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Los malos sí tienen nombre
(Actualizado
3 de
octubre del 2007)
Por Roberto del Valle Menéndez
Pudiera parecer el título de un filme de
ficción o acción al estilo de Hollywood. Sin embargo, aunque no
comentaremos una película norteamericana, los malos, a los cuales
haremos referencia, provienen de toda la estructura de gobierno en
los Estados Unidos, no de su pueblo.
El 6 de abril de 1960 el señor Lester Dewitt
Mallory, subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos
Interamericanos de los Estados Unidos, escribió: “Debe utilizarse
prontamente cualquier medio concebido para debilitar la vida
económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba,
para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar
hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Así comenzaba a gestarse toda una política
criminal de bloqueo económico, comercial y financiero para
destruir por hambre y enfermedades a la naciente Revolución
cubana.
Es el 3 de febrero de 1962, mediante la
Proclama 3447, que se convierte en decisión presidencial lo que se
define como embargo. Entre sus primeras prohibiciones estaban: todo
tipo de importación proveniente de Cuba, las exportaciones
desde los Estados Unidos y los viajes de ciudadanos norteamericanos
a la Isla.
Un duro golpe para la naciente Revolución, pues
hasta ese momento Estados Unidos resultaba el mercado más importante
para las exportaciones tradicionales como el azúcar, principal
renglón económico, y se ponía fin a los suministros en alimentos,
tecnologías, piezas de repuesto y otros imprescindibles recursos,
necesarios para el sostén del país.
Nacía una política agresiva y criminal que se
convirtió en estrategia para el Gobierno de los Estados Unidos que
aún la mantiene.
Según cálculos conservadores, el bloqueo
le ha costado a la economía cubana más de 89 000 millones de
dólares, los cuales pudieron invertirse en Salud, Educación, Cultura
y en el desarrollo económico y social, elevándose el nivel de vida
de los cubanos.
Desde 1992, en la Asamblea General de las
Naciones Unidas, sus países miembros han condenado por mayoría
el bloqueo, con la lógica excepción del Gobierno de los
Estados Unidos y uno o dos de sus más fieles aliados. Pero obviando
este clamor internacional, el Gobierno de los Estados Unidos lo que
ha hecho es recrudecerlo para provocar el malestar interno y
conducir a la Revolución a su destrucción.
Coincidiendo con la caída del campo socialista,
sostén en ese momento de la economía cubana, el Gobierno de
los Estados Unidos, alentado por la mafia terrorista y
anticubana de Miami, de un incuestionable poder económico y
político, decidió agravar la situación socioeconómica de la Isla con
el fin de conducirla a su destrucción.
Así, en 1992 aprobaron la Ley Torricelli para
llevar a Cuba al aislamiento político y económico, y en 1996,
el presidente Clinton, para congraciarse con esa mafia, firma la Ley
Helms-Burton que refrendó como ley todas las medidas adoptadas para
aplicar el bloqueo.
En mayo de 2004, el presidente Bush
aprueba el Plan Bush, concebido para dar una estocada de
muerte a la Revolución.
Pudiéramos mencionar múltiples medidas
económicas, financieras, comerciales, culturales, educativas,
científicas, sociales y de salud, que forman parte del ejercicio
cotidiano del bloqueo contra Cuba, que va desde
prohibir que la famosa orquesta de salsa Los Van Van actúe en
escenarios los Estados Unidos, hasta impedir que medicamentos de
alta tecnología entren al país para salvar a niños con cáncer.
Solo mostremos dos hechos insólitos e infames
de esta política. Cuando en junio de 2006 se realizó en Argel la
premiación del XV Concurso Internacional Infantil sobre el Medio
Ambiente promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), ahí, en el Palacio de las Naciones, había un
niño cubano.
Raysel Sosa Rojas, ganador por América Latina y
el Caribe, quedó atónito cuando a todos los premiados se les entregó
una moderna cámara fotográfica digital marca Nikon, menos a él. Solo
tuvo una pregunta: ¿Por qué todos los niños tienen la cámara y a mí
no me dieron ninguna?
El señor Ideo Fujica, representante en Argelia
de la Nikon, expresó que eso era posible porque “la misma poseía
componentes de Estados Unidos”. Es decir, se dañaban los sueños y la
felicidad de un niño cubano porque una prestigiosa y poderosa
empresa de Japón aceptaba cumplir con las exigencias del bloqueo
norteamericano contra Cuba.
En junio último el señor gobernador de
California, Arnold Schwarzenegger que no simpatiza con la Revolución
cubana, pero sí le gusta fumar sus tabacos, compró uno en un
establecimiento en Canadá y según reseñó el diario Boston Herald
tuvo que andar liviano para no ser multado con 250 000 dólares o 10
años de privación de libertad. Así y todo quedó en una lista negra
por violar las regulaciones del bloqueo.
De los 11 millones de cubanos, unos
siete millones nacieron bajo los efectos del bloqueo, el cual
ha afectado sus realidades, sus apremiantes necesidades y sueños.
Próximamente, en la Asamblea General de las Naciones Unidas
se llevará a votación el informe Necesidad de poner fin al
bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados
Unidos contra Cuba. De nuevo la comunidad internacional
rechazará por mayoría esta criminal política. El gobierno de los
Estados Unidos volverá a quedarse solo ante la mirada y la condena
del mundo.
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