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El conocimiento hecho ciencia |
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Por Delicia Leyva Morales|
Lunes, 16 de Julio de 2012 07:45
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Tres décadas después de que el líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz expresara que el futuro de nuestra Patria debía ser necesariamente de hombres de ciencia y de pensamiento, fue preciso integrar, mediante un sistema organizado, la interacción sistemática de las actividades de investigación, docencia, producción especializada e información científico-técnica.
Así surge, el 16 de julio de 1992, y también por idea del Comandante en Jefe, el Polo Científico Territorial de Ciego de Ávila, el tercero creado en una provincia, después del de Santa Clara y Santiago de Cuba, que se incorporó al lenguaje y trabajo cotidianos, como elemento natural y marcó, no solo una solución ante las carencias del período especial, sino, también, un principio distintivo de la ciencia avileña actual.
Desde entonces, el Polo aglutina a un conjunto de investigadores e instituciones que generan y aplican el conocimiento científico y tecnológico en todos los sectores socioeconómicos y, a su vez, propician un escenario interactivo estable entre la comunidad científica, los productores de bienes y servicios, y la administración política y administrativa, en función de los intereses del territorio.
PUNTAL DE LA ECONOMÍA "El polo científico constituye un excelente mecanismo de integración, coordinación e intercambio, y eso lo ha demostrado en las dos últimas décadas con la aplicación de resultados de investigaciones importantes que han contribuido al progreso económico y social de la provincia de Ciego de Ávila", cuenta uno de los fundadores, Miguel Salazar Rodríguez, director de la Unidad de Ciencia y Tecnología de la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
"Por solo citar ejemplos —agregó—, entre los logros del Polo figuran el mejoramiento de variedades de la caña de azúcar, el impulso y utilización de la tecnología del biogás y otras fuentes renovables de energía (eólica y solar), la producción de alimento animal y el programa de monitoreo, evaluación, rehabilitación y mantenimiento de playas como base del ordenamiento ambiental para el desarrollo sostenible en el destino turístico Jardines del Rey.
"Otro de los aportes es la formación de los recursos humanos en el sector Científico, hoy con más de 150 doctores y similar cifra de profesionales graduados con el grado de máster en diferentes especialidades, que han hecho importantes aportes a las diferentes áreas en las cuales la provincia investiga", asegura Celso Pazos Alberdi, delegado del CITMA en el territorio.
En los primeros años, el Polo avileño estuvo constituido por 12 grupos de trabajos que respondían a diferentes programas priorizados de la Salud, la industria azucarera, la agricultura y la biotecnología.
Con el tiempo evolucionó hasta parecerse cada vez más a las características del territorio y hoy funciona con cinco frentes: el agrícola (producción agropecuaria y de alimentos), el azucarero, el de energía (eficiencia energética y uso de las fuentes renovables), salud humana y turismo, para los cuales cuenta con el aporte de varios centros de investigaciones, entre ellos, el de Bioplantas, adscrito a la Universidad Mayor General Máximo Gómez Báez, el de Bioalimentos en el municipio de Morón y el de Ecosistemas Costeros de Cayo Coco.
"Cada año el Polo perfecciona el trabajo, según la dinámica de las prioridades establecidas en cada etapa, de ahí que la labor conjunta entre los centros de investigaciones, de producción, de servicios científico-técnicos, predomine durante un período determinado, con el objetivo de obtener, en el menor tiempo posible, resultados útiles y probados con grandes impactos para el progreso del país", expresó Salazar.
DESAFÍOS EN EL CAMPO Una vez creados los polos científicos territoriales en las provincias, Fidel Castro Ruz los definió como "un mecanismo excelente de trabajo" y una de las "formas de establecer una cooperación estrecha entre instituciones científicas, empresas, universidades y entidades que prestan servicios, alrededor de intereses y prioridades territoriales, ramales o temáticas comunes, movidos por los sentimientos de cooperación, sin protagonismos individuales, ni beneficios particulares".
Sin embargo, "los desvelos, por muchos años, de los especialistas de las ramas de producción de alimentos (humano y animal) y mejoramiento genético e introducción de nuevas variedades de semillas con altos rendimientos, aunque experimentan resultados, no acaban de fructificar en grande en el terreno", explica Celso.
"Aún cuando el Polo Científico funciona como un elemento impulsor en el esfuerzo de cerrar un ciclo en cada investigación, donde el fin no es llegar a un resultado, sino introducirlo y generalizarlo, hay que lograr una mayor presencia y cooperación de los directivos de empresas y organismos de producción asociados a los programas de desarrollo socioeconómico", puntualizó.
"Ahora nos queda el reto de seguir trabajando para que el vínculo del sector productivo sea más efectivo y que la aplicación del conocimiento científico responda a las necesidades reales de la sociedad cubana actual y futura", agregó Pazos.
Para satisfacer tales exigencias hay que ser creativos, modificar concepciones, dinamizar los procesos de innovación que proporcionen respuestas concretas a problemas o líneas priorizadas de carácter territorial, ramal, temática y nacional, e incrementar la gestión con mecanismos y estrategias que rebasen con creces los propósitos y el alcance de los actuales espacios de integración del Polo Científico Territorial.
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