Grandes
daños en la agricultura por acciones terroristas
(Actualizado 20 de
abril de 2007)
Por Adelina Vázquez (AIN)
Las acciones terroristas del gobierno de Estados Unidos, además
de la pérdida de casi 3 500 vidas y la incapacidad de otras 2 100
personas, han ocasionado a Cuba millonarios daños materiales y la
destrucción de buena parte de la riqueza nacional.
Industrias, centros
turísticos y de otras ramas fueron atacados, al tiempo que resultaron
grandes las afectaciones causadas al sector agrícola, en particular la
provincia de La Habana, principal productora de la capital.
El objetivo era
doblegar por hambre la voluntad del pueblo cubano de defender la
Revolución y con ese fin los enemigos realizaron más de 100 actos de
sabotaje y piratería, y una intensa guerra biológica contra los cultivos
económicos fundamentales.
Estuvo presente
asimismo la acción de bandas contrarrevolucionarias que asesinaron a
campesinos y trabajadores agrícolas.
Entre septiembre y
diciembre de 1960 tuvieron lugar más de 50 violaciones aéreas en el
actual territorio de La Habana y entre los sabotajes más significativos
figuran la quema de miles de arrobas de caña y almacenes de sacos de
azúcar, como los perpetrados en el central Hershey, hoy llamado Camilo
Cienfuegos, de Santa Cruz del Norte.
Las bandas
criminales, en el municipio de Madruga, incendiaron y destruyeron en
1961 cuatro naves para almacenar papas, una de las viandas más
demandadas por la población.
Para tener una idea
de la intensidad que por esa época alcanzaron las actividades
terroristas contra Cuba, basta señalar que desde noviembre 30
de 1961, cuando el presidente Kennedy aprobó la puesta en marcha del
denominado Proyecto Cuba, hasta enero de 1963, se llevaron a cabo
5 780 acciones contra el país.
Constaba el citado
Proyecto de 32 tareas, una de las cuales, la 21, exponía: "La CIA
someterá el 15 de febrero un plan para provocar fracasos en las cosechas
alimentarias en Cuba". Con ese vil propósito Estados Unidos
desató una intensa guerra biológica.
En 1978 se produce
una plaga de roya en las plantaciones cañeras, enfermedad que,
procedente de Holguín, se extendió por toda Cuba y atacó sobre
todo a la variedad Barbados-4362, en esa época la predominante, y hubo
que demoler el 34 por ciento de las áreas cañeras del país.
Durante años, la roya
ocasionó considerables daños a la economía y solo en la zafra de
1980-’81 se dejó de producir casi un millón de toneladas de azúcar. La
introducción del Thrips palmi en Cuba constituyó una de las
expresiones más graves del propósito de los gobernantes norteamericanos
de matar por hambre a la población cubana, pues diezmó cultivos
de interés económico y para la nutrición, como la papa, aparte de ser
ese un insecto resistente a una creciente cantidad de plaguicidas.
Atacó principalmente
a las provincias de La Habana y Matanzas, y Cuba presentó en la
ONU pruebas testificales que confirman su lanzamiento el 21 de octubre
de 1996, desde una avioneta registrada y procedente del vecino Imperio y
bajo el control del Departamento de Estado.
Las pérdidas
ascendieron entonces a más de 35 millones de dólares por exterminio de
plantaciones, la adquisición de plaguicidas y el mantenimiento posterior
del programa de defensa contra la plaga.
Esa extensa relación
de la guerra biológica incluye, el Moho azul del tabaco, desaparecido en
Cuba desde 1957 y que en noviembre de 1979 reapareció de forma
virulenta, con un impacto de tal magnitud que se calcula su efecto
negativo en 350 millones de dólares, por disminución de exportaciones,
perjuicios en el consumo nacional y los gastos para erradicar ese
hongo.
A la larga lista se
suma la sigatoka negra, detectada en 1990 en el plátano, y que desde ese
año hasta 1995 redujo un 77 por ciento las plantaciones y produjo costos
superiores a 100 millones de dólares, en momentos en que Cuba
comenzó a aplicar el riego localizado para aumentar los rendimientos en
la cosecha de la gustada vianda.
La introducción de
plagas por los terroristas prosiguió con la llamada Tristeza del
cítrico, en 1990, y el Minador de ese fruto, en 1993, la Proca del café,
la peor enemiga de tales plantaciones que originó en 1995 el 80 por
ciento de pérdidas en la producción en Granma y Santiago de Cuba,
y el deterioro del grano.
El arroz, uno de los
alimentos que no falta en la mesa nacional, fue atacado en septiembre de
1997 con el Ácaro que redujo en un 50 por ciento la cosecha.
Pero frente a estos
actos terroristas estuvo la respuesta de los investigadores y
científicos del país con la creación de variedades resistentes a las
enfermedades y plagas, métodos eficaces y rápidos de diagnóstico y otras
formas de combatir tales agresiones.
Los datos son
elocuentes, y solo esos ejemplos, sin contar los asesinatos cometidos,
bastan para condenar enérgicamente al terrorismo en todas sus
manifestaciones y a principales instigadores y ejecutores como Luis
Posada Carriles. |