Son otros desde entonces PDF Imprimir E-mail
Por Sayli Sosa Barceló|

CheCuatro décadas han pasado desde que en La Higuera se escuchó el disparo. Los asesinos pretendieron exterminar su ejemplo, su acción, mas solo consiguieron enterrar un cuerpo. Los latidos de su corazón, la respiración entrecortada por el asma, el eco de su voz aún permanecen en aquella escuelita y se esparcen por todo el mundo, como semilla presta a fecundar en cualquier pedazo de tierra. Cuarenta años después, Ernesto Guevara está todavía en el camino, con la adarga al brazo, sintiendo el costillar de Rocinante bajo sus talones, señalando la ruta de los pueblos hacia la libertad plena. 

Los jóvenes cubanos de aquellos días lo recuerdan con una mezcla de tristeza y emoción porque el Che estaba en todas partes, en cada trabajo voluntario, en cada fábrica y sus obreros, en los campos de caña, en el Ministerio de Industrias, en los organismos internacionales, defendiendo a Cuba y alertando que al imperialismo no se le podía dar ni tantico así. Ellos, cual marca indeleble, llevan consigo la imagen del Guerrillero, inspiración y motivo. Como dijera el trovador: Fue una estrella quien te puso aquí/, y te hizo de este pueblo, de gratitud,/ nacieron muchos hombres,/ que igual que tú,/ no querían que te fueras/ y son otros desde entonces… 

Compartimos más que la inicial del nombre

Emilio no es solo un abuelo de 82 años. Guarda en su memoria los sucesos más importantes de su vida, como cuando era miembro del Movimiento 26 de Julio, y en la clandestinidad, aportaba su granito de arena en la ciudad, o cuando en el Escambray luchaba contra los bandidos. Junto a él, su esposa Estrella recuerda cómo veían al Guerrillero Heroico. 

“Desde la primera vez que oí hablar del Che fue todo positivo, igual que de Camilo. Ellos eran como los guardaespaldas de Fidel, porque eran sus hombres de confianza, y en el lugar donde estuviera el Comandante allí estaba Ernesto Guevara. 

“Cuando triunfó la Revolución y los barbudos llegaron a La Habana, Fidel decía que tenía una sorpresa muy grande para los cubanos y fue entonces cuando presentó al Che. Dijo que era argentino y que había luchado en la Sierra. ¿Y sabes a quién se me pareció?, a Cantinflas, con aquel bigote pequeñito, partido en dos. Lo que pasa es que hasta ese momento solo habíamos oído noticias, pero no conocíamos su imagen. No teníamos televisor, en el pueblo había muy pocos, y nos parábamos en el portal de una casa al lado del bar Ayúdame a vivir para ver el noticiero. 

“La vez que más cerca estuve del Che fue en la Ciudad de La Habana, en una concentración en la Plaza de la Revolución. Recuerdo que nos llevaron en camiones y llegamos algo atrasados porque eran muchos vehículos en la carretera. En la Plaza había tanta gente que parecía un mar y no pudimos situarnos cerca de la tribuna, pero veíamos al Che, al lado de Fidel. 

“Después tuvimos un televisor y lo veíamos en todas sus intervenciones, en los trabajos voluntarios, en la zafra. 

“Cuando supimos de su muerte, todos sentimos un dolor semejante a si hubiera sido un familiar. En el trabajo solo se hablaba de él, de su obra, porque siempre estuvo muy cerca del pueblo, explicando cómo se hacía una Revolución. Él decía que no solo era luchar con las armas, sino trabajar.  

“El Che salió de Argentina, se encontró con Fidel en México y no lo pensó dos veces, embarcó en el Granma y subió a la Sierra. Creo que allí radica uno de sus grandes méritos, el hecho de interesarse por una causa que, aunque justa, le era ajena. Con él, compartimos más que la inicial de nuestros nombres.” Emilio Martínez Rodríguez (82 años) y Estrella Zoila García Rodríguez (67). Jubilados. 

Seguirá siendo ejemplo para los jóvenes

Ibrahím Ulloa atesora gratos momentos, hechos felices que le ha deparado su profesión. Pero, también, de malas noticias está labrado el camino de un locutor. 

“El día que se da a conocer la muerte del Che, estaba trabajando como animador y director artístico del cabaret Bohemio, en la ciudad de Ciego de Ávila. 

“Inesperadamente, llegó el compañero Everildo Vigistaín Morales (el Negro) y me llama para comunicarme que Ernesto Guevara había sido asesinado en Bolivia y que el espectáculo quedaba suspendido. Sentí una impresión muy grande, fue algo terrible. Salí al escenario y con dolor en el alma le expliqué al público lo que sucedía. 

“En ese momento se hizo un silencio sepulcral. Todos enmudecieron, no se escuchó ni una sola palabra. Me di cuenta de que los presentes sintieron aquella noticia en el corazón, porque al Guerrillero lo quería mucho el pueblo. Y entonces sucedió un incidente que también recuerdo con nitidez. Un compañero que estaba sentado en el lugar que siempre reservaban para mí y mi esposa, al parecer, oyó un ruido o una voz y se irritó, dio con el cuchillo en la mesa y dijo que no toleraría faltas de respeto. En realidad no fue una ofensa, sino un sonido casual, pero eso da la medida de la tensión de esos instantes. 

“Luego todas las personas se retiraron organizadamente. En los días posteriores la programación de la emisora fue muy seria, muy sentida y la imagen del pueblo era de dolor. Todos estaban tristes, acongojados, porque el Che era una persona muy querida, ejemplo para la juventud, lo fue entonces y lo seguirá siendo siempre. Su ejemplo sigue vivo y es inspiración para todos los revolucionarios en el mundo.” Ibrahím Ulloa Figueredo (70 años). Locutor. 

Era serio, pero amistoso

“El Che era una persona muy querida por el pueblo. Cuando estuvo por aquí, cortando caña en Pina, se hablaba mucho de él, de cómo trabajaba, de cómo daba siempre el ejemplo. Es verdad que tenía un carácter serio, pero era amistoso.  

“Yo creo que lo más importante que dejó el Guerrillero a los cubanos de mi generación es ese sentido de predicar con la propia obra, de ser siempre el primero a la hora de trabajar en cualquier tarea, que es como debe ser.” Luis Valdés Lezcano (67 años). Mecánico.

Estuvo siempre con los pobres de la tierra

Dorys era apenas una adolescente cuando Ernesto Guevara ayudaba a construir la Revolución cubana, pero recuerda con precisión la impronta del Guerrillero. “En aquella época estaba estudiando en la Secundaria. A los 14 años ya era militante de la Unión de Jóvenes Comunistas y en la organización siempre estaba presente su ejemplo y el de todos los líderes de entonces.  

“Trabajábamos mucho, motivados por su accionar, en los trabajos voluntarios, en las misiones que nos encomendaba la dirección del país. Recuerdo que, aún sin tener edad laboral, yo comencé a trabajar en la Aviación Agrícola, porque la nación lo necesitaba. Así se vivía, con ese fervor e incondicionalidad a la Patria. 

“En octubre de 1967, estaba operada de las dos piernas y me pasaba todo el día escuchando radio. Entonces comenzaron a difundir la noticia por todas las emisoras, pero no había certeza. Interrumpían cualquier programa para dar a conocer lo último que llegaba de las agencias informativas. Ya se sabía que él estaba en Bolivia, pero desconocíamos los detalles. 

“Para mí fue un dolor muy grande. Y aunque no podía salir a la calle, sí recuerdo que la gente estaba desesperada, fue como cuando desapareció Camilo.  

“En ese entonces mi familia vivía en un caserón viejo en la calle Bembeta y allí se reunían las federadas, lloraban y hablaban del Che, compartían informaciones, hasta que Fidel dio la noticia de que había muerto.  

“Creo que Guevara, sobre todo, nos dejó ese sentimiento de internacionalismo, porque nunca vaciló en dejar detrás a su familia, sus amigos, a un pueblo que lo hizo su hijo para ir a luchar por los pobres de la tierra.” Dorys Rodríguez Acosta (55 años). Jubilada.  

Se ganó el respeto hasta de los que no apoyaban la Revolución

Mayor que su hermana solo tres años, Rubén vivió con más intensidad los primeros pasos de un proceso revolucionario en el poder. Sin vacilar, se integró a cada una de las misiones que encomendaba la Patria, en el empeño de labrar su propio camino. Fue así que protagonizó la campaña de alfabetización y subió a las lomas, a recoger café. 

“Recuerdo al Che como un hombre de carácter intransigente. Hay muchas anécdotas que describen su exigencia, su forma de actuar. Mi papá, por ejemplo, decía, 'el argentino es recio, pero con todos por igual, empezando por él mismo'.  

“Aquí en Ciego de Ávila estuvo en  varias ocasiones. Arturo, un amigo de aquellos años que ya falleció, me contó una vez que cuando el Che inauguró la Empresa Indalecio Montejo (Chapeadora), él era tornero. Alguien le dice que había llegado el Comandante Guevara, salió corriendo, pero en lugar de dar la vuelta por la puerta, saltó una tapia y cuando calló, quedó delante del Guerrillero. Por supuesto que los escoltas inmediatamente intentaron tomarlo por los brazos, pero el Che dijo: ‘déjenlo, déjenlo, que es un muchacho’. Luego le preguntó: ‘¿por qué hiciste eso?’, a lo que Arturo respondió:

     —Porque me dijeron que usted estaba aquí, Comandante.

—Bueno, ¿y si estos muchachos te matan?

—¡Ah!, figúrese, ¿qué se le va a hacer?

—¿A qué te dedicas?

—Soy tornero.  

“Hasta ese momento el recorrido lo había hecho junto al director de la empresa, y a partir de ahí, le pasó el brazo por el hombro y terminó de conocer el lugar. 

“De igual forma se habló mucho de cuando estuvo en La Norma, con el proceso de mecanización. Después de 14 ó 16 horas cortando caña se sentaba junto a los trabajadores a conversar del proceso revolucionario, de la implementación de la maquinaria, a saber lo que le preocupaba a aquella gente. 

“Los jóvenes de ese momento lo veíamos como el tercer hombre de la Revolución, como un gran pensador.  

“En 1967 estaba becado en La Habana y la dirección nos reunió y dio a conocer la información que decía que habían matado al Che, pero no había certezas. Aquello impactó mucho, la mayoría lloró. Hasta que Fidel habló en la Plaza y expuso los sucesos. 

“Luego se publicó el Diario del Che en Bolivia y ocurrió algo parecido a lo que pasa hoy con Cien horas con Fidel, todos teníamos el libro, era una guía. 

“Creo que lo más importante que legó el Che a mi generación fue su abnegación, su exigencia, su confianza en el porvenir. Incluso los que no estaban de acuerdo con el proceso revolucionario lo respetaban.” Rubén Rodríguez Acosta (58 años).  Trabajador de la Aduana General de la República. 

Él está vivo todavía

No son pocos los chinos que hicieron causa común con la tierra que los acogió como hijos. Por ahí están las historias, públicas algunas, desconocidas otras. José Chuay atesora una de ellas y con la humildad de siempre, no tuvo reparos en acercarnos a su vida de combatiente, de revolucionario. Fue miembro de una célula del movimiento 26 de Julio en Ciego de Ávila y recolectó medicinas,  dinamita, vendió bonos, hizo sabotajes en las líneas de alta tensión. Casi sube a la Sierra, pero el llano también era decisivo. 

“Conocí al Che en el año ’63, en una gran movilización que se hizo para la Zafra del Pueblo. Yo era el jefe de una unidad de artillería de la División 43 de Ciego de Ávila, Cristino Naranjo, y participamos en la zona de Las Martinas y Palo Gordo. Antes de irnos para esos lugares tuvimos la oportunidad de verlo, nos reunieron en un estadio y él, subido en unos cartones, habló con nosotros, nos explicó el motivo de aquella zafra, el porqué había que trabajar para desarrollar al país.  

“También nos dijo que estaba cerca, cortando caña y que cualquier problema que tuviéramos fuéramos a verlo. En otra ocasión llegó hasta el campamento y me di cuenta de que era un hombre que se preocupaba por la gente, era el último en salir del campo y el primero en estar al frente de los obreros. Era muy serio de carácter, pero los que lo conocieron mejor decían que era muy alegre, que amaba mucho la vida, que tenía una visión muy grande del futuro. 

“Se sentaba en el suelo a comer con los trabajadores y no permitía que nadie le diera algo diferente de comida. 

“Ernesto Guevara tenía un gran espíritu internacionalista, no podíamos pretender que se quedara en Cuba porque su causa era la de todos los pueblos oprimidos, era un guerrillero y por eso fue al Congo y a Bolivia. Sus asesinos pensaron que matándolo terminarían con su ejemplo, pero se equivocaron. Es un símbolo para todo el mundo y algunos campesinos en Bolivia lo ven como un dios. Por eso el Che todavía está vivo.” José Chuay Zayas (70 años). Miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución cubana.

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