Ciego de Ávila. Su alborada PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 20 de Mayo de 2009 15:50

El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, en su monumental obra Historia  General  y Particular de las Indias, recoge la primera noticia que se tiene sobre el encuentro entre aborígenes y españoles en tierras avileñas. En Jaragüeyal, lugar al que bautizaron los conquistadores como Jicotea debido a la abundancia de quelonios que allí observaron y degustaron, Pánfilo de Narváez y el cacique de Ornofay se reunieron en 1513. Los  aborígenes,  bondadosos como era habitual en ellos, brindaron guías y alimentos a los españoles.

Se sabe que en 1558 el realengo de Las Altamiras incluía los actuales  territorios avileños, se mercedaron los hatos de Santa Eugenia de la Palma, Ciego de Virgen y Jicotea. El 30 de octubre de 1577, al aplicarse las Ordenanzas de Cáceres, queda delimitado el hato de Ciego de Ávila, y  aparece así, por primera vez, este nombre, cuyo origen ha despertado  muchas controversias.

En el análisis de la palabra ciego, los historiadores se han puesto de acuerdo, coincidiendo en que corresponde a la situación geográfica, pues ciego se le denomina al terreno llano, bordeado de bosques y al que es difícil acceder. En cuanto a Ávila se ha llegado al consenso de que está relacionada con el apellido del primer colonizador que pisó estos lares, pero su nombre aún es una incógnita.

Durante los siglos XVII y XVIII la localidad evolucionó lentamente. La agricultura de subsistencia y la cría de animales de corral constituyeron las actividades económicas fundamentales.

A partir de 1688 Ciego de Ávila tuvo su curato de San Eugenio de la  Palma. Con la creación del Servicio General de Correos de la Isla, en 1756 se fundó en el territorio una parada para los viajeros que recorrían el camino entre las villas de Sancti Spíritus y Puerto Príncipe. Como consecuencia de la reformas del conde de Ricla, gobernador de Cuba, Ciego de Ávila adquiere en 1763 categoría de capitanía o partido pedáneo de tercera clase.

A finales del siglo XVIII ya Ciego de Ávila era el centro de 280 sitios de labranza y en la hacienda del mismo nombre su dueño, Antonio José Venegas, brindaba alojamiento y caballos frescos a los viajeros. Sin embargo, es en el siglo XIX cuando Ciego de  Ávila alcanza su mayor desarrollo económico dentro de la etapa colonial. La producción azucarera, la ganadería, la agricultura y la apicultura florecieron entonces. Los embarcaderos de Júcaro, Morón y  Punta Alegre facilitaban el comercio, principalmente, con las villas vecinas.

El partido avileño tenía en 1859 cuatro ingenios azucareros: La Soledad,  Hato Viejo, San Fracisco y Los Naranjos. Según un censo de 1856, la población sumaba 2 973 habitantes, de los cuales 527 eran esclavos. Contaba, además, con 318 viviendas. Las guerras independentistas afectaron la economía, tal es el caso de la industria azucarera que sucumbió bajo la tea mambisa, en menor medida le ocurrió a los otros rubros. La  población, por su parte, fue diezmada por la sanguinaria política de  reconcentración dictada durante el gobierno del general Valeriano Weyler, además, los ingenios azucareros dejaron de echar humo. Fue el precio que pagaron los cubanos en la región para alcanzar la libertad.
El 30 de marzo de 1877 se fundó el municipio de Ciego de Ávila, el que luego perteneció a la provincia de Camagüey, y con la nueva División Político-Administrativa en 1976 pasó a ser la capital de la provincia de igual nombre.

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