El Che en Ciego de Ávila 1 En cañaverales del municipio de Venezuela se puso a prueba la tenacidad del principal promotor del trabajo voluntario en Cuba

En las primeras horas de la mañana del domingo l7 de febrero de 1963 el comandante Ernesto Che Guevara, entonces Ministro de Industrias, asistía al central Venezuela con el propósito de operar en la colonia Dolores, cerca del batey, una de las máquinas cubanas de corte de caña y así concluir la jornada de trabajo voluntario más extensa que de forma permanente desarrolló en Cuba, iniciada el 4 de febrero en La Norma, central Ciro Redondo.

El periódico Revolución, mediante su corresponsal avileño, Julio Luis Sánchez, recogió el acontecimiento y publicó:

“El comandante Ernesto Che Guevara, que se encuentra cortando caña en la colonia Dolores del central Venezuela respondió a nuestras preguntas. Nos dijo que había comenzado su labor a las 7:00 de la mañana y calculaba terminar alrededor de las 4:00 pm, esperando cortar 20 000 arrobas de caña en menos de nueve horas. A las 11:00 am ya llevaba 8 000 arrobas, viéndose obligado a hacer un alto en las labores por una pequeña rotura en la máquina cortadora. Informaron los mecánicos que le acompañaban que la máquina quedaría reparada en breve tiempo. El comandante expresó al corresponsal que, durante todo el tiempo que había permanecido en los cañaverales camagüeyanos, había trabajado bajo la presión de los matutinos Revolución y Hoy que publicaban diariamente todo lo relacionado con su trabajo, guiando una máquina cortadora de caña.

“Durante la conversación, el comandante Guevara (que es un gran fumador de tabacos) nos preguntó si fumábamos, contestándole nosotros en sentido negativo; oportunidad en la que el chofer que nos acompañaba, compañero Orlando Perdomo, le obsequió un tabaco, para evitar que tuviera que irlo a buscar al jeep en que viajaba.

“El comandante Guevara se demostró disgustado con los responsables del trabajo voluntario en el término de Ciego de Ávila, expresando textualmente que: ‘los organizadores del trabajo voluntario habían brillado por su ausencia en esa ocasión’. Al despedirse de nosotros el Ministro de Industrias, para reintegrarse a su labor, una vez reparada la máquina cortadora de caña, informó que tan pronto termine la tarea productiva partiría hacia La Habana, despidiéndose de los camagüeyanos.”

Y, efectivamente, se despedía del pueblo avileño al cumplir el compromiso público que se había impuesto días antes, en una Plenaria de Emulación en la ciudad de Camagüey, ante representantes sindicales y obreros del sector azucarero, en la que expresó categóricamente: “No me voy de la provincia sin antes cortar más de l00 000 arrobas con una máquina.”

En aquella última jornada, desde los cañaverales del Venezuela, cortó 20 000 arrobas y acumuló en total más de 137 000, con una productividad superior a las 11 000, hecho sin precedentes que habla por sí solo de su tenacidad y constancia, pues las máquinas estaban diseñadas para cortar, en ocho horas, unas 4 000 arrobas.

Ya avanzada la tarde, una avioneta despegaba del campo de aterrizaje del central Venezuela, piloteada por la mismas manos que habían manejado durante el día una máquina cortadora de caña. Se sentía doblemente feliz: por haber cumplido el compromiso contraído y, a pesar del cansancio, poder volar por el cielo de Cuba, una de sus mayores pasiones.

No imaginó el corresponsal voluntario, quien se desempeñaba a su vez como oficinista del central, que la breve entrevista hecha al Ministro desde un cañaveral pasaría a los anales de la historia como prueba irrebatible de la actuación de un hombre superior, cuya prédica desde la trinchera del trabajo constituía un paradigma para los demás.

Julio Luis Sánchez, decano de los corresponsales de prensa avileños, y fundador de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), ya fallecido, nos confesó: “Fue un momento inolvidable que guardaré con satisfacción hasta los últimos días de mi vida, no solo como periodista sino como ser humano. Aquella imagen del Guerrillero Heroico portando sombrero de guano, rostro sudoroso y semblante colmado de optimismo y confianza, jamás se ha borrado de mi mente, ni se borrará.”El Che en Ciego de Ávila 2

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