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Por Moisés González Yero|
Miércoles, 06 de Junio de 2012 09:08
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El primero de junio traspasamos el umbral de un período del año que con frecuencia reclama de la utilización de un vocabulario muy propio.
Cualquiera en Cuba diserta sobre Meteorología. Hondonada, categorías de los huracanes, imágenes de los radares o cono de trayectoria, que antaño constituían términos y frases de los expertos, han sido asumidos por el habla común.
Así por esta fecha muchos esperan por lo que en materia ciclónica se prevé para el área del Océano Atlántico y el Mar Caribe.
Hay por delante seis meses de mucha inestabilidad en la atmósfera (hasta el 30 de noviembre) y no resulta ocioso hurgar en el conocimiento relacionado con el particular.
"Esta temporada que inicia tendrá un comportamiento de normal a poco activa. Sobre el área oceánica del Atlántico deberán desarrollarse cerca de ocho ciclones tropicales, de ellos uno en el Mar Caribe y otro en el Golfo de México", vaticina el doctor José Rubiera, director del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología.
El especialista considera que tal predicción posee poco valor práctico mientras la ciencia no pueda decir exactamente —con meses de antelación— dónde, cuándo y la fuerza e intensidad de los meteoros.
Es preciso que la población se mantenga alerta, aunque la cifra prevista esté por debajo de los 10 ciclones que representan la media para esta área geográfica.
"Basta que un huracán, uno solo —remarca Rubiera— pase por encima de cualquier localidad, para que sus habitantes consideren que la temporada es muy activa."
Y ejemplificó: "En 1930 solamente hubo un huracán en el Caribe, ese fue de gran intensidad y destruyó completamente a Santo Domingo, la capital de República Dominicana.
"Igual sucedió en 1992, con cuatro organismos, pero uno de ellos el Andrews, de categoría Cinco, devastó el Sur de la Florida, en Estados Unidos."
La reducción en el número de fenómenos atmosféricos previstos para el área atlántica, obedecerá, prevén los meteorólogos, a la aparición del evento de El Niño a partir de los meses de verano, que por lo general establece fuertes vientos a alturas de 10 a 12 kilómetros, con la capacidad para cizallar (cortar) cualquier incipiente formación ciclónica.
Al tiempo que las aguas del Atlántico oriental se encuentran algo más frías que lo normal, otro factor desfavorable al origen de las tormentas.
Se conoce con el nombre de El Niño, no solamente a la presencia de corrientes oceánicas más cálidas procedentes del Pacífico, en dirección de las costas occidentales de América; sino a la alteración de los sistemas océano-atmósfera con alcance global.
Otra comprensión útil para la época se relaciona con la intensidad de los diferentes organismos. La depresión tropical resulta una de las fases iniciales en la formación de estos, en la cual los vientos no exceden de los 63 kilómetros por hora.
Nombres de los ciclones para 2012
Alberto, Beryl, Chris, Debby, Ernesto, Florence, Gordon, Helene, Isaac, Joyce, Kirk, Leslie, Michael, Nadine, Oscar, Patty, Rafael, Sandy, Tony, Valerie, William |
A los ciclones se le conceden nombres propios, desde que alcanzan la condición de tormenta tropical, con vientos entre los 63 y 117 kilómetros por hora, y se convierten en huracán cuando sobrepasan esta última velocidad.
Para medir los huracanes se usa la escala Zaffir-Simpson, que los clasifica en cinco categorías: La Uno, considerada como mínimos, de 118 a 153 kilómetros por hora; la Dos (moderados), de 154 a 177; la Tres (extensos), de 178 a 209; la Cuatro (extremos), de 210 a 250; y la Cinco (catastróficos) de más de 250.
También no pocos lectores persiguen la relación de los nombres para los ciclones del presente año.
Vale recordar que por décadas estos fenómenos fueron nombrados por el santoral del día en que azotaban algún sitio: el huracán de Santa Ana, por ejemplo.
A mediados del siglo anterior los meteorólogos militares utilizaron números para identificarlos y hasta por un corto tiempo emplearon el alfabeto fonético de las fuerzas armadas, como Alfa o Bravo.
La práctica actual se estableció a partir de 1953, en que a los meteoros se les empezó a bautizar con patronímicos femeninos en orden alfabético; en tanto que desde 1978 se alternan con apelativos masculinos, en tres de los idiomas principales: inglés, español y francés.
Estas apreciaciones, más el acerbo de cada quien y la habilidad para mantenerse bien informados, contribuyen con ciudadano común a mantenerse resguardo de esos siniestros.
Al margen de la constante preocupación del Estado por la protección de las vidas humanas y los bienes, individuales y colectivos.
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