Martí los miraba desde su altura, como padre henchido de regocijo y orgullo. Ellos, dejaron escapar el aliento transformado en melodía, y manos presurosas robaron a las cuerdas la mejor afinación.
Bajo la mirada del Apóstol, la Banda de Conciertos, acompañada por Corávila, ofreció un repertorio con obras de la música cubana y latinoamericana
Así transcurrió la noche del domingo 24 de julio, en la que Cuba, cual novia sentada en el parque, escuchó la más hermosa serenata que los hijos de Ciego de Ávila supieron ofrecerle, apenas unas horas antes de que celebrara otro aniversario de su despertar, aquella mañana de la Santa Ana.
La gala, a la que asistieron los miembros del Comité Central del Partido, Comandante de la Revolución Guillermo García Frías y Jorge Luis Tapia Fonseca, máximo dirigente político en la provincia, participantes en la gesta del Moncada, expedicionarios del Granma y personalidades de la Cultura, fue un homenaje a la cubanía, ese barro esencial del que estamos hechos.
Más de 100 integrantes de las 10 bandas municipales de concierto de Ciego de Ávila, fragua soñada por Fidel para multiplicar claves de Sol y corcheas entre la gente que apenas las habían escuchado nombrar, agasajaron a los presentes con un repertorio que recorrió toda la creación de nuestra América, acaso, también, el mejor regalo en el festejo de su Bicentenario.
El maestro Juan Carlos Corcho dirigió a los 100 instrumentistas en la Gala cultural por el 26 de Julio
Dirigidos por el maestro Juan Carlos Corcho, los instrumentistas lograron un alto nivel de interpretación con composiciones como Adiós nonino, del genial argentino Astor Piazzolla, Cuba, qué linda es Cuba, de Eduardo Saborit, y Siboney, del maestro Ernesto Lecuona, en la que se dejó escuchar la potente voz de Lucy Safons.
Al Comandante Hugo Chávez Frías dedicaron el tema Alma Llanera, del compositor Rafael Bolívar Coronado, una canción que el mandatario venezolano entonara recientemente en La Habana junto a Fidel, Raúl y el presidente ecuatoriano Rafael Correa.
No faltó la poesía, condimento indispensable del ajiaco étnico y cultural de una Isla que celebra 58 julios desde aquel que movió las fibras, en lo más hondo, y dijo basta, y echó a andar.
Al despuntar la mañana de este 26 de Julio, un coro de voces entremezcladas, combinando experiencia y juventud, acompañado de la banda de conciertos, entonó las notas del Himno de Bayamo, y el jolgorio se hizo historia.
Estaban allí Raúl, los comandantes de la Revolución; miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y su Comité Central; dirigentes de organizaciones políticas y de masas; combatientes del Moncada, el Granma, la Sierra; amigos de la Isla en otras latitudes; el pueblo de Ciego de Ávila, tan jubiloso, ¡tan feliz!
Encendidos versos, declamados por el actor Orlando Alberto Hernández Jiménez, hablaron de cuarteles militares convertidos en escuelas por una Revolución que no se ha cansado, ni lo hará, de ser y estar. Era la lírica de Miguel Barnet y su poema Cuartel Moncada.
Talentosos adolescentes de la Orquesta de Cámara de la Escuela Vocacional de Arte Ñola Sahíg Sainz ofrecieron una melodía a la hermosa Cuba, la misma que inspiró al compositor José White, autor de la ya imprescindible La Bella Cubana.
Estampas campesinas de los bandos Rojo y Azul presentó el Conjunto Artístico XX Aniversario
Como colofón de esa fiesta de la cultura que también fue el 26 en predios avileños, llegaron Doña Joaquina y sus muchachos, con pañoletas rojas y azules. El Conjunto Artístico XX Aniversario selló la jornada con el enfrentamiento simbólico entre los dos bandos, acaso una alegoría al contrapunteo de un pueblo consigo mismo, en su afán, como dijera el poeta, de no quedarse inmóvil a la orilla del camino.
Cuba vibró otra vez en Ciego de Ávila (y no es frase manida o dicha mil veces). Cuba tenaz, laboriosa, rebelde, bajo la mirada vigilante del Apóstol y ese otro cubano que nos conminó a no perder un día. Cuba hecha, también, de lo más genuino y auténtico de su Cultura, esa que despierta colibríes rojinegros en el lado izquierdo del pecho.
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