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Por Dr. Ramón Rivero Pino|
Viernes, 17 de Agosto de 2012 11:29
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Los niños en su desarrollo no pueden entrenar la paternidad, pues están recibiendo una educación sexista y estereotipada que los alejan de este entrenamiento real. Desde lo cultural, jugar con muñecas se trata de juegos típicamente femeninos. A través de estereotipos como este se provoca el distanciamiento del niño con el ámbito doméstico en general y paterno en particular. A él se le prohíbe ser papá, se le trunca el desarrollo de ese sentimiento y junto con ello toda la carga emocional y afectiva que lo acompaña.
Las cargas culturales promueven para el hombre una paternidad representativa (en tanto autoridad, sostenedor del hogar) y periférica. Una problemática que se está evidenciando en el mundo es la ausencia de padres y si lo tienen es deficiente por diferentes razones tales como la extremada jornada laboral, que provoca agotamiento, la no implicación con la crianza del hijo por estar todo el día cumpliendo con su responsabilidad social y ser una tarea exclusivamente de la madre.
Como consecuencia, al padre romper con el estereotipo, asumiendo otras actividades, las personas suelen decir "es una madre para sus hijos" o por ejemplo una madre que cría sola a sus hijos se autodesigna como madre y padre a la vez, por el hecho tal vez de asumir la maternidad adicionándole como ingredientes la fuerza y el control asignados al papel de padre.
La expropiación de una paternidad cercana, nutriente, empática, privando a los hombres del disfrute de los hijos desde una intimidad tierna y cariñosa es una de las mutilaciones humanas más fuertes. La misma constituye un proceso cultural, normativo, institucional, comunicativo, a través del cual en el devenir socio-psico-biológico se considera "normal, aislar y segregar la masculinidad de los espacios generadores de circunstancias afectivas con los hijos.
Ya estoy en espera de sus comentarios.
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