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La
añoranza de una palabra
(Actualizado 12 de octubre del 2006)
Por Ortelio González Martínez,
con foto del autor
Míriam González
Álvarez soñaba con una nieta. “Yo quería una hembra y que me dijera
abuela”, repite una vez y otra.
La
persistente labor de la abuela refuerza el trabajo de la maestra y
la logopeda
“A los dos o tres
años comenzará a hablar y, a su manera, dirá la palabra añorada”,
pensó, cuando Jennifer aún estaba en el vientre de su madre.
Era lógico que
fuera así: bella, traviesa, inteligente, porque nacería en un país
donde la niña aprendería lo mismo que el niño, un precepto martiano
con vigencia perenne después del enero más luminoso de la Patria,
hace ya 48 años.
Nació casi como la
imaginó Míriam, solo que… “llegó al mundo con una catarata congénita
y a los tres años perdió la visión de un ojo, y a los cinco hubo que
operarla. También padece de dextrocardia (corazón al lado derecho),
hipotiroidismo, betatalasemia (anemia), neuropatía mielínica y
glomerulonefritis mesangio proliferativa (elimina las proteínas por
la orina), entre otras enfermedades”.
La abuela, quien
la cuida desde el mismo nacimiento, no huyó de la persistencia ni
alejó los sueños, aun cuando debió esperar 14 años para oír la
palabra deseada.
“Fueron muchos los
esfuerzos que debimos hacer. La luz llegó por la realización de los
estudios genéticos y el amplio respaldo del Estado cubano al
Programa Nacional de Atención a los Discapacitados.
Así, como algo muy
normal y sin que nadie de la familia tuviera que pagar un centavo
por el costo de la tecnología (unos 15 000 dólares en cualquier país
desarrollado), Jennifer trasciende los cintillos noticiosos de ser
la primera paciente avileña sorda y débil visual a quien se le
practicó un implante coclear.
Ahora los sueños
de ella andan prendidos de la tenacidad de Maité Falcón, la maestra
ambulatoria que le da clases en el hogar, y de la joven logopeda
Lianys Rodríguez Castillo, quien le brinda tratamiento en la misma
casa. Las tres piensan en el futuro.
“Trabajo con ella
desde hace poco más de 20 días”, afirma Lianys, “aunque existe gran
compenetración entre nosotras, porque yo la conocí en la escuela
especial Águedo Morales Reina, de la ciudad de Ciego de Ávila,
cuando realizaba las prácticas correspondientes al segundo año de mi
carrera.
“No pensé que un
día yo entraría en su vida de una manera tan especial. Es una
experiencia inolvidable, pues veo los resultados de la niña y que
cuanto se hizo por ella no fue en vano.
“Nosotras
trabajamos en la computadora, con varios softwares que semejan los
sonidos del medio ambiente: lluvia, truenos, timbre del teléfono,
cierre de la puerta. También el sonido de la cotorra, el ladrido del
perro… Ya domina los dos primeros niveles y eso nos entusiasma a las
dos.
“Dice abuela,
mamá, papá, Alfredo (el abuelo), Fidel y muchas otras
palabras. Lee y responde al teléfono, y es capaz de marcar varios
números de memoria; otros los tiene anotados y sabe a quiénes
pertenecen”, asegura Lianys mientras sonríe. “Aprenderá a oír y
hablar bien”, explica sin ápice de duda.
Detrás de esta
historia están varios especialistas avileños, integrantes del
Grupo Multidisciplinario de Atención a los Niños necesitados de
implante coclear, y otro gran número perteneciente a varios
hospitales de Ciudad de La Habana, vinculados a estos implantes.
Hasta ahora, otros
tres pacientes de la provincia de Ciego de Ávila gozan de ese
beneficio y seis transitan por distintas fases de estudio, en lo que
se considera el comienzo de un programa que, de una manera u otra,
tiene que ver con los más de
1 000 avileños con discapacidad auditiva.
Desde su ingenuidad, Jennifer Reina López vive atada
a la esperanza, y Míriam González Álvarez agradece y siente las
palabras de la niña que borran la añoranza de la abuela.
El
implante coclear se sustenta en la estimulación eléctrica
del caracol u órgano de corti desde un analizador de sonidos
programable que el paciente lleva consigo y que está
conectado a un chip receptor colocado en el hueso mastoides,
de donde parten los estímulos codificados hacia electrodos
situados dentro de la cóclea y de esta al cerebro por el
nervio auditivo. |
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