X Aniversario de
atentados en instalaciones turísticas
Posada, su promotor
confeso, sigue sin saldar deudas
(Actualizado 11 de
abril de 2007)
Por Luz Marina Fornieles Sánchez (AIN)
Una década atrás, la
capital cubana fue testigo de una serie de atentados
contrarrevolucionarios en instalaciones turísticas. De esa manera
pretendían el Imperio y la mafia de Miami detener el pujante desarrollo
de la industria del ocio local, erigida a partir de los años 90 en motor
impulsor de la economía nacional.
Sabían dónde atacar y
empezaron el 12 de abril de 1997, cuando una bomba explotó en un baño de
la entonces discoteca Aché —hoy el Habana Café—, del capitalino hotel
Meliá Cohíba. Tal fue el inicio de un ciclo de acciones criminales,
ejecutadas por una red montada en Centroamérica por el terrorista
confeso Luis Posada Carriles y
financiada por la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA).
El promotor de esa y
las restantes explosiones —el día 30 de ese mismo mes y en ese propio
inmueble fue desactivada otra carga explosiva— reconoció públicamente su
autoría en entrevista concedida al diario The New York Times, en
julio de 1998. Entonces, también revelaba sin ambages que el soporte
económico lo había aportado la FNCA.
Han pasado 10 años y
Posada no ha saldado sus deudas por esos y otros hechos
vandálicos con la justicia, esa misma justicia que ahora en la persona
de una jueza de Miami aprueba se le otorgue una fianza para salir en
libertad.
El aparato judicial
norteamericano solo le imputó cargos migratorios por su entrada ilegal a
la Unión, e hizo mutis ante un expediente cargado de datos y pruebas de
las fechorías de este asesino, quien personalmente contrató a dos
salvadoreños para perpetrar los atentados en La Habana.
Luego de apresados,
Francisco Chávez Abarca y Raúl Ernesto Cruz León admitieron su
vinculación con Posada Carriles, cerebro de esos siniestros
planes.
Tras los sucesos de
abril en el referido hospedaje cinco estrellas, el 12 de julio siguiente
se produjeron dos explosiones casi simultáneas en los hoteles Capri y
Nacional, en los cuales cuatro personas resultaron lesionadas. De nuevo
el 4 de agosto, el objetivo fue el Meliá Cohíba y 18 jornadas después,
el escenario de tamañas tropelías se trasladaba hacia el Sol Palmeras,
en Varadero.
El ciudadano italiano Fabio Di Celmo murió el 4 de septiembre, cuando un
artefacto hizo explosión en el hotel Copacabana. También ese día otras
siete personas resultaron heridas en similares delitos en el Tritón y el
Chateau Miramar, y en el restaurante La Bodeguita del Medio.
A partir de los actos
terroristas realizados desde el 17 de octubre de 1992 hasta el 30
de abril del ’97, Cuba confeccionó una lista de 13 graves hechos
de esa índole, cometidos especialmente contra instalaciones turísticas,
financiados casi en su totalidad por la Fundación Nacional Cubano
Americana. Se elaboró un informe que se hizo llegar al Presidente de
Estados Unidos a través de una destacada personalidad política, en
visita privada a Cuba, a principios de mayo.
Pero una actitud y
una conducta agresivas por parte de las administraciones norteñas
hicieron caso omiso de tales denuncias, hace 10 años; como también
ahora, en vez de juzgar, protegen y buscan a toda costa la libertad del
autor confeso de tantos y tantos crímenes, su fiel agente imperial
Luis Posada Carriles. |