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Cómplice
de la noche
(Actualizado 11 de octubre del 2006)
- De la vida del único caso
de Xeroderma Pigmentosum en la provincia de Ciego de Ávila. Una
historia de la cual solo la noche es testigo
Por Roberto Carlos Delgado
Fotos: José de la Rosa
La
vida reposa y solo aquellos que prefieren la oscuridad desandan las
calles, aunque no todos pueden escoger entre el día y la noche, el
sol y las estrellas.
Para Antonio González Hernández,
adolescente de 16 años, residente en el poblado de Júcaro, en el
municipio de Venezuela, no hay opción. Hace igual número de meses se
vio obligado a renunciar al ajetreo diurno, pues se le detectó que
padecía Xeroderma Pigmentosum, una enfermedad genética que provoca
daños en la capacidad de reparación del ADN de las células de la
piel sometidas al efecto de las radiaciones ultravioletas.
"Cursaba el noveno grado en la ESBU
Onelio Hernández Taño, del municipio de Ciego de Ávila. Me gustaba
montar a caballo, jugar pelota y baloncesto, bañarme en la playa y
pescar, como a la mayoría de los de mi edad.
"Cuando tomaba el sol los labios se
me pelaban, me ponía colorado y el cuerpo me ardía. Pensaba que eso
le sucedía a los demás, solo que mi piel era más delicada.
"El día que me dieron el resultado
de la biopsia —21 de febrero del 2005— no comprendí cuánto me
cambiaría la vida."
Esta dolencia, por suerte, poco
común, exige un estricto control para que las lesiones que provoca
no tengan una evolución fatal. Quienes la padecen requieren de una
alimentación especial (abundante en productos antioxidantes),
protectores solares en sus ventanas, climatización y una delicada
atención a su estado anímico.
"Mientras esperábamos el resultado
final fuimos modificando su estilo de vida —asegura Ania Hernández,
la mamá—. Dejó de ir a la escuela, se pasaba el día en una hamaca en
el portal. Al caer la tarde salía a jugar y a visitar sus amistades.
Yo desconocía que la claridad también le hacía daño.
"Cuando nos confirmaron el
diagnóstico todo se agudizó. Quedó claro que no podía volver a
disfrutar del sol, ni exponerse a lámparas de luz blanca, ambos
emanan rayos ultravioletas.
"Para nosotros fue difícil, mas
para él, terrible. Significaba renunciar a lo que hasta ese momento
había vivido. Prefiero no recordar los primeros meses, se lo pasaba
debajo de la cama y a mí se me venía el mundo encima."
Ahora, cuando la mayoría trabaja,
estudia o realiza otra actividad propia de la jornada diurna,
Tonito, como también se le conoce, duerme. La enfermedad lo obligó a
variar su horario de vida.
"Me acuesto aproximadamente a las
4:00 ó 5:00 de la mañana y me levanto a las 2:00 de la tarde,
momento en que almuerzo y me preparo para las clases, de 3:00 a
5:00.
"Luego me vuelvo a acostar hasta
pasadas las 10:00 de la noche. A esa hora como y es cuando puedo
salir de mi cuarto e, incluso, de la casa."
Antonio cursa el décimo grado.
Profesores ambulatorios con la ayuda de una computadora y un video
le posibilitan transitar por el plan de estudio de un
preuniversitario tradicional. Una de las actividades que más tiempo
le ocupa.
"Después de la comida veo
películas, juego en la computadora o salgo a pescar con mi papá.
Tonito
(a la derecha) minimiza sus diferencias incorporado a la vida social
"Mis amigos también me buscan para
practicar deportes cuando oscurece. A veces voy a las fiestas del
fin de semana, o me siento en el parque a conversar. Ahora tenemos
más temas de qué hablar que antes."
Para Antonio la vida continúa llena
de ilusiones: ser informático y volver a salir al sol.
"Extraño todo lo que hacía
anteriormente. Ahora no puedo ver el amanecer, escuchar el canto de
las aves, ni verlas. Tampoco corretear por las calles todo el día y
pescar cuando quiera. Lo más triste es que nunca podré volver a
hacerlo.
"Mi vida ha cambiado mucho; lo que
mis amigos hacen por el día yo lo hago por la noche. Es difícil,
pero puedo adaptarme.
"Hay veces que me entristezco y
hasta hiero a mis seres queridos. Después, me arrepiento.
"Mi mamá y mi papá no tienen la
culpa de lo que me sucede. Por el contrario, ellos también sufren.
Sus vidas se han trastrocado tanto como la mía.
"Y mi hermano, él solo tiene 20
años, sin embargo, trata de comprenderme. Siempre me acompaña hasta
que el sueño lo vence."
Al cariño y atenciones de quienes
lo rodean se suma la participación en actividades que, de manera
sistemática, organiza el Programa Nacional que se ocupa de los 23
casos detectados en Cuba.
"Al principio, pensé que la vida se
me acababa, no me imaginaba siendo un ser nocturno. En ocasiones,
hasta preferí morir. Ahora no, tengo confianza y quiero vivir.
"Poco a poco he aprendido que de
noche se puede hacer tanto como de día. Incluso, yo diría que algo
más. Hay detalles que otros no pueden percibir bien y yo sí los
disfruto perfectamente.
"En la oscuridad es otro el aire.
Es como si todo se purificara. Siento que la piel no es la misma y
los sonidos son más limpios."
—Entonces, ¿se puede ser feliz de
noche?
Antonio mira a su alrededor como si
temiera que alguien escuchara la repuesta, dicha como un susurro,…
fue casi una confidencia.
—La noche es mi cómplice.
| El Xeroderma Pigmentosum (XP)
es una enfermedad autosómica recesiva provocada por una
excesiva sensibilidad a los efectos de las radiaciones
ultravioletas del Sol, que se caracteriza por la presencia
de manchas a manera de pecas confluentes y por el
oscurecimiento y sequedad de la piel.
En el XP también se
aprecian alteraciones oculares que incluyen fotofobia,
conjuntivitis del área interpalpebral, queratitis y
neoplasias benignas y malignas de los párpados, conjuntiva y
córnea.
La incidencia de este
padecimiento es baja, se calcula un caso en
100 000 habitantes, en países como Japón, y hasta uno en un
millón en Estados Unidos. |
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