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El bloqueo ladrón
(Actualizado 28 de mayo del 2007)
Por Noelio
Tiuna (AIN)
El gobierno estadounidense recrudece el bloqueo financiero a
Cuba, en el afán de cortar las fuentes de financiamiento y las
potencialidades de desarrollo de la economía de la Isla, que va
dejando atrás las penurias del período especial.
Más de un
centenar de agencias gubernamentales norteamericanas coordinan el
cerco a La Habana, con acciones que van desde el control del flujo
de pasajeros entre ambos países a la persecución de cualquier
transacción, negocio o convenio de Cuba con terceras
naciones.
Desde la
millonaria multa a la Unión Banca Suiza (UBS) por sus vínculos con
el Banco Central de Cuba, hasta las sanciones y penas a
quienes viajen o se relacionen con instituciones cubanas, los
resortes del bloqueo buscan cerrar el menor resquicio,
siguiendo las pautas a una política con más de 40 años.
Por ahí andan las
compras de instituciones financieras norteamericanas de bancos,
cadenas de hoteles y cuanta empresa se relacione con Cuba, en
un accionar extraterritorial que, incluso, mereció legislaciones
antídotas en Europa y América Latina.
El 8 de julio de
1963 el Departamento del Tesoro emitió las llamadas Regulaciones
para el Control de los Activos Cubanos. La totalidad de la
suma bloqueada para entonces se valoraba en unos 30 millones de
dólares y comprendía no solo lo perteneciente al Estado cubano
y sus empresas, sino también los de cualquier nacional de Cuba, ya
sean entidades privadas y los individuos.
Se pretendía
entonces privar a Cuba de recursos financieros, utilizar esos
fondos como medio de presión e, incluso, para compensar a los
ciudadanos de Estados Unidos, cuyas propiedades fueron
nacionalizadas en la Isla.
El monto fue
incrementándose en todos estos años a costa de fondos congelados a
entidades estatales y ciudadanos cubanos, de las
transferencias bancarias bloqueadas, destinadas o provenientes de
nacionales cubanos, y los activos pertenecientes a terceros
que han sido bloqueados por sus nexos con Cuba.
Según el informe
de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del
Departamento del Tesoro, el total de activos cubanos
secuestrados en Estados Unidos se estimaba en 268,3 millones de
dólares.
Tales fondos
correspondían a depósitos del Banco Nacional de Cuba y de una
empresa de Telecomunicaciones de la Isla, por el pago de servicios a
llamadas de larga distancia.
Pero desde
mediados de los años ’90 del pasado siglo Washington comenzó a
utilizar el dinero que legalmente pertenece al Estado cubano
para financiar al negocio de la contrarrevolución y el
terrorismo.
La paradoja es
tal que las leyes antiterroristas de Estados Unidos son bien duras
contra el secuestro de aviones (recuérdese el modus operandi
de los atentados a las Torres Gemelas), pero la justicia y el
gobierno otorgaron órdenes de incautación y subasta a tres aeronaves
cubanas (AN-2, DC-3 y AN-24), secuestradas respectivamente el
11 de noviembre del 2002, el 19 de marzo del 2003 y el 31 de marzo
del propio año.
Estas acciones
contaron con la complicidad del gobierno de Bush, que tenía
autoridad legal para anular las órdenes de retención de los aviones
(emitidas por jueces de la Florida) para retornarlos a La Habana,
pero no hizo nada para impedir se consumara el robo.
Pero no fue el
último. El 27 de noviembre del pasado año, poco más de 72 millones
de dólares de los fondos congelados de Cuba fueron
transferidos como compensación a los familiares de dos ciudadanos
norteños que perdieron la vida cuando participaban en acciones
armadas contra la Isla en los primeros años de la Revolución.
Otros que aspiran
a repartirse el botín incautado por Washington son los mercenarios
que de uno y otro lados del Estrecho de la Florida hacen de la
contrarrevolución un pingüe negocio.
Como resultado
del hurto continuado, la mayoría de los fondos de entidades del
Estado cubano retenidos en bancos de Estados Unidos
prácticamente se han extinguido. Así, quedan también en la estacada
las alrededor de 6 000 empresas estadounidenses registradas al calor
de la agresión a Cuba, como interesadas en recibir indemnización por
actos de nacionalización.
Ya en el pasado,
el gobierno norteamericano impidió cualquier arreglo entre las
partes, con lo que añadió nuevos obstáculos a una futura
normalización de relaciones, en la que La Habana deberá ser
resarcida por el robo de sus activos financieros. |