocatoria.

En ese escenario, las artes plásticas emergen como lo que Zayas Sarabia llama “el último escalón”: la manifestación cultural que menos electricidad exige para existir y que, por tanto, puede sostener el vínculo entre el público y la cultura cuando otras expresiones artísticas quedan en suspenso.

Una pintura no necesita corriente para ser contemplada. Una galería puede funcionar a la luz del día. Ese argumento no es menor en un país donde los apagones se han vuelto parte del calendario cotidiano.

Pero la formación de públicos no ocurre sola. Requiere puentes institucionales, y es ahí donde la alianza entre la AHS, el Consejo Provincial de las Artes Plásticas y el Mined, adquiere su relevancia estratégica.

Llevar a un grupo de adolescentes al encuentro con un artista joven, dentro del horario escolar y con el respaldo coordinado de las tres instancias, implica gestión, voluntad política y confianza mutua entre organismos que históricamente han operado en carriles paralelos. La integración no es retórica: tiene nombre, fecha y estudiantes sentados en sillas.

Sánchez Clemente lo articula con claridad cuando interpela a los propios jóvenes: “Yo soy graduada en artes y los invito a que se embullen, que se emocionen, que sigan más o menos las pistas de esta profesión porque hace falta el relevo y aquí quizás está la cantera”. La formación de públicos y la formación de creadores son, en esa visión, dos caras de un mismo proceso.

Lo que Calibán sigue preguntando

El espacio Calibaneando toma su nombre de una pregunta sobre identidad que no ha envejecido. En un territorio provincial donde la emigración es también realidad cotidiana y donde los jóvenes conviven diariamente con la tensión entre quedarse y partir, poner frente a frente a estudiantes de secundaria y a un artista cuya obra habla precisamente de eso tiene una carga que trasciende lo pedagógico.

La alianza institucional que hace posible ese encuentro no es la solución definitiva a los retos de la formación cultural en Ciego de Ávila, pero sí, una respuesta concreta y replicable: usar la plástica como territorio de resistencia frente al apagón cultural, construir públicos donde todavía no los hay, y demostrar que la colaboración entre la AHS, el Consejo de las Artes Plásticas y el Mined puede producir algo que ninguno de los tres lograría por separado.

Calibán, el personaje que Retamar convirtió en símbolo de la cultura latinoamericana que se apropia de las herramientas del colonizador para resistir, habría reconocido la lógica. A veces, la mejor respuesta a la adversidad es hacer exactamente lo que la adversidad pretende impedir.