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Por Dr. Ramón Rivero Pino|
Viernes, 10 de Agosto de 2012 09:38
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La parquedad referida a sus sentimientos es una de las características del varón, "los hombres hablan menos"; se puede notar al efecto, que el ser un "hombre de palabra" es algo, que figura entre los mandatos masculinos, con su lógica consecuencia. Por otro lado al haberse circunscrito su mundo afectivo, el tema de los sentimientos no está entre las cuestiones varoniles y ambas situaciones, sumadas, terminan por repercutir en otra cuestión: la limitada capacidad del hombre para el compromiso afectivo.
Hay sentimientos legitimados socialmente para los hombres, sobre todo los relacionados con la agresividad. Sin embargo, el contacto físico y afectivo, el llanto, sentimientos de ternura, temor, vulnerabilidad, etc., de acuerdo con las pautas de crianza quedan omitidas, negadas del comportamiento masculino.
Al alejársele desde pequeño de sus sentimientos ("los hombres no lloran"), también se lo priva de la mirada interior. Cuando las mujeres se quejan de que los hombres —su marido, su novio, su padre, su hijo— no les cuentan lo que les sucede, o no dicen o no hablan nada, ignoran a menudo que esto no es algo hecho en contra de ellas, sino que los hombres no hablan de lo que les pasa porque ellos mismos no lo saben, carecen del registro emotivo fino que ellas sí han desarrollado.
El niño comprende que el hecho de ser varón constituye una ventaja, pero que para recibir este reconocimiento positivo, precisa sofocar sus necesidades, sus sentimientos de miedo o de tristeza. Pero esto significa, también, renunciar a la ternura, a los mimos, a las caricias físicas, al calor que de todo ello se desprende. Acariciar, mirar, son manifestaciones por lo general, femeninas, como también lo es la gentileza en la aproximación a todos los niveles. Golpear la espalda y apretar fuertemente la mano son, en cambio, formas de comportarse típicamente varoniles.
Muchas madres empiezan tempranamente a rechazar las demostraciones físicas de afecto de sus hijos, por el temor equivocado de que, en caso contrario, estos se apegarían a ellas en forma excesivamente profunda. Hay muchos padres que rechazan el abrazo de sus hijos porque no quieren que se conviertan en homosexuales. La espantosa ignorancia que demuestran estas actitudes es en extremo perniciosa y sirve para reforzar la incapacidad masculina de tener relaciones táctiles con otro ser humano.
La dureza del hombre suele ser el fruto de la carencia de sentimientos y mimos que ha sufrido durante su crecimiento.
El costo emocional de esta expropiación es muy alto. El hombre desarrolla canales alternativos de escape a su emotividad y aunque son lamentables, los trastornos psicológicos se transforman en físicos (como presión arterial alta, infartos cerebrales y al miocardio, etc.)
Ya estoy en espera de sus comentarios.
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