Educar los afectos (I Parte) PDF Imprimir E-mail
Por Sayli Sosa Barceló| Viernes, 05 de Febrero de 2010 09:05
Educar• ¿Cuál es la percepción que de violencia de género poseen nuestros adolescentes y jóvenes? ¿Qué implicaciones para el futuro tiene la reproducción de conductas estereotipadas en este sentido? ¿De dónde vienen las influencias? ¿Qué hacer? Invasor digital propone un primer acercamiento al tema
Ella asegura que su novio no es violento. "Nunca me ha puesto un dedo encima", enfatiza. "A veces se pone celoso, y con tremenda mala cara me exige explicaciones por cualquier cosa y en cualquier lugar, mas eso no es grave. ¡Ah, sí, en ocasiones cuando se molesta me deja de hablar y tengo que ser yo la que lo busque, violento...no, él no lo es."

Así respondió una jovencita de 17 años a mi pregunta, al parecer, muy sencilla: "¿es tu pareja violenta?"; tan simple como la respuesta: "No."

Luego le propuse, al igual que a sus compañeros de aula, una pequeña encuesta que pretendía hurgar en su imaginario social, en la construcción de un concepto que a veces parece abstracto, lejano, pero que echa raíces en las relaciones de pareja de adolescentes y jóvenes en Ciego de Ávila y la Cuba de hoy.

DEFINIENDO EL DOLOR
La (in)comprensión de un fenómeno tan sensible como la violencia de género pasa por el tamiz de qué se entiende y a qué se hace referencia cuando se nombra. En tal sentido, algunos profundizan solo unos milímetros bajo la epidermis del asunto y se detienen al encontrar las marcas visibles.

Género es una construcción simbólica, una categoría relacional que establece atributos a las personas de acuerdo a su sexo, en el plano individual, pero que también tiene implicaciones en el ámbito social. Así, al definir lo masculino o lo femenino, se alude inevitablemente a patrones de comportamiento, valores, deseos, oportunidades y posiciones de poder en relación con la pareja, la familia o el trabajo.

Según las investigadoras de la Facultad de Psicología de la Universidad Central de Las Villas, la MSc. Dunia M. Ferrer Lozano y la Doctora María L. González Ibarra, "durante la socialización del género se construye una identidad femenina y masculina que implica valores y roles dicotomizados, que tienden a perpetuar las diferencias existentes entre hombres y mujeres, poniendo en muchas ocasiones, desde la herencia patriarcal, a la mujer en posición de desventaja".

Estas asimetrías, unidas a la subordinación y desvalorización de ellas ante ellos (mediante el empleo de la fuerza o métodos coercitivos), se conocen como violencia de género y transcurren de forma natural e invisible.

Precisamente la invisibilidad y naturalización son las piedras angulares del desconocimiento, primero, y de la no denuncia, después.

Y, aunque en ocasiones hasta este fenómeno se estereotipa al asumir que siempre son las mujeres las que sufren, no es menos cierto que un porcentaje de la población de varones es sujeto de algún tipo de maltratos.

Al respecto, la máster en Psicología Clínica Mariela Rodríguez Méndez, en su artículo Los hombres también sufren precisa: "También es violencia privar a los hombres desde pequeños de su derecho natural a expresar sus emociones, a llorar y a manifestar su dolor o sus afectos de cualquier tipo, y sobre todo querer educarlos con castigos severos que impliquen daño a su autoestima e, incluso, a su integridad física. Con el tiempo, estos varones puede resultar personas muy violentas o, por el contrario, tender a soportar el maltrato de la pareja, hijos o amistades como algo inevitable."

Sin embargo, las estadísticas mundiales continúan mostrando un panorama en el que las féminas llevan la peor parte. En el caso de nuestro archipiélago, de acuerdo con la socióloga Clotilde Proveyer, "el hombre asume muchas características estereotípicas de la identidad masculina cuyo proceso de formación es en sí muchas veces violento. Pero solo el uno por ciento de los hombres es violentado en el hogar: son ellos quienes la mayoría de las veces maltratan a la mujer y la familia".

Un material confeccionado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), titulado Violencia Intrafamiliar: ¿cuánto daña nuestra felicidad?, explica algunas de las formas en que se manifiesta este tipo de violencia: física (golpes, empujones); sexual (violación, aún dentro del ámbito de la pareja); emocional (someter a burlas, humillación y ofensas); limitar o impedir el acceso al trabajo o el estudio; negar apoyo económico cuando se tiene la posibilidad de ofrecerlo; no dar cariño, comprensión y afecto.

Además, describe una serie de consecuencias a las que se exponen las víctimas, entre ellas las lesiones o la muerte, trastornos en el deseo sexual, ansiedad, depresión, neurosis, suicidio, disminución del rendimiento escolar y laboral.

Varios estudiosos del tema coinciden al afirmar que en Cuba, a partir de procesos educativos y culturales generados por los cambios revolucionarios, la violencia física, fundamentalmente contra la mujer, se redujo de manera considerable, sobre todo si comparamos nuestros guarismos con los de regiones cercanas como América Latina.
Mas, expresiones sutiles y disimuladas de la hegemonía masculina se entronizan en la sociedad cubana, haciendo el contexto más complejo porque disminuye la percepción del riesgo.

LÁTIGOS INVISIBLES
Invasor digital se detuvo en un aula del Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) La Edad de Oro, de la capital provincial. Allí encuestamos a 27 jóvenes que cursan el duodécimo grado, cuyas edades oscilan entre 17 y 18 años.

El cuestionario estuvo compuesto por 11 preguntas destinadas a conocer cómo se desarrollan las relaciones de noviazgo entre adolescentes y jóvenes, y si existen manifestaciones de violencia entre muchachas y muchachos.

Ante la interrogante ¿tu pareja es violenta?, todos, hembras y varones, contestaron negativamente. Luego las preguntas versaron sobre si su novio(a) controla lo que haces, exige explicaciones, escandaliza en público, impone reglas, reconoce su responsabilidad, te deja de hablar cuando discuten, exige pruebas de amor, coquetea con otra(o), se burla del sexo opuesto, le confiere mayor importancia a sus asuntos.

En el caso de las féminas, 18 en total, más de la mitad respondieron que sí o a veces su pareja les da órdenes, controla sus actos, desaparece cuando hay un disgusto, demanda pruebas de amor y flirtea con otras, incluso, una confesó que le habían sido infiel.

Pocas afirmaron que su novio les impusiera reglas en cuanto al horario y los lugares de las salidas o los encuentros, y solo una admitió haber sido objeto de una discusión pública.

Por su parte, los varones (nueve), en abrumadora mayoría, no tuvieron reparos en plasmar sobre el papel que controlan, generalmente, lo que hacen las chicas, les dejan de hablar si pelean por algún motivo, imponen los días y las horas de las salidas, reclaman demostraciones de amor y enamoran a otras.

Siete de ellos dicen reconocer su responsabilidad cuando algo anda mal y seis nunca han escandalizado en público ni se han burlado de las mujeres. Asimismo, solo uno aceptó que no sabe si su novia coquetea con otros y asegura que ella lo controla a veces.

Orelvis Jiménez, director del centro, comenta que a pesar de que los muchachos están en una edad compleja, la labor educativa propicia que no se den situaciones de maltrato. A lo que agregaríamos, de maltrato físico. Además, el reglamento del plantel propone medidas disciplinarias para quienes incurran en manifestaciones excesivas de "amor" y acciones violentas, de agresión (no referidas al contexto de la pareja).

La muestra estudiada por Invasor digital en este primer acercamiento al tema no resulta significativa ni representativa, mas sí permite conocer la percepción que de este fenómeno tienen algunos adolescentes y jóvenes. Claro está que sus conductas no son homogéneas, pero estos grupos etáreos comparten imaginarios sociales, de manera que las respuestas son válidas para desarrollar reflexiones al respecto.

Ernesto René Salcedo Rocha, psicólogo, sexólogo y director del Centro Provincial de Promoción y Educación para la Salud, comentó a este semanario que "nuestros jóvenes no tienen una percepción sólida, un conocimiento claro de qué es violencia de género, y solo la identifican desde el punto de vista del maltrato físico. En este sentido la expresan de diferentes formas, desde 'no hago esta tarea porque es de hembras' o 'no puedes estar aquí porque solo hay varones'.

"Aunque las mujeres han escalado en la pirámide social al ocupar cargos importantes, administrativos y en organizaciones políticas y de masas, al cerrar las puertas de su hogar cambia el entorno y vuelven a reproducirse los roles sexistas y patriarcales que están en la base de la violencia de género." Así las niñas reciben una herencia de docilidad y servidumbre, y los niños el poder de "saberse" superiores y dominantes.

Al referirse a las implicaciones que tiene la ocurrencia de estas actitudes en el momento en que los jóvenes comienzan sus relaciones de pareja, de cara a la etapa de conformar una familia, Salcedo asegura que corremos el riesgo de que se repliquen estos patrones en la adultez, pero asegura que "estamos a tiempo de cambiar mentalidades y la solución estará en la educación que le demos a nuestros hijos, basada en la moral, en los valores del respeto hacia uno mismo y hacia los demás, la solidaridad, la honestidad y el altruismo.

Una educación donde la Familia tiene que desempeñar el papel principal, predicando con el ejemplo, y que debe estar apoyado por la acción conjunta de la escuela y la sociedad".

De los centros educacionales y del entorno social, donde se incluyen los medios de difusión, las organizaciones de masas, los instrumentos jurídicos, y de sus acciones destinadas a transformar actitudes, mitos y verdades "consensuadas", dependerán la redefinición de roles para hombres y mujeres, que hagan menos hegemónica, más equitativa y respetuosa la convivencia entre amigos, novios o familiares.

Pero al centro de todos los esfuerzos deberá estar siempre la Familia, un espacio donde la comunicación y el amor al otro tal como es son la mejor base sobre la que se pueden construir y educar los afectos.

En nuestra próxima edición volveremos sobre el tema para indagar en las influencias que sobre nuestros jóvenes ejercen, fundamentalmente, los medios.
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