|
Por José Antonio Quintana García|
Martes, 02 de Febrero de 2010 08:54
|
La película se proyectaba sobre una pared de tablas, cobijada por un techo de guano. Todo trascurría tranquilo en medio de una noche de asombro y descubrimientos para los guajiros de un caserío en el central Amancio Rodríguez. "Apaga eso coño, apaga eso, que me quemas la casa", le gritó un fornido campesino con el machete en la mano cuando vio sobre su casa, convertida en pantalla de cine, una escena que mostraba las llamas incontrolables de un incendio.
El moronense Eldo Ortega Toris ahora, a la distancia del tiempo, se ríe del susto que pasó ese día cuando su cine móvil llevó por primera vez el séptimo arte a personas humildes, en su mayoría analfabetas. Estaba inmerso en uno de los proyectos culturales más conmovedores de la Revolución.
—Miles de kilómetros anduve por los lomeríos, costas, cañaverales. Aquel carro era mi casa rodante durante 26 días cada mes. Solo descasaba cuatro. Me daban un plan con el itinerario que debía seguir y no regresaba a Camagüey hasta que lo cumplía. No importaba si llovía, si los caminos estaban desfondados, si había bandidos. Me dieron una metralleta para defenderme de los alzados.
"Pero el sacrificio valía la pena. La gente se alborotaba, gritaban cuando veían acercarse el carro. Era como en los tiempos en que llegaba el circo. Aunque conmigo se divertían, lloraban, y aprendían. En esa época casi pierdo el nombre, los espectadores me decían ICAI. 'Ahí viene ICAI', exclamaban jubilosos cuando la silueta del carro se asomaba en los bateyes y poblados.
"Mi pasión por el cine es muy grande. A los 13 años vi la primera película. Fue en el cine San Carlos de aquí de Morón y quedé atrapado para siempre. Como no tenía dinero para pagar las entradas, comencé a ayudar en la limpieza, después me contrataron y distribuía el programa casa por casa, era una forma de hacer propaganda. Así hasta que aprendí el oficio de proyectista.
"Después del triunfo de la Revolución me incorporé a las milicias y participé en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray. Era miembro de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y a través de esta organización distribuyeron unas becas para pasar un curso de camarógrafo. Fui seleccionado y así comenzó la etapa más linda de mi vida. La escuela radicaba en el hotel Habana Libre, allí estudiábamos y vivíamos. El Che visitó en una ocasión al grupo, pero se fue de inmediato. Parece que solo quiso constatar cómo marchaba el proyecto.
"Surgió la idea de crear los cine móviles y hablaron con nosotros. Necesitaban proyectistas. Pidieron voluntarios por dos años para llevar a cabo la iniciativa. Nos dijeron que luego continuaríamos el curso. Eso no se lo cree nadie, pensé, mas di mi disposición. El seminario para manipular los proyectores fue intenso, rápido. Enseguida nos distribuyeron. A mí me asignaron a la provincia de Camagüey.
Eldo (a la derecha) entrega un diploma al destacado intelectual Alfredo Guevara, presidente entonces del ICAIC
"La mayor satisfacción que me dio aquel trabajo fue estar tres días pasándole películas a quienes cortaban caña en La Norma en el mes de febrero de 1963. Allí, sentado en una silla de madera, de esas que llamamos de tijera, tuve a un espectador excepcional: al Che.
"Un lunes iba a partir para mis recorridos. José Manuel Pardo, director provincial de los cines móviles me llama a su oficina. 'Eldo, mañana vas para el central Ciro Redondo. Allí está el Che cortando caña y pidió un cine móvil'.
"Llegué como a las 5:00 de la tarde al campamento de La Norma, bajo un aguacero. Expliqué al responsable a qué venía. Esperé al Che. Se apareció al oscurecer, mojado, con una mocha en la mano. Le dijeron los motivos de mi presencia y él, luego de saludarme, me preguntó muy serio:"
—¿Y usted cuándo se incorpora a cortar caña?
—Cuando usted me ordene, Comandante.
"Parece que era una broma, para conocer mi disposición, pues enseguida cambió de tema y se interesó por la labor que desarrollaba, quiso saber qué lugares visitaba, cómo reaccionaba el público. Al final se preocupó por el recibimiento que me habían dado y satisfecho se marchó. Por la noche estaba preparando la proyección y miro para la puerta del carro, en ese instante él llegaba."
—¿Puedo subir?
—Sí, Comandante. Siéntese en esta silla.
"Le di la de tijeras, la única que había. Comenzó a preguntarme cómo funcionaba el proyector, cómo era mi vida, dónde cocinaba. También quiso conocer si tenía en la bóveda Un hombre de verdad. Le dije que no, pero que en Camagüey contábamos con una copia.
"En esa primera función expuse Tiempos modernos, dirigida, escrita y protagonizada por Charles Chaplin. Se trataba de una crítica al sistema capitalista, reflejaba la situación desesperada de los trabajadores en la sociedad norteamericana durante la Gran Depresión de 1929, cuando el desempleo provocó una ola de hambre y miseria.
"Las películas que más incluíamos en nuestras funciones eran mexicanas, españolas, soviéticas y checas, y en menor medida norteamericanas. Estas últimas habían predominado antes del '59. Dentro de la filmografía procedente del campo socialista, hasta entonces casi desconocida por el público cubano, exhibíamos con prioridad las que abordaban temas bélicos, patrióticos. En especial las que narraban las hazañas de los combatientes, así contribuíamos a elevar la moral y el espíritu de lucha del pueblo, que sufría las amenazas y agresiones militares organizadas por el gobierno de los Estados Unidos. Por eso el Che quería que trajera Un hombre de verdad. Después que terminé. El Che se acercó."
—Ve mañana a Camagüey para que traigas Un hombre de verdad.
—Está bien Comandante, salgo tempranito.
—Sí, pero en mi yipi que gasta menos combustible y regresa rápido.
"Llegué a Camagüey. Le expliqué a José Manuel Pardo la orden del Che.
—Oye, pero esa película está en el carro que fue anoche para Santa Cruz.
—Pues voy para allá de inmediato, el Che me dijo que regresara rápido.
"Por el camino me encontré con el cine móvil y recogí la cinta solicitada. Esa noche presencié el primer cine-debate. Yo acostumbraba a hacer un comentario antes de comenzar la proyección sobre el contenido de la película, al final preguntaba si querían decir algo. Casi nunca intervenían, quizá por miedo escénico, o por ignorancia. Sin embargo, en aquella ocasión fue diferente. El Che se paró de la silla de tijeras."
—Ey, ey, a dónde van. No se apuren que ahora vamos a decir lo que pensamos sobre Un hombre de verdad. ¿Qué piensan de la actitud del protagonista?
"La gente cogió confianza y habló. El intercambio de opiniones fue fructífero, enriquecedor, él les explicó sobre la valentía del pueblo soviético, su historia, su papel en la derrota del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Yo estaba encantado, muy contento con el resultado de mi trabajo. Y él satisfecho. Al tercer día me preguntó:"
— ¿Hasta cuándo vas a estar aquí?
—No sé Comandante.
—Mira ya cumpliste tu trabajo, continúa con tus recorridos por los campos, allí también te necesitan.
Cine móvil que llevó la cultura a los campesinos durante décadas
"La silla de tijera tiene su historia. La guardé como un tesoro. En el '70 pasé a otras funciones y dije 'lo único que me llevo es esta silla, en la que sentó el Che. Entregaré otra para sustituirla'. La puse en un cuartico de desahogo, detrás de mi casa. Allí permaneció colgada en una pared hasta que un trueno le cayó al cuartico y quemó todo lo que tenía dentro. Así perdí el único recuerdo material de mi encuentro con el Che Guevara. Sin embargo, no se me ha borrado su imagen, las veces que me dio la mano,... He soñado con aquellos tres días, son sueños que se mezclan con voces: "Ahí viene ICAIC, ahí viene ICAIC."
|
|